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se busca editor para libro de mariana enriquez

Es un libro que se llama Dark City y ya está escrito. Se compone de una serie de columnas que fueron publicadas en la revista uruguaya Freeway entre los años 2008 y 2011.




Mariana Enriquez empezó a colaborar en Freeway a instancias del periodista Martín Pérez, que tuvo el buen tino de recomendarla para que se integrara al equipo de columnistas.
En Uruguay casi nadie conocía a Mariana, pero los más atentos empezaron a seguir sus columnas. Entre otras cosas, nos fuimos enterando que era la autora de las novelas Bajar es lo peor y Como desaparecer completamente y del libro de relatos Los peligros de fumar en la cama. Amo los títulos de esos libros. Es una de las razones por las que no dudé -en mi calidad de director periodístico de Freeway- en invitarla a escribir la columna Dark City.
Años después, cuando empezó el fenómeno "Mariana Enriquez" y ella empezó a publicar sus ficciones literarias por los sellos españoles Anagrama y Random House Mondadori, le comenté a un par de editores sobre estos escritos poco conocidos y por lo menos curiosos. Alguno mostró un auténtico entusiasmo, pero en definitiva no pasó nada. Lo que siguió pasando -como sucede en estos casos- fue el tiempo, que no ha hecho otra cosa que confirmar que Dark City es un gran libro que debería estar impreso en papel.
En estos oscuros y distópicos días de 2020, la novela Nuestra parte de noche, inquietante y perturbadora como pocas, posiblemente la obra mayor hasta el momento de Mariana, me acompañó en la 'cuarentena' montevideana. Es el único libro que leí entre los primeros días de marzo y finales de mayo. Lectura lenta, en sorbos, recomendable para meterse bien adentro y dejarse abducir. Esa sensación perversa y no muy saludable de no querer salir de la pesadilla. Tengo claro que cuando mire hacia atrás y recuerde esta pesadilla del confinamiento y el distanciamiento social, estará acompañada en mi caso de ese monumental libro amarillo que pasea al lector por un terror sombrío y por momentos salvaje. Pero me pasa una cosa por lo menos curiosa: no puedo escribir una sola línea sobre Nuestra parte de noche. Lo he intentado, pero una fuerza mayor lo impide. Llegué a la conclusión, casi definitiva, de que no es un libro para escribir sobre él. Hay que leerlo y punto. Y recomendarlo. Por eso decidí aportar -antes que una semblanza imposible sobre las bellísimas y oscuras ficciones de Mariana- una sinopsis de Dark City, relevando fragmentos de estas columnas que escribió para una revista de Montevideo, y quién sabe, tal vez llamar la atención de algún editor independiente atento y con ganas de regalarle a los lectores un libro de borde periodístico que se va tornando, a medida que avanza, cada vez más y más personal. En Dark City la protagonista, además de "la arquitectura de la noche", como así se llama uno de los capítulos, fechado en abril de 2009, es Mariana Enriquez.
Acompaño otro dato para editores: hay otros libros similares que pueden extraerse de la prolífica identidad bloguera/escritura del yo que practicó la Freeway durante su existencia. Adelanto algunos títulos por cierto prometedores: Le Vagabonde (Fernanda Trías), La orilla (Daniel Mella), Amigos imaginarios (Natalia Mardero), Like a virgin (Patricia Turnes), Exhibición de atrocidades (Ramiro Sanchiz), Ciudades que matan (Ruski), Tendencias mentales (Dani Umpi), y una revista-novela dedicada a la artista visual María Zauber.

SINOPSIS COMENTADA DEL LIBRO DARK CITY

Julia 2008 - Mujer escarlata
La revista Freeway no tenía edición mensual en julio. En su lugar se publicaba un número especial, de corte feminista llamado Julia. Se invitó a Mariana Enriquez a escribir en el espacio "En borrador". Mandó un perfil sobre Asia Argento.
"Una musa no es alguien que provoca una inspiración celestial, un acto creativo alegre, a puro éxtasis. No: una musa hechiza en el sentido más brujo de la palabra, persigue hasta que no queda otra más que darle el total protagonismo. Es lo que (me) hace Asia Argento. Cada vez que la veo, no sé si quiero ser su mujer, su directora o su fotógrafa; a veces me parece que en realidad quiero ser ella. Le imagino películas, sesiones de fotos, puestas en escena; lo único que puedo ofrecerle, en realidad, es convertirla en musa, y así la protagonista de la novela que estoy escribiendo tiene la sonrisa luminosa de Asia".

Noviembre 2008 - Petit Dakar
La segunda invitación fue para escribir una columna mensual. Aceptó. Quiso que se llamara "Dark City". La primera entrega, de corte observacional, estuvo dedicada a los inmigrantes senegaleses en Buenos Aires.
"El otro día, cuatro de ellos, altísimos y riendo a los gritos de sus propios chistes, rodearon a una señora mayor que instantáneamente enmudeció y palideció. Ellos ni cuenta se dieron del miedo que expresó la temerosa mujer. A mí, por el contrario, lo que me da miedo es que, como si fuera un destino inefable, al porteño le salga el fascista. El que ya les sale casi todos los días, cuando piden mano dura y cárcel para meter presos a chicos de doce años o echar a los inmigrantes latinoamericanos".

Diciembre 2008 - No al matrimonio
La que siguió fue una crónica de la Marcha del Orgullo Gay en Buenos Aires. La cuestión del matrimonio estaba al tope de los temas de discusión:
"Mi mejor amigo camina detrás de una travesti altísima, desnuda salvo por alas de ángel en la espalda, y me dice por enésima vez que él está en contra del matrimonio gay (...) Otro amigo, un gay de más de cuarenta años, que fue a la primera Marcha del Orgullo hace 17 y conoce una discriminación de la que las nuevas generaciones porteñas no tienen idea: “No me gusta el matrimonio. Con la unión civil está bien. Pero ‘casamiento’ a la burguesa no. Yo no quiero para mí instituciones de orden religioso, conservador, heterosexual”. Para él, creo interpretar, lo mejor sería que viva la diferencia, pero que viva en serio, sin ser domesticada".

Enero/ Febrero 2009 - Los caballeros de la noche
Participación especial de Mariana en la revista de ficción dedicada a María Zauber. Ambientó su relato en Madrid.
"A ella, que le gustaban las instantáneas, le quedó en los ojos esta imagen: la foto de Alberto sobre su moto, un autorretrato blanco y negro en movimiento, donde se le ven las patillas bien recortadas y una insolencia que, más tarde, sería reemplazada por una constante melancolía. (...) Le gustaba cómo miraba Alberto, y lo persiguió para que la fotografiara. El resultado es una serie de retratos bien García-Alix, donde el sujeto —María— mira directo a la lente y muestra las tetas, desnuda de la cintura para arriba, mucho más tímida de lo que la leyenda la imagina".

Marzo 2009
No se publicó la columna "Dark City". Razón: fue un número especial de Freeway, con la mitad de páginas, que tuvo la particularidad de estar escrito a mano, con lapicera BIC.

Abril 2009 - Arquitectura de la noche
Un taxista de Buenos Aires, nostálgico de la dictadura, lleva a Mariana a recordar la obra del arquitecto Francisco Salomone, futurista y admirador del art decó.
"Hace poco fui a ver algunas de sus obras, perdidas en ciudades pequeñas. Hizo, sobre todo, cementerios, plazas, palacios municipales, mataderos. Pilares de la comunidad. El cementerio de Azul, por ejemplo, tiene una fachada atroz, gigantesca, con un enorme ser con espada y alas que espera al visitante, y detrás, grandes letras de cemento gris que dicen R.I.P. Es el descanse en paz menos tranquilo jamás visto, es casi una orden, ¡descanse!".

Mayo 2009 - Paredón y después

El intendente de San Isidro tuvo la idea escalofriante de construir una pared –mitad reja, mitad muro—para separar un barrio de clase media alta de un barrio muy pobre. Otro disparador inquietante y revelador del fascismo argentino no tan inivisible. "Esa misma noche los vecinos del barrio pobre lo tiraron abajo (...) Entre los que derribaron el muro había chicos de ocho, nueve, diez años: uno de los primeros recuerdos que tendrán va a ser el de la pared que quisieron construirles por pobres y peligrosos. A lo mejor también recuerdan la épica del derrumbe, pero lo otro va a doler mucho".

Junio 2009

No se publicó la columna "Dark City". Razón: la columnista no entregó a tiempo un obituario sobre Ballard que saldría publicado varios meses más tarde.

Julia 2009 - Furia y belleza
Segunda incursión en Freeway Julia. Mariana ensayó en su columna un perfil dedicado a la artista guatemalteca Regina José Galindo.
"Ella arriesga y corre los límites de lo abyecto. Una de sus primeras performances, poco después de ingresar en el mundo del arte, en 1999, fue No perdemos nada con nacer: metida en una bolsa de plástico transparente, como un despojo humano, se hizo colocar en el basurero municipal de Guatemala, de la misma manera que aparecen en bolsas bebés muertos y cuerpos de mujeres".

Agosto 2009 - Honduras de miedo

Reflexiones sobre los ataques a la libertad de expresión habituales en esos años, a partir de la persecución de la dictadura hondureña al caricaturista Allan McDonald.
"Allan me dio miedo porque ingenuamente esperaba que los golpes de estado en América Latina fueran cosa del pasado. Allan me dio miedo porque él tiene miedo, ha perdido las esperanzas de una recuperación democrática, sabe de muertos y detenidos aunque la televisión solo pasa dibujitos animados y telenovelas. (...) Allan me dio miedo porque en su voz intuí la paranoia, el terror a una escalada que no se atrevía a verbalizar".

Setiembre 2009 - Las urbes de Ballard

A cinco meses de la muerte de J. G. Ballard, ocurrida en abril, Mariana afirma que el futuro que imaginó el escritor llegó y está más que presente en el aspecto de las urbes tercermundistas, nuestras grandes ciudades repletas de contrastes, gasolina y bocinazos.
"Las autopistas bestiales de Buenos Aires, pero también las de Lagos, en Nigeria, que pasan por sobre lagunas por kilómetros y kilómetros y no se puede bajar de ellas. Ambos circuitos de autopistas fueron construidos durante dictaduras; hasta donde sé, sólo la autopista de Buenos Aires guarda un cementerio clandestino, una fosa común de huesos de desaparecidos bajo y entre los pilares, cerca del Parque Lezama".

Octubre 2009 - El exilio oriental

Había que seguir la consigna de un número temático, distópico, que tuviera como escenario el año 2029. El futuro. O no. Ficción. O no.
"Hacía rato que uruguayos y argentinos ya no se consideraban hermanos, pero el presidente de Uruguay reaccionó tarde. Dejó entrar a los porteños. Dio un discurso sobre la historia común y los compromisos adquiridos. Prohibió a los uruguayos en general y a los montevideanos en particular dispararles a los recién llegados y la gente hizo caso. (...) Los montevideanos evitaban matar pero no solamente por miedo: sentían un poco de lástima por esa gente alguna vez orgullosa y arrogante que ahora andaba harapienta y medio loca, que se juntaba en la Plaza Independencia para llorar tangos".

Noviembre 2009 - Dame fuego
Una crónica sobre un asesino serial porteño de los años 20. Y sobre el fuego. Que ya estaba ahí, presente, dando vueltas en la cabeza de Mariana, en el formato pirómanos, siete años antes de la publicación de la colección de relatos Las cosas que perdimos en el fuego.
"De todos los niños muertos por el Petiso Orejudo, uno solo es fantasma. Se trata de una niña, y a ella el Petiso la mató incendiándole el vestido cuando jugaba en la calle. (...) La niña en llamas se llamaba Reina Bonita, tenía cinco años cuando murió y ahora suele aparecer por el barrio de Constitución; arde, y quiere jugar. (...) Yo trabajo cerca de donde se dice que aparece Reina Bonita, pero nunca la vi".

Diciembre 2009 - Mi década

No fue tarea sencilla para Mariana elegir 15 artistas/ obras de una década. Lo hizo en orden subjetivo y mescolanza total, porque asegura que le fue imposible abarcar la política, la guerra, la sociología. El número 1, la novela 2666, de Roberto Bolaño:
"América Latina tuvo al mejor escritor del mundo, que nació en Chile y murió en Barcelona en 2003. Pero antes de morir tuvo tiempo de terminar su monstruo, este libro gigante y fronterizo donde caben las muertas de Ciudad Juárez, un misterioso autor alemán, críticos literarios, boxeo, Nueva York, pesadillas, oasis, horrores, la ambición y la belleza".

Enero/Febrero 2010 - Gary y el Lago Ness

No hubo "Dark City", pero sí una colaboración en el espacio "Otros veranos", compartiendo espacio con Pedro Dalton y Ruski.
"Cuando se despertó un poco, me dijo que se llamaba Gary (*), que vivía en la calle aunque a veces paraba en una casa tomada y que había venido de Escocia, de Drumnadrochit, a orillas del Lago Ness. Me prometió que iba a llevarme hasta allá cuando estuviera mejor, cuando entrara a un programa de metadona, y que juntos íbamos a tratar de avistar al monstruo. Le dije que sí. No me llevó en todo el verano, ni entró en ningún programa y nunca pudimos tener sexo porque con la heroína es difícil, pero nadie me besó mejor sobre el pasto, en Hyde Park".(*) Nota: en la columna de mayo de 2010 se cuenta cómo Mariana conoció a Gary.

Marzo 2010
No se publicó la columna "Dark City". El número de marzo, al igual que el año anterior, tuvo menos páginas.

Abril 2010 - Casi dorado
Crónica de un verano espeluznante: el de los cortes de luz programados. Ella no recuerda exactamente si fue el de 1988 o el de 1989.
"La muerta era nuestra vecina. El marido la había matado dentro del departamento, con un cuchillo Tramontina de esos que parecen pequeños serruchos. La hija de ambos se había escapado por la ventana, haciendo una soga con sábanas. Se había lastimado mucho. En las escaleras sin electricidad, a pesar de que ninguno se dejaba sugestionar fácilmente, teníamos miedo del Asesino de la Bailarina. (...) Así que preferíamos quedarnos en la puerta del edificio, o en la plaza, tomando cerveza tibia, esperando que volviera la luz. Creíamos que toda nuestra vida iba a ser así".

Mayo 2010 - Santa Maradona

Todo argentino, asegura Mariana, fue salvado por Maradona, algunos de la muerte, otros de la cárcel, otros de la deportación.
"Yo estaba en Londres, con poca plata, y dada mi precariedad, decidí hacer otro tour a pie y gratuito. Esa noche me tocaba el tour más deseado: los asesinatos de Jack el Destripador en Whitechapel. Yo estaba sugestionada pero me sentía valiente y decidí caminar en la dirección opuesta. No había nadie en la calle, pero la oscuridad se movía y yo estaba perdida, como suele perderse uno cuando tiene miedo. Estaba por llorar cuando vi un grupo en la puerta de un pub, cerveza en mano. Uno de ellos, el más locuaz, me preguntó de dónde venía. De Argentina, le dije. Se le iluminó la cara, la sonrisa venció a los fantasmas de Whitechapel. “¡Maradona!” gritó, y en su cerrado acento escocés explicó la importancia del gol con la mano, la importancia aun mayor del gol del siglo contra la odiada Inglaterra (...) Recreó el gol tres veces antes de acompañarme de vuelta a Tower Hill, prestarme dinero para el pasaje y recomendarme que para la combinación con el tren que me llevaba al hotel buscara la ayuda de Gary, un guarda que era su amigo. Cómo voy a reconocer a Gary, le pregunté. Es pelirrojo, me dijo. Acá hay muchos pelirojos, le contesté. Ninguno como Gary, insistió".

Junio 2010 - Final del juego
Javier Rosado es un jugador de rol español. Está preso desde el año 1994. Es el tipo de historias inquietantes que le gusta coleccionar a Mariana.
"Se había inventado su propio juego, al que llamó Razas, y lamentablemente –para evitar copycats y no acrecentar el morbo, supongo- nunca se dieron a conocer las reglas. Tan sólo uno de los movimientos del juego, que Rosado cumplió una noche de abril en Madrid, junto con su amigo Félix, que era menor de edad, consistía en matar, en una franja horaria de entre las tres y las cinco de la madrugada, a un hombre “regordete y estúpido”. La víctima fue Carlos Moreno, un trabajador, empleado de una empresa de limpieza, que recibió 19 puñaladas y agonizó 15 minutos. Pocos días después, un amigo delató a Rosado, que andaba pavoneándose por ahí, anunciando más crímenes".

Julia 2010 - Cuando éramos salvajes

En la primera edición de Julia que participó, Mariana eligió a Asia Argento. En el segundo a Regina José Galindo. Ahora le toca el turno a una reflexión cargada de escepticismo.
"¿A quién van a querer parecerse las chicas, chillo, pataleo, me indigno, especialmente cuando veo a Miley Cyrus por televisión? ¿Van a querer ser como ese batallón de chicas norteamericanas que, aseguran, se van a mantener vírgenes hasta el casamiento? ¿O como ese otro batallón de tontas que gastan en miniperros y ropa ropa ropa? ¿O como las chicas voluptuosas que perrean en los videos de Daddy Yankee? ¿O como esas actrices de ojos vacuos, a lo Kristen Stewart?"

Agosto 2010 - Ni pelota

El invierno de 2010 parece ser de crisis para Mariana. Es difícil resistirse a deslizar una crítica en ese sentido cuando se lee sobre su experiencia como espectadora del mundial de fútbol de Sudáfrica.
"Dicen que el signo más evidente de hacerse mayor es no comprender la música que les gusta a las generaciones más jóvenes. Eso me pasa desde hace rato y ya no me preocupa. ¡Hay tantos discos viejos que me falta escuchar! Pero este año quedé preocupada porque encontré un signo de mediana edad mucho más grave: no me enamoré de ningún jugador del Mundial".

Setiembre 2010 - Colmillos

Sigue la desazón y también sigue la mala onda, en este caso absolutamente justificada. El despropósito de la saga Crepúsculo es algo que no se puede perdonar.
"Todo arruinado porque hasta yo, que quise ser vampira en la niñez y la adolescencia, que hasta me teñí el pelo de negro a riesgo de quedar calva e incluso tuve un novio con colmillos falsos (todos tenemos alguna exageración en el pasado), hasta yo estoy harta de los vampiros, no los aguanto más, no aguanto más la blanca palidez y los ojos colorados y la belleza escultural. Me cansé. Todo por esa escritora pacata y conservadora que tuvo éxito y ahora hay vampiros hasta en Disney Channel. Y mi vida pasada, con sus ropajes negros y sus fortunas gastadas en libros y sus paseos por cementerios y su erudición, no sirven para nada".

Octubre 2010 - Cerca de la revolución

La banda de rock preferida de Mariana es Manic Street Preachers. Los vio en vivo (y los conoció) en el año 2000, en La Habana, cinco años después de la misteriosa desaparición de Richey, uno de sus integrantes.
"En ese viaje yo conocí el paraíso de mis padres y vi a mi banda, y sé que ellos se acuerdan de mí, porque fue tan intenso que todos nos acordamos de todo. Pero, la verdad, si quieren saberla, es que fui porque pensaba que Richey podía aparecer. Me dije: si es un momento para que vuelva es este, y yo tengo que estar presente. No volvió, y entonces supe que seguramente estaba muerto, y que yo estaba un poco mayor para el rock'n'roll".


Noviembre 2010
No se publicó la columna "Dark City". No hay datos sobre las razones de la ausencia en ese número de Freeway que tuvo como consigna el escenario "Montevideo 2030".

Diciembre 2010 - Primera vez
La muerte del presidente argentino Néstor Kirchner lleva al recuerdo de la pesadilla del 2001 y la posterior restauración. Mariana fue a la plaza a despedirlo.
"En la plaza me encontré con Raquel, que tiene a sus padres desaparecidos. La encontré llorando, me decía por qué lo malo siempre viene para este lado, por qué. No supe qué decirle, la abracé y me metí en el subte. Volví a encontrarla una semana más tarde en el casamiento de Marta y Albertina, que son dos chicas y se pueden casar por una ley del gobierno de Cristina K. Raquel me dijo que se sentía mucho mejor y se la veía hermosa. En la fiesta se baila, y en un momento se canta la marcha peronista. Yo canto al lado de una escultural travesti. Todos cantamos y no es que todos ahí sean peronistas. Es un guiño, es un reconocimiento, es decir somos putos y negros de mierda y orilleros y somos hijos de la revolución muerta y estamos traumados y está bien, por primera vez está bien".

Enero 2011 - El mejor verano

El verano según Mariana Enriquez. Toda una declaración de principios.
"El calor me encanta, pero no me gusta la playa. No me gusta el mar, no me gusta el ruido blanco del oleaje, me angustia, me aturde. No me gusta ninguna playa, ni siquiera las del norte de Brasil o las de Indonesia. Sólo hay una playa que me gusta, y no existe en la realidad material. Es Vermillion Sands, la playa de verano pero sin mar que describió J.G. Ballard en 1971. Vermillion Sands queda cerca del fin del mundo, supongo, es la cima de la tan nombrada desertificación. Pero también es un campo de juegos para los ricos y los locos, los desplazados y los artistas".

Febrero 2011 - Humor de caramelo ácido / Observaciones cotidianas de un flaco sarcástico

Número especial de Freeway. Mariana tuvo una participación especial: entrevistó a los comediantes Malena Pichot y Ezequiel Campa. Fue un número de doble portada.
Portada 1: "Para reírse de sí misma y esquivar la depresión que venía en forma de whisky y flores de Bach, Malena subió un video a Internet donde aparecía ella misma llorando y diciendo que estaba bien, y llorando de vuelta. Lo llamó “La loca de mierda”, porque así se sentía, y porque quería empoderarse un poco, tomar el término que tanto se usa para despreciar a las mujeres emocionales y darle una vuelta paródica, inteligente".
Portada 2: "El show de Ezequiel está cargado de observación. De una lista de cosas “que no logra entender”, por ejemplo: qué hacer cuando una persona se despide en la calle y luego camina para el mismo lado que uno; de frases de su padre, que solía decirle “qué te pensás, que yo cago la guita”; de indignación ante los que eligen nombres raros para sus hijos; de desconfianzas y perplejidades ante la publicidad, las mujeres, Facebook, incluso los animales".

Marzo 2011

No se publicó la columna "Dark City", por la misma razón que los meses de marzo de los dos años anteriores: menos páginas y asueto obligado para varios de los columnistas. En la portada de ese número estuvo la rapera española Mala Rodríguez.

Abril 2011 - Cicatrices
Las autopistas de Buenos Aires son una de las obsesiones recurrentes de Mariana.
"Muchas casas fueron demolidas para que la mole pudiera pasar. Me acuerdo que, cuando era chica, se contaba una leyenda en el colegio. Decía que cuando llegaron las topadoras a la casa de un hombre –no se sabía su nombre ni en qué barrio vivía-, él no quiso ceder. Lo amenazaron con llevarlo preso, con demoler la casa con él adentro. Entonces se ahorcó. La historia no terminaba así. Los constructores de la autopista vieron, semanas después, que sobre una de las paredes de la que había sido la casa del suicida, se reflejaba una sombra bamboleante de un hombre con una soga al cuello, colgado, hamacándose".

Mayo 2011 - Alejandra en la sombra

Columna escrita mientras daba los últimos retoques a un perfil biográfico sobre Alejandra Pizarnik que se publicara en el libro colectivo Los malditos.
"Una tarde, una poeta que la estudió mucho y profundo y que escribió su biografía, me dijo: “Cuando escribía sobre ella, acá, en casa, a veces sentía una presencia. Me moría de miedo, tenía que salir, me angustiaba”. La escuché y le dije que sí, que a veces yo también sentía algo. No algo malo: algo atento. Una mirada en la espalda. Algo que movía las calaveritas mexicanas en el living, apenas, lo suficiente para que lo notara pero no tanto como para que me alarmase".

Junio 2011 - El cadáver de la novia

Otro de los personajes favoritos de Mariana es Carl Von Cosel, bacteriólogo alemán que emigró a Estados Unidos en 1927. Tuvo un gran amor: la cubana Elena Milagros Hoyos, quien padecía de tuberculosis.
"Elena murió en 1931, a los 22 años. Carl la visitaba a diario en el cementerio de su familia y, según él, se comunicaba con la muerta. Eventualmente, en estas comunicaciones, ella le pidió que la sacara del encierro, y Carl obedeció. La llevó a su casa en carretilla. Tuvo al cuerpo siete años en su cama: la conservó entre sábanas de seda empapadas de yeso porque la piel estaba en estado de putrefacción, le puso ojos de vidrio, una peluca hecha con su propio pelo, le rellenó el vientre con harapos y un caño ancho en la vagina para poder amarla en todo sentido".

Julia 2011 - Chico chica

Una portada de la revista neoyorquina Dossier Journal provocó que fuese retirada de exhibición en la cadena Barnes & Noble. El modelo era Andrej Pejic. ¿Chico o chica?
"Ojalá se vuelva ícono. Ojalá por una breve temporada el ideal de belleza sea un hombre que parece mujer. Ojalá este chico que parece frágil se vuelva poderoso. Porque una chica puede vestirse de hombre y es sexy, pero si un chico se viste de mujer es degradante, o es un chiste grosero, un codazo, una aventura nocturna en el amanecer frío. Pero aunque muchos se burlan de Andrej algo los enoja, les corta la risa: eso mismo que incomodó tanto al dueño de Barnes & Noble y lo hizo quedar en ridículo".

Agosto 2011 - Mi fantasma
El mejor amigo de Mariana está obsesionado con los fantasmas. Él dice que es un entretenimiento, pero ella cree que busca algo más que adrenalina.
"Desde hace unas semanas me manda fotos de fantasmas que encuentra en Internet. (...) Una de las que recibí no me gusta. Es una niña verde que está en un árbol y grita o se cae o se arroja sobre alguien. Se la mostré a medio mundo, a todos les da risa por su falsedad. Pero a mí no me da risa. A mí me parece verdadera. No sé si real: verdadera. La guardé en la carpeta donde conservo imágenes morbosas y trato de no mirarla. Ahora cuando cruzo el parque imagino sus ojos blancos entre las ramas".

Setiembre 2011 - A veces creo que los eligen
El club de los 27, de los que mueren jóvenes, también sabe de fantasmas. Uno de los emblemáticos es el de River Phoenix.
"Me acabo de enterar que Dennis Cooper, uno de los mejores escritores del mundo, editó una novela gráfica en la que aparece el fantasma de River Phoenix. Después abro al azar una novela de dos chicas argentinas que se llama Te pido un taxi y en el segundo capítulo, una de las protagonistas se masturba con fotos de River. ¿Cuándo se decidió que River Phoenix iba a ser el mito y otros compañeros de generación, como Johnny Depp o Keanu Reeves, serían el actor prestigioso y el actor fracasado respectivamente? ¿Dónde se hace la reunión en la que se pone la foto sobre la mesa y se decide “este es el chico” o “esta es la chica”? ¿Ya decidieron sobre el próximo?"

Octubre 2011 - Verónica

Una de las mejores amigas de la infancia de Mariana se llama Verónica. La recuerda como una niña perversa.
"Ella aseguraba que por el barrio donde vivía, se paseaba el Hombre Gato. Era uno de los tantos monstruos urbanos que aparecieron en los años de la dictadura, encarnaciones del horror real que la mayoría se negaba a ver. Eran años de sátiros y mujeres fantasma y extraterrestres asesinos, pero el rey de los merodeadores nocturnos era el Hombre Gato, mezcla de violador y ladrón trepador, que usaba un guante con uñas largas de acero, se vestía de negro y –lo más espeluznante— maullaba para anunciar su presencia".

Noviembre 2011

No se publicó la columna "Dark City". Nueva ausencia de Mariana en un número especial de prospectiva hacia el futuro.

Diciembre 2011 - La casa de al ladoCasas habitadas y deshabitadas. Vecinos metiches. Vecinos raros.
"Julieta, mi amiga que vive en Barcelona, dice que los locos que deambulan por las ciudades son magnetos, imanes que atraen toda la demencia circundante, y que hacen posible la de otra manera imposible vida en la metrópolis. Ella tiene un vecino a quien la familia saca todas las tardes, durante unas tres horas, a la vereda; y el viejo (porque es un viejo) recorre la cuadra, va y viene, hablando solo, hasta que llega el momento de volver a entrar a su departamento".

Enero 2012 - Gamexane

Tres obituarios escribió Mariana entre julio de 2008 y enero de 2012. El primero fue Ballard. El segundo: Néstor Kirchner. En el último número que se publicó de la revista Freeway le tocó a uno de sus héroes de la adolescencia, Gamexane, cantante de Todos Tus Muertos.
"Cuando fui adolescente, marché presa bastante seguido. (...) Cómo olvidarme entonces de la canción que funcionaba de banda de sonido de esas noches en los móviles policiales, en los colectivos que ponían especialmente para las razzias. Esas noches corriendo por las avenidas escapando de la policía a los 15, 16 años; la cana entrando con caballos a la Facultad, la cana corriéndonos adentro de los boliches y, una vez, en mi caso, arrastrándome de los pelos hasta la calle. La canción era “Gente que no”, y tenía dos momentos gloriosos: “Hay gente que te invita a su casa a dormir y hay gente que te deja en la calle morir”, y después esa pregunta con respuesta gritada: “¿Querés ser policía, querés ser policía? ¡Yo no!”.

máquinas románticas de ficcionar


"Cuántas noches me despierto y pienso en el tiempo perdido", canta Santiago Motorizado en una de las hipnóticas canciones de su banda. No puedo dejar de empezar a hilar este artículo sin mencionar esta cita, porque es la canción que está sonando ahora mientras pienso en las conexiones que generan tres novelas que devoré en las últimas semanas. Hay algo de vampiro en devorar una novela, exprimirla, divertirse con su trama, dejarse llevar por una buena máquina de ficcionar. Y los tres, los argentinos César Aira y Mariana Enriquez, y la belga Amelie Nothomb, son maestros en el arte de construir historias ligeras en su superficie pero profundas en las cosmovisiones que producen. Y además, sin pretenderlo, sus novelas más recientes conectan con una nostalgia-vintage y dialogan con ese 'tiempo perdido' de la infancia y la adolescencia, del fin de la inocencia de -por ejemplo- esa cosa llamada rock.
Los mundos creativos de Nothomb y los de Enriquez -en sus libros y también en sus propias biografías personales- adscriben a un universo más o menos romántico. Ambas comparten un gran talento para escribir novelas breves, con un tratamiento de lenguaje directo, limpio, ágil, como si fueran folletines pero por cierto bastante trastornados. Los de la belga atravesados por versiones autoficcionales que no evitan la crueldad y evitan toda posible autocompasión. Y cada vez que Nothomb intenta escapar de su centro, termina acorralada por un yo narrativo muy seductor que alcanzó sus títulos más potentes en El sabotaje amoroso, Biografía del hambre y Cosmética del enemigo. Los relatos de Enriquez construyen un terror argentino que se nutre de lo cotidiano, de la violencia que circula en nuestras vidas, y utiliza las claves del género para proponer una lectura incómoda de lo real. De la misma manera que los autores italianos contemporáneos insisten en que la novela negra es una herramienta excelente para hablar de la sociedad que habitan, el terror a-la-Enriquez en los relatos de Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego, redefine la tan orgullosa e imparable locura argentina.
El libro de Mariana Enriquez, que lleva el título Este es el mar, es una novela breve, como se dijo. Puede entenderse, en la obra publicada por la autora, como un desvío, un divertimento. En primera instancia se aleja de sus territorios conocidos y sitúa la acción en Los Ángeles. Esto le permite construir una fábula, y al mismo tiempo potenciar su imaginería gótica y romántica, para narrar la construcción de una leyenda del rock (James Evans, del grupo Fallen) a través de la aventura de un grupo de fans que persiguen a sus héroes y conforman un clan que no escatima en vampirizaciones y sacrificios rituales. A Helena, protagonista del relato, le toca la misión de transformar a Evans en leyenda a través de una muerte joven y glamorosa. El resultado es una variante no menos verosímil que las habituales historias del rock, un terreno que Enriquez domina con precisión. El gran problema es que Helena se enamora perdidamente de Evans y no le será tan fácil cumplir con la tarea.
Riquete el del Copete es el título de la novela de Nothomb, autora que dice escribir dos novelas por año: una se la envía a sus editores y la otra la destruye. Esta vez intenta, como en algunas de sus anteriores 25 novelas, una fábula contemporánea, protagonizada por una niña de una belleza extraordinaria (contemplativa y víctima de bullying) y el niño más feo del mundo (por cierto muy listo y dedicado a la ornitología). Reescribe a través de ambos personajes, y de manera magistral, al clásico de Perrault y la historia de la "bella y la bestia", logrando salir de sus autoficciones para escribir un libro de amor de los que terminan bien. De todos modos, una autora que tiene como norma aparecer fotografiada en la portada de sus libros no se escapa tanto, y si tenemos presente que uno de sus asuntos literarios favoritos es la auto-imagen, sabedora que conjuga en ella, en su megalomanía narrativa, la belleza y la fealdad, este es un libro que se anota entre sus más frikis y brillantes. Según parece, el final feliz tuvo que ver con la lectura de La comedia humana, de Balzac, y la constatación de que casi todas las novelas del mundo vienen a ser -más allá de toda superficie- historia de amor.
¿Qué hace una novela de Aira entrometiéndose en el mismo estante virtual de Enriquez y Nothomb? Es toda una sorpresa, aunque está muy claro que el narrador argentino es un todo-terreno que domina todos los géneros y que gusta de los divertimentos para alimentar una máquina de ficcionar que ha superado las 100 novelas. Prins es su contribución a la novela gótica y también, al igual que sus dos colegas, opta por una locación contemporánea (aunque en Aira todo es dudoso y hasta rebatible). Es la historia de un escritor de novelas comerciales que decide dejar de escribir y dedicarse al consumo de opio, lo que lo lleva a vivir una serie de sucesos que van construyendo un relato que no es más que un experimento enrarecido de novela gótica, que transcurre en un caserón de Buenos Aires que algunos han interpretado como una traducción aireana de 'Casa tomada' de Cortázar. Si bien podría pensarse, en primera instancia, que no hay muchas dosis de amor en las novelas de Aira, y que eso haría a Prins muy diferente de los asaltos románticos de Nothomb y Enriquez, se puede hablar de toda una sorpresa, porque uno de los móviles que mueven a ese escritor atormentado, es una relación muy particular con una mujer que encuentra en un colectivo.
Son tres novelas de bienvenida evasión, de dulces desvíos de la realidad, opiáceas y fabulescas, y como ya se dijo románticas, de tres autores que tienen la rara virtud de destacarse de la media por su altísima capacidad para ficcionar.

teoría del horror cotidiano


Hay una presencia que perturba, en el cuento ‘Los años intoxicados’, hacia la primera mitad del libro Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez. Es una chica fantasma que se baja sola de un ómnibus, en la mitad de la nada, en la mitad de la noche. La escena obsesiona a la narradora, una muchacha punk y sus amigas, de las que vamos sabiendo de sus experiencias con distintas drogas, en años sucesivos, en el duro aprendizaje de la vida en un barrio porteño, sin mucho futuro por delante.
Todavía no se tiene muy claro, porque el relato que da nombre al libro es el último de la colección, cuál es el papel que juega el fuego en todo esto: si es purificador, si es un arrebato de piromanía gratuita o mera expresión de violencia física. De lo que sí hay evidencia es de que los textos de Mariana Enríquez no lo muestran todo. Sugieren, descorren un velo inquietante en la intimidad de chicas y mujeres no tan chicas que narran las distintas historias y que parecen ser la misma, aunque no lo son, y eso poco parece importar, aunque la chica fantasma salte de cuento en cuento o reaparezca en frikis como Adela, la niña a la que le falta un brazo y desaparece en una casa abandonada, o en Marcela, la compañera de colegio que se arranca las uñas y se corta los brazos.
Hay hombres, pero no importan. No son el tema. Son, en todo caso, secundarios. El asunto está en otra parte. Y en literatura, que tenemos de sobra relatos de hombres, de miradas masculinas sobre absolutamente todo, es brutal el impacto que producen los textos de Enríquez, sin pedir permiso, sin acentuar ningún gesto de literatura comprometida con el género, simplemente escribiendo desde esas chicas y mujeres que no son tan chicas a las que le pasan cosas y que tienen claro que hay muchas cosas de las que es mejor no preguntar: apariciones y desapariciones, fantasmas, recuerdos borrosos de la infancia en dictadura, siempre esa situación de rareza.

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¿De dónde viene tu fascinación por el género literatura de terror, que más allá de gustos literarios y cinéfilos, podría interpretarse en tus relatos como una lectura ácida sobre la sociedad argentina y cierta conexión implícita con lo que pasó en la dictadura militar y después?
El terror me interesa como género, en general y desde siempre. Es cierto que estos relatos no son tan de género, y agregaría que tienen menos elementos sobrenaturales que textos anteriores; aunque los hay, de hecho hay relecturas de ciertos lugares clásicos del género como las casas encantadas, los niños malditos, los crímenes rituales. Me gusta trabajar el terror más realista, más cotidiano, con referencias políticas. Creo que el terror tiene que ser abordado usando los miedos locales, tanto íntimos como políticos, por lo que el terror en castellano no debe ser una copia del anglosajón, que por supuesto es el modelo debido a que la producción en inglés es muy abundante y en muchos casos es de un nivel extraordinario. En algunos de estos escritores, sobre todo contemporáneos, fue que encontré la manera de abordar el terror desde un lugar menos sobrenatural: Harlan Ellison, por ejemplo, tiene un cuento que arranca en el crimen de Kitty Genovese en Nueva York, en los años 60, famoso como ejemplo de la indiferencia de las ciudades; la acuchillaron en un patio entre edificios, varias veces, y nadie acudió a ayudarla. El cuento termina siendo acerca de una secta, pero empieza ahí, en esa escena. Pero hay muchos más; Shirley Jackson tiene cuentos clásicos que no tienen ni una pizca de sobrenaturales –el caso de ‘Los veraneantes’ y ‘La lotería’– y son cuentos de los años 50. Hace mucho que se hace esa cruza, pero lo que sucede es que se traduce poco. Yo hago otra “traducción”, además, que tiene que ver con trabajar horrores locales, que en América Latina suelen ser políticos, aunque creo que también trabajo bastante la intimidad.

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‘La casa de Adela’, ‘Fin de curso’ y ‘Los años intoxicados’ son algunos de los cuentos de Enríquez que remiten a los años 80 y 90, acompañando la edad cronológica de la autora, aunque no necesariamente signifiquen un ejercicio de autoficción. Los personajes suelen ser amigas muy íntimas, algún hermano, algún rastro de vida familiar. En otros cuentos, como ‘Tela de araña’ (la muchacha que pierde a su novio porteño en una extraña noche en Formosa, en confabulación con una prima), ‘El patio del vecino’ (de una aparición en una casa a la que se muda otra muchacha y sus peleas con el novio que no entiende de sus obsesiones) y ‘Verde rojo anaranjado’ (otro de pareja, pero no de hombres que no entienden sino del hombre perturbado, que se encierra en internet y deriva a fobias sociales y otros extravíos contemporáneos pero con similar deriva patológica a la de ‘Los años intoxicados’), las mujeres –como se dijo– no son tan chicas, suelen estar solas y han perdido cosas, aunque no sea para nada correcto verse tentados a esa explicación tan directa en relación al fuego del título del libro y del último cuento.
Mariana Enríquez arma, en Las cosas que perdimos en el fuego, un libro poderoso. Los cuentos que lo conforman tienen el pulso que la autora ya había mostrado en sus novelas Bajar es lo peor y Cómo desaparecer completamente, y en el libro de relatos Los peligros de fumar en la cama. O en sus trabajos periodísticos en la revista Radar, del diario Página 12, o como columnista, durante años, en la desaparecida revista montevideana Freeway.

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Foto: Silvana Sergio.
Hay conexiones muy fuertes entre los diferentes relatos. ¿Cómo las fuiste encontrando? Aparece, por ejemplo, una mirada femenina explícita en las relaciones entre amigas, en una mirada ácida al mundo masculino...
Soy consciente del aire familiar de los cuentos, entre sí, en el momento de armar un libro. El punto de vista de las mujeres, cierta mirada sobre los hombres, la presencia de niños, ideas como la de las brujas o los rituales, el cuerpo en primer plano –desde la insatisfacción o la mutilación, por ejemplo–. Todo eso fue apareciendo, sin embargo, de una manera no deliberada. Tengo épocas de escritura en las que van apareciendo ciertos parentescos u obsesiones. Cuando encuentro determinada cantidad de cuentos que representen esa época de escritura o que tengan conexiones entre ellos, sé que formarán parte de un libro. Entonces: cuando los escribo no soy consciente; sí cuando son elegidos y ordenados para que formen una colección.

¿Cuánto hay de autobiográfico en tus relatos, en las chicas de ‘Los años intoxicados’ o en otros tantos personajes, ya de otras generaciones?
En las de adolescente hay bastante de autobiográfico, aunque muy deformado. En las mujeres más grandes, diría que casi nada.

¿De qué manera se cruza en tu escritura la ficción con el periodismo, no sólo en el estilo sino –y sobre todo– en los temas, como el propio terror, las fobias sociales, los retratos generacionales?
Sinceramente no entiendo mucho por qué habría un abismo tan grande entre la escritura periodística y la narrativa literaria. En mi caso, siento que hay una diferencia en la metodología: no investigo para nada para los relatos de ficción. Eso sí, un caso que aparece en los medios puede ser el disparador de una ficción, pero no sé por qué eso sería periodístico. Muchos escritores, periodistas o no, usan recortes o historias que aparecen en los diarios como disparadores. Y en cuanto a los temas, no creo que las fobias sociales o los retratos generacionales tengan que ver más con el periodismo que con la literatura.

En tus cuentos se percibe una influencia muy fuerte de Julio Cortázar. ¿Con qué escritores contemporáneos, de tu generación, sentís cercanía?
Cortázar es una influencia, por supuesto, como cuentista. De mi generación, siento cercanía con escritores como Luciano Lamberti, Diego Muzzio, Ariadna Castellarnau, Javier Calvo, Samantha Schweblin, Álvaro Bisama, Esteban Catalán, Gabriela Wiener, Liliana Colanzi, Diego Zúñiga, María Gainza, Alejandra Costamagna... Hay más, pero esos son algunos de los de mi edad, iberoamericanos, que leo y me gustan, aunque, por supuesto, no todos escriban cosas de mi estilo, algunos ni remotamente.

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Después de varios días de la lectura de Las cosas que perdimos en el fuego, al igual que a las chicas de ‘Los años intoxicados’, es casi imposible olvidar la aparición de la chica del ómnibus, de su mirada, de su gesto rebelde (y demencial) al bajarse en mitad de la nada. Entre los textos que Mariana Enríquez publicó en Freeway, hay uno, que se llama ‘Mi fantasma’, en el que ella confiesa que nunca ha visto un fantasma, pero le han contado de algunos. Y remata:
“De todas las historias de fantasmas que conocí sólo creí una, y la contó una chica que jamás volví a ver, en una fiesta, tarde, cuando se terminó la música y nos quedamos los más íntimos del dueño de casa, los más borrachos y los más solitarios. Ella a su fantasma no lo vio, lo sintió. Estaba medio dormida, a oscuras, esperando a su novio en la cama. Era invierno. En un momento sintió las manos frías de quien creía su novio tomándole los brazos, las piernas heladas metiéndose debajo de las suyas para ser calentadas. El novio la abrazaba demasiado fuerte y estaba demasiado frío, y la chica se quejó, gritó, juguetona, “¡salí, tarado, me muero, no seas boludo!”. Las manos y los pies fríos dejaron de tocarla y entonces alguien encendió la luz y la chica vio a su novio verdadero en la puerta de la habitación, vestido, con las zapatillas puestas, preguntándole por qué gritaba, quién era el boludo. La chica, mientras lo contaba, sonreía un poco. Le preguntaron, me acuerdo, si se había mudado de la casa, pero yo no seguí escuchando. Desde entonces, casi todas las noches, antes de dormirme, espero con aprehensión ese abrazo, los dedos helados acariciándome la frente".

Columna "Mi fantasma", de M. Enríquez. Revista Freeway.

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