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canciones físicas

La puerta estaba abierta. Sólo había que animarse. O bien, algo más complejo aún, o más intrigante, en el sentido de que las cosas deben suceder en un tiempo y lugar concreto que muchas veces apenas se intuye, Mónica Navarro se encontró en esta vuelta de la vida con una puerta tentadora, una puerta que la llevaría a atravesar y probarse un manojo de canciones de las difíciles, de esas en las que apenas meterse adentro supone un camino sin retorno. ¿Cómo entrar en el nervio de "Hago falta" de Zitarrosa, o en el filo emocional de "Maldigo" de Violeta Parra? ¿Cómo dejarse llevar por el pulso de cualquiera de los grandes temas de Osiris? ¿Cómo sacar para afuera, sin temblar, el verso "Hoy dejaré las puertas y las ventanas abiertas, para siempre"?

Mónica Navarro viene, por lo menos en apariencia y por los rumbos cancionísticos que ha transitado en los últimos años, del rock y del tango. Dos territorios sonoros urbanos. Pero hay una puerta que la conecta con el folklore, una puerta en este caso eléctrica, bluesera-telúrica si hablamos de lo estrictamente físico (sonidos, timbres, pedales, distorsiones, percusiones), y si hablamos de lo emocional alcanza con preguntarle a ella y lo que saltarán son recuerdos de la infancia. El mismo tipo de líneas que provocan esa riquísima sucesión de cruces de otros tantos artistas, también vadeando fronteras y lenguajes musicales. A la memoria acuden grandes discos de Fernando Cabrera, de Rossana Taddei, y ahora mismo los últimos vuelos de Elsa Morán, tanguera que supo ajustar cuentas con su pasión por las canciones camperas.

Maldigo, el nuevo disco de Mónica Navarro, es un disco de cuidado concepto. Es un disco rockero, tocado por un power trío de sobria elegancia en los arreglos y ejecución. Es también un disco de folklore. De lo rural, de guitarras y gargantas dolidas y solitarias, vienen las composiciones. Y está esa puerta abierta, como se dijo, la que se animó a atravesar la cantante en un viaje en el que sumó a los músicos Hernán Rodríguez, Irvin Carvallo y Diego Varela, que mucho saben de este asunto por haber integrado distintas formaciones de La Trampa y La Tabaré, entre otros proyectos de notorio pulso crossover.

Hay por lo menos tres línas en Maldigo cuando se lo escucha como obra total, que es lo recomendado por el tejido que arman las diferentes canciones. Un blues eléctrico, casi hard, ruidoso, es el elegido para zurcir los diferentes fragmentos de "Guitarra negra". La matriz Zitarrosa, en un plano levemente teatral, abre y cierra espacio para las otras versiones, para luego percutir con decidido aire rural, desde un power trío más seco y austero, las dos enormes canciones de Osiris. La tercera línea es la que está dada por los temas de Violeta Parra: la "Mazúrquica modérnica" se engancha con el tono "Guitarra negra", mientras que "Maldigo", como tema central, como momento de mayor tensión dramática, está vestido de colores menos distorsionados y la banda va más al pulso, para que Mónica atraviese los versos como lo hace durante todo el disco, con gran comodidad y naturalidad, que es precisamente una de las mayores sorpresas del disco y la constatación de que atravesar esta puerta emocional la conecta con historias propias, con sus raíces.

Hay más, como la muy buena versión de "María Lando" que abre el disco, o la explosiva "Imaginate m'hijo", extraida del universo masliahno para formar parte, y engalanar, esta Guitarra negra eléctrica e impura que se mandó Mónica Navarro. "Éste disco es rockerazo y es para mí muy conceptual", dice la cantante. "Las canciones que canto son las que formaron mi camino en la decisión de por qué cantar... Violeta Parra, Osiris, Chabuca, Zitarrosa. Y se llama Maldigo porque maldigo muchas cosas a través de las palabras de ellos. Como diría Violeta: "el juramento jamás cumplido es el causante del descontento"... Y bueno, arranqué a pensar este disco en la noche del festejo de mis 20 años en la música. Ahí me cayó la ficha y entendí qué disco quería hacer. Y es éste".


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¿De dónde viene el folklore en tu vida?
Mónica Navarro: Lo primero que canté fue folclore. Es más: la música, a mi vida, me la trajo el final de la dictadura en Argentina y la destitución del rector del liceo donde iba. Aparece una rectora y propone hacer un grupo, una banda, para unir al liceo de varones con el de señoritas. Aclaro que en ese momento los liceos eran separados por sexo... Ahí apareció el folclore. Lo primero que viví como acción artística, en mi familia, fue también el folclore. En Corrientes, en el pueblo de mi vieja, tocar, cantar y bailar era cosa de todos los días

¿Cómo se cruzan las calles urbanas del rock y el teatro con el pulso del folklore?
M.N.: Tal vez no se crucen, pero soy un poco de cada una y como se nutren unas de otras, se suman, se multiplican y también dan lugares nuevos en esa coexistencia. Todas estas canciones de Maldigo, y tantas otras que darían para un Maldigo II, han formado mi visión de una América, de una canción que cantaba particularidades y armaron las historias de la historia.

¿Qué texturas buscabas?
M.N.: Buscaba una textura áspera. Un raspón y la fina penetración de las palabras por la herida. Con Diego Varela y Hernán Rodríguez hemos caminado mucho camino musical. Nos sabemos. A Irvin lo conozco de cerca, pero desde hace poco y ya nos sabemos también. ¡Ensalada completa! ¡Somos todos productos orgánicos, con madurez de los frutos y excelentes condimentos! Y con esas canciones “sateliteándome” la cabeza, fue que empecé a ver un hilo, una historia. En mi cabeza, lo que hacemos con la banda es un The Wall criollo y originario.

¿Cómo te sentiste grabando textos de Zitarrosa, de Guitarra negra, pero sobre todo en esos versos de "Maldigo" de Violeta?
M.N.: ¿Sabés que nos pasaba y nos pasa? Hacemos un tema y quedamos hiperventilados. Sobre todo cuando arrancamos a ensayar. Era hacer un tema y teníamos que descansar. Era un round con una tormenta de meteoritos. Me pasa, ahora, que no te puedo contar con palabras lo que siento, necesito que me veas, que nos vean. Son textos de cuerpo. Son canciones físicas.

tan arrabaleras


Son dos grandes cantantes y se lucen en la escena: por la potencia de sus registros vocales, dotes escénicos y repertorios en los que la canción ciudadana se carga de energía y se anima a cruzar a otros géneros. Este año coinciden en publicar dos discos en vivo, ambos con el padrinazgo en arreglos y dirección musical del pianista Horacio Di Yorio.

Mónica Navarro y Maia Castro son dos cantantes que tienen mucho en común. Son tangueras, prefieren el escenario y coincidieron en publicar -este año 2015- sendos discos en vivo que ofician de resumen, pero también de fotografía de una altura interpretativa de la que mucho tienen que ver los repertorios elegidos, sus respectivas capacidades técnicas y el oficio de un director musical que comparten: el pianista Horacio Di Yorio.
"Ambas poseen una gran personalidad como cantantes y generan una conexión especial con el público, desde lugares muy distintos, tanto en lo vocal como lo escénico", define Di Yorio cuando se le pregunta por Mónica y Maia. "Ellas saben generar un ambiente, en sus respectivos grupos, muy propicio para trabajar en la búsqueda de nuevas direcciones, sin abandonar las formas tradicionales del estilo, que es exactamente lo que a mí me interesa. Y cada una lo logra y me permite desarrollar esa búsqueda desde distintos lugares estéticos, ya que son timbres y musicalidades distintas... Y en vivo son dos shows muy intensos y ricos a partir de la presencia artística que marcan hacia afuera y dentro del escenario, que llevan a todo el grupo a buen puerto"
Los discos en vivo de ambas testimonian las palabras de Di Yorio. Mónica busca, en cada canción, el alma, el sonido exacto para la palabra exacta. Busca hacer explotar el sentido, la garra del corazón. Es, de alguna manera, frontal y escénica. Maia encuentra su mejor tono en la melodía, en el ritmo, en dibujar la esencia sonora. Es de esas pocas voces que logran convertirse en un instrumento más de la orquesta, de las que saben dibujar la musicalidad exacta de la canción.

Milongas, tangos y otros vientos
El disco de Maia, publicado por Bizarro, es el cierre del espectáculo Tangos, milongas y otros vientos. Funciona como una especie de resumen de los tres discos de estudio publicados por la cantante. Son canciones que ha venido presentando en una larga gira uruguaya y en dos giras europeas por festivales de Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Italia y otros países.
Aunque parezca extraño, este repertorio, al que se agregan "nuevas canciones", lo presenta por primera vez en Montevideo hoy viernes 4 de setiembre, en Sala Zitarrosa. Acompañan, a Maia, el pianista Di Yorio, Checo Anselmi en contrabajo, Matías Craciun en violín, Chamaco Abdala en batería y Matías Romero en guitarra. Habrá, como es de esperar, varios invitados especiales, entre los que destacan Maximiliano y Pablo Porciúncula, de la murga Agarrate Catalina, y su gran amigo Federico Lima, quien fuera productor artístico de su último disco en estudio.
Tanguera y arrabalera, defensora del tango canción, Maia deja entrelíneas -desde el título de su disco- el concepto de "otros vientos", de búsquedas musicales que se animan a otros géneros y estilos. "En el disco, que tuve a Fede Lima como productor, mantuvimos un equilibrio consciente entre el tango, la milonga y esos otros vientos que tienen una raíz folclórica", cuenta Maia. "Dentro de mis composiciones están presentes todas estas expresiones musicales, desde una milonga ciudadana como "Pausa", a una zamba como "El extraño", o un tango como "Golpe". No me ato a ninguna "preforma" de hacer las cosas; tengo la fortuna de hacer lo que me gusta y por ese camino seguiré en el futuro".

Tríptica
Monica va por su cuarto disco: dos en estudio y dos en vivo. Tríptica, grabado en noviembre de 2014 en el escenario principal del Solís, publicado por Bizarro, es una decidida apuesta a la composición: aparecen los temas propios "Influenza" y "Línea B". "No voy dejar de hacer temas de otros autores", aclara Mónica. "Pero hay tanta belleza realizada... Esa es la razón por la que siempre canto distintos estilos, siempre mimados por el tango, pero venidos de otros palos. La belleza es irresistible".
Además de Di Yorio al piano, la acompañan Eduardo Mauris en guitarra, Juan Chilindrón en contrabajo, Sebastián Cannavó en violín y Nario Recoba en bandoneón. El año pasado, Mónica fue nominada a los Grammy Latino por el disco Calle, invitada a una serie de presentaciones en Corea y se han vuelto habituales los shows en Buenos Aires, el último de ellos el pasado mes de agosto en el flamante Centro Cultural Kirchner.
El repertorio de Mónica es sumamente ecléctico: Discépolo y Blázquez se mezclan con Fito, Charly, Luca y Mandrake Wolf. "Tiene que ver con una proximidad generacional y con que de alguna forma fueron la banda sonora de momentos de mi vida. A veces me enfermo de ideas, y quiero todo junto y al mismo tiempo; con los años me sigue pasando lo mismo, pero ahora por lo menos lo saco para afuera y no quedo presa de mis ensoñaciones".

Entre tango y tango
¿Cómo se da el trabajo con el pianista Horacio Di Yorio, músico que ambas eligieron para que se encargue de los arreglos y dirección musical de sus respectivos grupos?
Maia Castro: Con Horacio tenemos una muy buena comunicación. Es una persona abierta, a la que le puedo plantear libremente cuando siento que algo no funciona. Y como es muy creativo, capta enseguida y modifica lo que sea necesario.
Mónica Navarro: Trabajo con Horacio desde el comienzo de mi proyecto, en equipo con Eduardo (Mauris). Ellos son mis compinches. Adoro de ambos que podemos charlar ratos largos sobre los arreglos y cómo los imagino, los climas, algo así como la escenografía musical de las canciones. Hablamos muchos sobre las letras y la comprensión total de la canción. Horacio y Eduardo son talentosísimos y a ésta altura son mis hermanos
Maia Castro: Los arreglos -en mi caso- están a cargo de Horacio y Matías (Romero) en su mayoría, pero algunos son hechos por la banda, en una instancia más distendida donde todos aportamos. Los arreglos mutan mucho desde que el arreglador los escribe hasta que los presentamos en vivo, incluso luego de ser presentados siguen cambiando porque siempre hay cuestiones de la interpretación que pesan más a mi criterio. Estoy en una etapa donde quiero y necesito volver a lo simple, a no recargar de arreglos las canciones sino que fluyan como tales. Que la importancia esté en la canción, en lo que se quiere expresar a través de la letra y música que parten de mi creación.
¿Qué aprendizaje vienen haciendo como cantantes, tanto en grabaciones de estudio como en los escenarios?
Mónica Navarro: Mi sueño es entrar un día al estudio y poder cantar como lo hago en un vivo... Estoy más cerca, pero me faltaría encontrar el mejor lugar para que el corazón esté más disponible. Por otro lado, me gustaría entrar a un vivo y poder tener mejor lugar para la cabeza, que es algo que te otorga el estudio. O sea, sueño con el equilibrio, o la combinación de aprendizajes que te dan los toques y el estudio. Pero la tendencia del equilibrio es a desequilibrarse... y también eso es muy divertido. En definitiva siempre lo mejor que puede suceder es jugar.
Maia Castro: He aprendido a disfrutar el trabajo en estudio cada vez más, pero me sigo quedando con el vivo. Ahí -para mí- está la verdad. Los shows en vivo siempre son únicos e irrepetibles, porque tenés el intercambio directo con el público. Actualmente me siento muy segura sobre el escenario, tanto a nivel vocal y musical como escénico. Lo disfruto al máximo, y ese disfrute se trasmite a la gente. Creo que lo más importante es lograr una identidad propia y eso ya se viene plasmando hace tiempo y se acentúa con las composiciones propias.
Otra cosa que ambas comparten es el desarrollo internacional que vienen teniendo en sus carreras. Mónica, por ejemplo, tuviste tu disco Calle nominado al Grammy Latino...
Mónica Navarro: Expandirse es un trabajo que implica decisión, planificación y mucha energía. Afortunadamente todo se alinea y cada vez tenemos más presencias fuera del país y siempre nos miman mucho. Sin dudas, voy a seguir trabajando en ese sentido. La experiencia del Grammy fue buenísima, principalmente porque demuestra que nuestros trabajos artísticos, en Uruguay, están a nivel internacional.
¿En tu caso, Maia, vas por tu tercer año consecutivo de giras por Europa?
Maia Castro: Gracias a mucho esfuerzo, tenacidad y trabajo constante, hace tres años que vengo realizando giras por Europa, donde cada año logramos subir el standard de las presentaciones que realizamos. Estuvimos en el Festival de Jazz de Copenhague, en la Expo Milán, en el Festival de Tango de Finlandia y distintos escenarios de la escena world music europea, como Stallet en Estocolmo, Werkstatt der Kulturen de Berlín y Global de Copenhague. Son experiencias que enriquecen muchísimo y ensanchan el alma, porque vas a conquistar un público absolutamente nuevo y afortunadamente, en nuestro caso, lo logramos, y logramos volver cada año.
¿Cuánto las ata -o no- la etiqueta de cantante de tango?
Maia Castro: A mí no me ata en lo más mínimo. Hago lo que me gusta y el tango me encanta, por eso decido cantarlo e interpretarlo. Pero no por una etiqueta, sino por placer. A su vez, asumo el compromiso de proponer nuevas composiciones al género, lo que me parece fundamental y es tarea nuestra -de los músicos- esa innovación que siempre parte desde el respeto, pero que creo necesaria para que nuevas generaciones se acerquen a este tipo de música.
Mónica Navarro: ¡Eso es lo que soy! Entonces no me ata ni me libera... es lo que es. Una vez, Ruben Juárez me preguntó: "sabés qué es lo que daña al tango?". Y antes de que respondiera, me dijo: "el tango". Estoy muy de acuerdo con esa idea, porque se construyó, en torno al género, una profundidad, una seriedad, un conocimiento necesario para absolutamente todo, como si fuese imprescindible conocer el nombre de la mamá de Troilo para ser validada por los tangueros. Ahí es donde me reivindico como rockera, porque creo que la falta de respeto a lo que ya se hizo es necesaria para avanzar. Es necesario dejar de pensar que lo mejor ya está hecho, porque eso invalida la posibilidad de que seamos constructores de cosas nuevas, invalida que seamos contadores de nuestra historia.
¿Y en tu caso, Horacio, cuánto ha marcado el tango a tus búsquedas musicales?
Horacio Di Yorio: Siempre amé el tango y es un aspecto muy fuerte de mi identidad musical, ya que mi padre era pianista y compositor, principalmente de tango. Es un estilo en el cual estoy muy cómodo tanto para recrearlo como para innovar en él. A su modo, también es una música de “fusión” que recibió muchas influencias que a su vez me interesan muchísimo y lo emparenta mucho con otros estilos que me interesan, donde se puede deconstruir, tomar elementos de otros lados y reelaborarlo, con gran elasticidad. La oportunidad que he tenido en los últimos años, de trabajar dentro del tango, me ha brindado un gran desarrollo personal como pianista, arreglador y compositor, desde un lugar muy asociado a mi identidad como uruguayo o en cuanto a mi historia musical familiar y mi gusto por lo popular.

Alta definición
Horacio Di Yorio está de estreno. El próximo miércoles 16 de setiembre presenta en Tractatus el repertorio de Alta definición, su más reciente obra discográfica, acompañado de un muy buen equipo musical: Gustavo Villalba (saxo), Gerardo Alonso (bajo), Pablo Leites (percusión), Vittorio Bacchetta (batería) y Matías Craciun (violín).
El nombre del disco -Alta definición- surgió como una broma a partir de las iniciales del músico en inglés (HD). En el proceso de creación, Di Yorio descubrió que también tenía la acepción de lo que se estaba buscando en el álbum: una definición estilística fuerte y una exigencia alta en cuanto a la calidad de la factura y los objetivos, en la que tiene buena parte de responsabilidad Daniel Báez, co-productor artístico del disco. "No cerramos las mezclas hasta estar realmente conformes y de acuerdo", cuenta Di Yorio. "Buscamos un sonido lo más internacional posible en cuanto al estándar de calidad técnico y la estética sonora. Daniel (Báez) fue clave para haber logrado eso: sabe como nadie grabar y mezclar tambores de candombe, pero también bandoneones o violines tangueros, de manera que transmitan la esencia local y su vez maneja conceptos de sonido muy internacionales".
La búsqueda, en cuanto a lo estilístico, es uno de los grandes desafíos de Di Yorio en Alta definición. "Busqué que todas mis influencias e intereses pudieran confluir en forma orgánica, y no como una superposición de conceptos o estilos. Y en cuanto a intérprete, me siento muy expresado orquestalmente; me refiero a que el resultado total de de lo que se escucha me expresa como intérprete mas allá de la parte en concreto que ejecuté desde el piano o los teclados".  

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 09/2015))

graffiti 2014


La edición 2014 de los Premios Graffiti tuvo como principales ganadores a Fernando Cabrera, Fede Graña & Los Prolijos y Los Hermanos Láser. Más allá de los debates, propios de este tipo de certámenes, se impone la idea de la gala graffitera como una noche de fiesta de la música uruguaya, a través del corte de una prolífica producción discográfica.

Juan Campodónico, siempre tan elegante, recibió el premio a Mejor Productor del Año por su trabajo en el disco de Bajofondo y aprovechó para decir unas pocas y oportunas palabras. Dijo que una de las cosas que más le gustaban de los Graffiti era enterarse, en una sola noche, de la gran cantidad de propuestas musicales que desconocía y que revelan -por ende- la riqueza del mapa sonoro uruguayo.
Esta idea no es casual, ni una situación fortuita, sino que deja en evidencia el desplazamiento que han venido haciendo los Premios Graffiti, desde que comenzaron como galardones de la comunidad rock hasta ubicarse en un presente que atraviesa diferentes estilos y familias musicales. Por eso, más allá de los debates propios de cada categoría, de la pertinencia o no de algún rubro a primera vista caprichoso, es más que oportuno que se privilegie la diversidad sobre lo hegemónico, aunque sin perder de vista -especialmente en los rubros principales- un equilibrio entre creatividad, calidad técnica y popularidad.
Lo que se premia son discos. Eso debe quedar más que claro, sobre todo en un tiempo difícil para la industria, por lo que año a año los Premios, al igual que la comunidad musical, deben adaptarse a los cambios. Compiten de ese modo los discos de los sellos grandes (Bizarro, MMG), los de tradicionales independientes (Ayuí, Perro Andaluz), los de colectivos virtuales (por ejemplo, Esquizodelia, aunque muchos de los artistas que publican en estos sellos prefieren mantenerse al margen de la "industria", tal es el caso de varios de los agrupados en Estampita Records) y también artistas independientes que se autopublican en forma física o simplemente virtual.

Fede Graña & Los Prolijos
Familias musicales
Los principales y más festejados premios de este año recayeron en el legado generacional de Vieja Historia, banda de rock del Prado de la que emergen artistas como Los Hermanos Laser y Fede Graña & Los Prolijos, confirmando una búsqueda pop-rock alternativa al rock popular de Notevagustar y La Vela, y no necesariamente emparentada con el linaje indie de Buenos Muchachos, La Hermana Menor, Carmen Sandiego. Los Laser ganaron en pop y rock alternativo, también en artista nuevo, mientras que Graña y su disco Feria se llevaron el Graffiti en las categorías pop, arte de portada y mejor canción por "Hoy".
Carlos Casacuberta
Una de las grandes fotos de la noche fue el abrazo que se dieron Fernando Cabrera y Mauricio Ubal. Ambos ganaron tres premios claves: Cabrera el de álbum del año y el de solista masculino en canción urbana por Viva la Patria!, mientras que Ubal obtuvo el de mejor compositor por Arena movediza. Dos grandes discos, de la factoría Ayuí, cargados de la tradición urbana -en plan cantautor- de la fermental generación del 77. De esta misma línea, aunque de la camada de los noventa, fueron reconocidos los discos Banda alegre de Rossana Taddei en solista femenina en canción urbana y Naturaleza de Carlos Casacuberta en indie folk-rock.
La familia Fattoruso se llevó tres premios. Francisco en candombe fusión y funk por Music Adventure y su padre Hugo por dos discos diferentes que llevan su firma: Neo en dupla con Albana Barrocas en dúo o grupo de canción urbana y Orienta con Tomohiro Yahiro en jazz.

Canoura y otros reconocimientos
Tres de los momentos más emocionantes que se vivieron en la Sala Reta tuvieron que ver con el premio a la trayectoria y con dos reconocimientos especiales. Laura Canoura fue distinguida por el jurado y dedicó su Graffiti "a la gente que compra los discos, va a los espectáculos y ayuda a sostener una carrera. Ellos son el camino por el que uno tiene que transitar para ir logrando pasar mojones, y la verdad sea dicha, sigue siendo un camino lleno de oportunidades". Un premio especial para una de las mayores cantantes uruguayas, por su extensa carrera solista y por ser parte de legendarias agrupaciones como Rumbo y Las Tres. Finísima intérprete, se ha destacado en la canción popular, en el pop, el tango, el bolero y la chanson, y este mismo año, en plena actividad, dio muestra de su talento en un potente set de tango acompañada de Julio Cobelli y en la reedición del show Locas pasiones en dupla con Hugo Fattoruso.
El show de los Graffiti, en esta edición 2014, tuvo otros dos momentos de alta emoción al ser homenajeados los grupos Notevagustar por sus veinte años de carrera y los Buitres por su cumpleaños número 25. Dos premios especiales y simbólicos para la comunidad rockera. En el debe, a la hora de señalar posibles omisiones del jurado, se debe citar el "olvido" de los cincuenta años de la orquesta tropical Sonora Borinquen, quienes celebraron -acompañados por la grey de la escena plenera- con una Zitarrosa a tope en el pasado mes de abril.
Los premios del público, termómetro que suele indicar matices entre el gusto popular y el de la crítica especializada, fueron para La Vela Puerca (artista del año), Jorge Nasser (canción del año por "Vida de suerte") y el dúo Spuntone-Mendaro (álbum del año por Estado natural). Visiblemente emocionados, el excantante de La Trampa y el exguitarra de Hereford, subieron también a recibir el Graffiti a mejor disco en vivo, premio más que merecido por un disco que obtuvo muy buenas ventas y se convirtió en una de las sorpresas del año. Spuntone aclaró una vez más que no se trata de un homenaje a la canción rock uruguaya, sino un repertorio elegido por ambos y que no se reduce a un género o estilo específico.

AFC: Graffiti en Hip Hop
Más emociones
Para el anecdotario de los Graffiti se suman las alegrías que vivieron los artistas premiados en las restantes categorías. En tango, la ganadora fue Mónica Navarro con Calle, disco de un género "no hegemónico" que mereció mejor suerte en las categorías principales, al igual que el Music adventure de Fattoruso. En tiendas rockeras, ganaron Crepar con Esencia en metal y hard rock, Cutinella & Chapital Blues Cuarteto con A contra reloj en rock y blues, y Trotsky Vengarán con Cielo salvaje en la categoría punk, reggae y ska. Los debutantes AFC ganaron el Graffiti en electrónica y hiphop con Grandes valores del hardcore. La categoría tropical y pop latino tuvo a Malatuya como inesperado ganador con el disco Pase lo que pase, en una decisión acaso polémica que dejó con las manos vacías a tradicionales pleneros como Denis Elías o Gerardo Nieto. El grupo Tatango fue el vencedor con Tanteando en instrumental popular y Gonzalo Gravina con Pollo al piano en instrumental de vanguardia, subdivisión de categoría que revela el muy buen momento creativo que vive la escena de la música instrumental en Uruguay.
Vale como muestra, cerrando esta crónica sobre los premios de la música 2014, destacar en el ejemplo del premio al disco Pollo al piano, una de las joyitas de la última música uruguaya, esos casos que citaba Campodónico de obras de altísimo nivel que se "descubren" en los Graffiti. En este caso, un discazo de Gravina, llevando al piano obras del Pollo Píriz. Está publicado por un sello que no se cansa de apoyar y darle apoyo a muy buenos artistas: Perro Andaluz.

Otro rock
Hay discos que estuvieron ahí, que no alcanzaron los votos necesarios pero son buenísimos y merecieron -tal vez- mejor suerte. Dejo afuera a los que no se presentaron a los Graffiti, muchos de ellos de descarga libre como el estupendo cancionero El entusiasmo de Lucas Meyer, que sirve de ejemplo del altísimo nivel de artistas independientes que publican desde plataformas como Bandcamp o Soundcloud. Vaya una lista de cinco discos imprescindibles, todos más o menos rock, indie, alternativo, o donde quiera ubicárselos:
1. Todas las películas son de terror, de La Hermana Menor. Un discazo de la banda liderada por Tüssi, con una producción impecable de la dupla Pau-Ezequiel.
2. Entre fantasmas, de Sonia. Un disco pop-rock heredero de la mítica historia de Loop Lascano y con muy buenas canciones.
3. Ciudad dormitorio, de Carmen Sandiego. Banda emblemática del indie montevideano, en su disco más luminoso y acaso feliz.
4. Infinito, de Laura Chinelli. Muy buen cancionero, en plan electro-folk, de una cantautora que confirma las condiciones del debut Historias de invierno.
5. Después del invierno, de Y.Gallo. Debut solista del cantante y guitarrista del trío Rouge. Un disco inesperado y con varias canciones inolvidables.

((Artículo publicado en revista CarasyCaretas))

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