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en defensa de la poesía

Santiago Tavella. Foto: Daniel Behar.
Santiago Tavella se largó en un camino de creación en paralelo a su pertenencia al Cuarteto de Nos y no para de articular proyectos. La identidad Otro Tavella deja clara la voluntad de desmarcarse, de jugarse a 'otra' historia. El libro-disco Fuera de la realidad, grabado y lanzado tras varios años de trabajo empecinado y varias pruebas de ensayo y error, mostró a un autor ocupado en trabajar el formato canción hasta el mínimo detalle, con una investigación letrística que se vuelve toda una declaración de principios y se contagia a los siguientes proyectos.
En el camino de los perros, segundo disco producido por Otro Tavella & Los Embajadores del Buen Gusto, incluye la novedad de Tavella musicalizando textos de poetas jóvenes que fue seleccionando de la fermental escena de la 'poesía ultrajoven' uruguaya. Se suma ahora una nueva aventura del artista, ahora en rol de creador y curador de un mini-festival al que ha dado en llamar Primer Encuentro Fortuito de Poesía y Melodías en la Canción. Queda más que clara la centralidad que le da Tavella a los elementos “poesía” y “melodías” en el formato canción. “Es la vieja y querida obsesión por el equilibrio entre letra y música en la canción, que es algo que la industria musical hoy en día no tiene en cuenta para nada”, dice, y el punto de partida de la conversación revela que hay mucho para hablar y batallar. Por lo pronto, en lo inmediato, Otro Tavella se encontrará en el escenario de la Vaz Ferreira con tres zurcidores de canciones: Maine Hermo, Garo Arakelian y Diego Presa.

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¿Qué desequilibrios, en lo relativo a la canción, percibís en la industria musical contemporánea?
Santiago Tavella: Hay mucho trabajo en sonido, en la producción, pero la parte literaria en la mayoría de los casos se queda en lo literal y no en lo literario, y es obvio que si no ponés a trabajar a gente que entiende lo que es escribir y tener algo para decir en ese aspecto, lo más seguro es que el grueso de la producción musical actual sea bastante vacía de contenido. Por otro lado, en lo musical suena todo muy prolijito, en la medida que esas músicas son en su mayoría fórmulas repetidas una y otra vez. El resultado final es desalentador. Y no estoy hablando de música para “entretener”; hablo de gente que pretende dar un “mensaje”, ser “artísticos”, pero no pasan de generar un discurso moralista, ilustrador de agendas. Es cierto que el arte hasta el siglo XIX también era ilustrador de agendas, pero por suerte tenía “algo más”, que es lo que perduró.

¿Por qué considerás imprescindible subrayar y señalar la importancia del elemento poético?
S.T.: Ya adelanté algo en lo que dije antes, pero se puede agregar que hay grandes músicos como Dylan y Cohen, como Nacho Vegas y Darnauchans, que recurriendo a fórmulas musicales muy sencillas a veces, y otras veces no, consiguen resultados propios de quien tiene algo para decir... aunque paradójicamente no sea posible saber bien qué es, a priori, eso que tenés para decir. O sea, y me voy un poco al ejemplo contrario, cuando tu ego tiene tan claro que querés dar algún mensaje, muy conscientemente, seguro que lo que tenés para decir se parece demasiado a “miren que yo tengo preocupaciones sociales, místicas, morales”; o sea simple y vulgar moralina. Siempre recomiendo releer el artículo de Borges “La supersticiosa ética del lector”, que se mete con ese tema de una forma muy inteligente.

En tu obra solista, partir del libro-disco Fuera de la realidad, mostrás un celoso cuidado por las palabras, por cómo suenan y por lo que dicen. Después se suma lo que venís haciendo con los poetas ultrajóvenes. ¿Qué encontrás en estos cruces, que son también de diferentes sensibilidades y generaciones?
S.T.:
Siempre trabajé con gente de otras generaciones. Es indispensable para no encerrarse y repetirse. El trabajo con los poetas fue una selección de textos que conocí a través de la antología En el camino de los perros, que me gustaron para musicalizar, algunos tal cual estaban, otros con selecciones de frases que me resultaban interesantes. Creo que toda esa movida es muy interesante y están generando complicidad con músicos de su misma generación, que espero prosperen en resultados removedores. El arte no nace de un repollo, ni lo trae una cigüeña: surge de la cópula de insumos y producciones.

¿Cómo armaste la propuesta artística del encuentro? ¿Es solo esta instancia o estás planeando una serie de recitales?
S.T.: La idea es que este sea el primero de varios recitales. Si bien estamos en una era de crisis creativa, veo que hay, no precisamente en el mainstream, varias propuestas de interés. La generación previa a la nuestra, la de Cabrera, Darnauchans y Maslíah, la de Los que iban cantando, tenía un contubernio fértil entre músicos y escritores. Creo que es el momento de reinventar una nueva complicidad que genere una producción que tire aire fresco, entre tanta cosa que pretende hacer buena letra, bajar línea, y no va más allá de producir aburrimiento y cero emoción; a lo sumo una euforia de una inmediatez que se agota en el momento y es funcional al modelo de consumo como eje de la existencia.

¿A qué te referís con lo de "encuentro fortuito?
S.T.: Al decir de nuestro compatriota Isidore Lucien Ducasse, conocido como Conde de Lautréamont: “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”.... Hoy puede parecer algo absurdo y fortuito que en una canción se de el encuentro de poesía de la buena con música que esté a la altura de las circunstancias. Va por ahí.

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 06/2019))

cartografía literaria

Dos voluminosos trabajos de retratos de escritores coinciden en estos días en Montevideo. Ambos utilizan diferentes formatos y metodologías, pero tienen un signo en común: el de hacer visibles -desde la fotografía- a autores contemporáneos, uno dedicado a narradores y el otro a la fermental movida de poetas. Este signo común los convierte en mapas de la producción literaria actual, de manera similar al proyecto en desarrollo MVD TXT, en este caso de registros en video de lecturas en  espacios públicos de la ciudad.
Narrativa nativa, que llega al libro en edición de HUM, es la culminación del proyecto que vienen desarrollando el fotógrafo Mauro Martella, el escritor Agustín Acevedo Kanopa y la productora Lucía Germano. Fotografiaron 38 narradores, en su mayoría novelistas, buscando en cada retrato una relación con una obra determinada o con el pulso de cada escritura. El resultado es un libro que tiene una primera lectura de "álbum de fotos", reveladora de un altísimo nivel en las composiciones y en el impacto de cada retrato (Martella no oculta su ambición de proponer retratos icónicos, al estilo del retrato de Onetti en la cama o de la serie de Escanlar para la revista Freeway), y que al mismo tiempo oficia de mapa de una posible nueva narrativa uruguaya, conformada por autores que vienen publicando en estas dos primeras décadas del siglo XXI. A falta de un canon más tradicional, Narrativa nativa -que en formato exposición se presenta en Casa Arbus- se posiciona como una mirada crítica en la que se selecciona a un grupo de autores que en su mayoría publican en sellos independientes de narrativa de autor.
Retratos Poéticos 2, por otra parte, es estrictamente una segunda exposición (la primera parte se realizó en el año 2016) de los retratos que desde la plataforma Cooltivarte publica la fotógrafa Paola Scagliotti. Lo que comenzó siendo un trabajo solitario, de investigación, con el plan de fotografiar poetas en sus ámbitos cotidianos, termina armando -al igual que Narrativa nativa- una cartografía de la poesía uruguaya contemporánea. Los fotorreportajes de Sclagliotti no se resumen en una sola imagen sino que proponen un relato que incluye fotografías de objetos y entornos de cada artista. No se limita tampoco a los poetas que publican de forma tradicional, ya que uno de los intereses de Scagliotti es registrar la poesía puesta en voz, en movimiento performático, por lo que buena parte de su trabajo documenta la fermental movida de tertulias literarias y lecturas públicas. De todos modos, es más que interesante y reveladora la mirada de Scagliotti sobre cada uno de sus retratados. Desde figuras más ligadas a lo performático, como Alberto Restuccia o José Arenas, hasta poetas más intimistas como Ida Vitale, Melissa Machado o Claudio Búrguez, Retratos Poéticos 2 incluye veinte fotoreportajes y completa un total de cuarenta realizados por Scagliotti desde el año 2016 a la fecha.
"La selección intenta ofrecer una muestra heterogénea en tanto estilos, trayectorias, edades", explica la fotógrafa, que decidió acompañar cada fotoreportaje -en la muestra en Museo del Gaucho- por pequeños textos de los autores. "Mostrar los fotoreportajes en una sala de exposiciones es una manera de ampliar el público, de llegar a un espectador que está por fuera de las redes sociales. Por otro lado, también es una forma de dar un cierre a este trabajo a través de una celebración".


Paola Scagliotti y amigos.

¿Cómo das inicio a la serie de fotoreportajes y cuáles fueron las reglas que fuiste delineando?
Paola Scagliotti:
El proyecto nace de una motivación de mostrar lo que está pasando con la poesía en nuestro país. Desde hace unos años, soy testigo del desarrollo que tiene la movida poética en Uruguay y más precisamente en Montevideo. Han surgido ciclos de poesía generados desde colectivos, promoviendo la diversidad de actores y discursos poéticos, y que llegan a un público que antes era ajeno a esta movida. Esto me motivó a querer retratar a estos actores poéticos para acercarlos al espectador. En lo que refiere a las reglas, trato de mostrar esa diversidad existente; poetas que son más conocidos por su puesta en voz, otros por sus performances y otros por su escritura.
¿Qué buscás en este trabajo y en cada retrato en particular?
P.S.: Busco en primera instancia colaborar, a través de estas fotografías, para que la poesía resuene, para que se sepa que es algo que está latente hoy más que nunca. Quizás es pretencioso, pero busco que las personas vean lo multifacética que puede ser la poesía y amplíen esa visión tradicional que muchas veces se tiene de la misma. Lo que intento conseguir con cada retrato es que la persona que ve el fotorreportaje conozca a ese poeta a través de los objetos que nutren su hogar: sus adornos, sus libros, sus cuadros, sus fotografías. Todo esto dice mucho de ellos y de su creación artística. El trabajo que le encomiendo al espectador es interpretarlo.
Retratos Poéticos 2 se exhibe en simultáneo con el lanzamiento del proyecto Narrativa nativa. ¿Qué encontrás de similar entre ambos proyectos?
P.S.:
Los integrantes de ambos proyectos tenemos un interés común y una relación con la escritura uruguaya contemporánea. Creo que ambos proyectos colaboran con la difusión de una rama del arte que es la que sale más perjudicada en cuanto a publicidad en los medios. Si bien la publicación de un libro no soluciona este problema de la difusión, sí es un pequeño aporte. En el caso de Narrativa nativa, su equipo de trabajo está relacionado a la escritura e incluso uno de ellos es uno de los narradores jóvenes más relevantes del momento. En mi caso, formo parte del colectivo Orientación Poesía/ En el Camino de los perros, proyecto relacionado con la difusión de la poesía joven en centros educativos y eventos culturales.
Ida Vitale por Paola Scagliotti
El fotógrafo Mauro Martella ha dicho que notaba un vacío de fotografías icónicas de autores uruguayos contemporáneos. Y que esto, de alguna manera, genera una "necesidad" de este tipo de proyectos...
P.S.:
Comparto lo que dice Martella. En lo que tiene que ver con las publicaciones en papel, así cómo en muestras fotográficas, no hay mayores registros en lo referente a la escritura y sobre todo de la poesía. Pero teniendo presente esto, vale aclarar que en lo que refiere a poesía, existe desde hace ya un tiempo, en las redes sociales, un amplio registro fotográfico de ciclos literarios y de sus principales actores poéticos.
¿Cuáles son tus próximos proyectos, después de esta segunda muestra de Retratos Poéticos?
P.S.:
En lo que refiere a proyectos, cómo próximo objetivo quiero editar  un fotolibro que plasme la movida poética que se desarrolla en los ciclos literarios actuales. Desde hace un tiempo veo un aumento de ciclos literarios donde se desarrolla la puesta en voz y la performance. El público que asiste es en su mayoría gente joven que siente la necesidad de desarrollarse artísticamente y que está sembrando las bases de lo que podría llegar a ser un nuevo paradigma cultural.

la aventura es la canción

Tiene más de 30 años de recorrido en esto de la música, pero ese dato no inhibe que el libro/disco Fuera de la realidad técnicamente sea un debut y que Santiago Tavella lo viva como una primera vez. Es un debut. Porque es Otro Tavella. Porque está solo, pero muy bien acompañado. Porque sus canciones son protagonistas de otra manera muy distinta a las vivencias del Cuarteto de Nos. Porque son otras canciones, un puñado de letras y músicas que viene masticando desde hace años; primero con su guitarra, después acompañado de los Embajadores del Buen Gusto y todo tipo de asesores que lo fueron guiando en una aventura que es -definitivamente- una fresca y luminosa primera vez.

Apuntes sobre letras y músicas
 El recorrido de Fuera de la realidad se inicia con una canción que funciona mejor que ninguna como apertura, como punto de partida de una aventura de reescrituras sobre el amor y otros deseos más o menos confesables (no olvidemos que todo esto se trata de Tavella, aunque sea Otro Tavella, pero el filo, lo punzante y el acertijo perverso siempre está, desde la palabra y desde la propia voz). "Un amor cualquiera", se llama la primera canción, y tiene un tono melancólico en una intro con rasgueos de guitarras y el clima tensionado que agrega el vibráfono, que dan el color perfecto para que entren los versos de Tavella y luego un crescendo pop-rock que no incomoda, que calza perfecto con ese "amor cualquiera" que busca Colette en La ingenua libertina y tan bien traduce y desenrosca Tavella. Es una canción que emociona, cuando la protagonista descubre que eso con lo que sueña y la lleva a la aventura, no es más que la aventura del amor: "un amor cualquiera/ como el de todo el mundo/ pero que sea verdadero,/ y con él sabré/ edificar uno/ digno solo de mí". Y Tavella se hace cargo de lo que ambiciona Colette, y alcanza con cambiar "amor" por "canción" para identificar que esa aventura vital es la propia construcción del disco, que además se anuncia como una suma de historia de amor y desamor, de historias más o menos incorrectas, pero al fin y al cabo en formato canción, o sea, cuando sucede esa magia tan intangible entre letra y música.
Una tras otra, las canciones se escuchan y se leen como un libro más o menos picaresco, desde leyendas con hadas oscuras, sirenas de balneario o vecinas de Satán hasta fotografías cotidianas sobre el amor de un protagonista que asoma tímido y más o menos atemorizado. Y vuelve una y otra vez la idea de la aventura del amor, como certeza, como centro gravitatorio. Hay momentos de alta factura, de temas que hace tiempo que Tavella viene mostrando en recitales: "El amor es de nadie", "Ella es mi novia (pero no lo sabe todavía)", "Tan patéticos y bellos", y temo enumerar todas las canciones del disco, o desarrollar ideas y versos de probada fineza y sustancia poética. Pero si hay que nombrar una, sin dudas es "Baile de mierda", una pequeña maravilla que expone, como bien anota el poeta Aldo Mazzucchelli en uno de los intertextos que se insertan en el libro/disco, que "lo que hay es lo que todo el mundo ve: que si te conociste en un baile de mierda, lo que viene después es lo que viene después". Y es exactamente eso: en todas las canciones hay lo que todo el mundo ve, pero que Tavella logra convertir en canciones, letra y música, como ya se dijo, en una alquimia que logra hacer funcionar como nunca, o bien como en esas pequeñas joyas cuarteteras como "Nuevamente" o "Zapatitos de hormigón" que tal vez nunca fueron valorizadas como se merecían.

La aventura de Otro Tavella
¿Lo sentís como un disco debut? Porque, entre otras cosas, venís trabajando en varias de las canciones desde hace años... en principio solo y después acompañado por la banda.Es debut, sí, porque si bien hubo intentos previos, quedaron en el intento. Estas canciones las vengo siguiendo desde hace años; para mí tienen vida propia, y de hecho fueron mutando hasta llegar a un punto en el cual pareció legítimo grabarlas. Si bien esto no garantiza que no muten más, en esa mutación la banda tuvo mucho que ver, porque la interpretación es muy importante y creo que se llegó a arreglos muy buenos, algunos muy despojados. La producción y la mezcla de Guillermo Berta supieron poner esto al frente, y el trabajo que hicimos con Aldo Mazzucchelli -de edición y preproducción- aportó mucho. Es curioso, pero la industria musical, que básicamente produce canciones, pone un gran cuidado en el sonido, uno pequeño en lo interpretativo y nada en lo literario, que es la mitad de la canción... Eso queda en manos del artista, y como me habrás escuchado decir alguna vez frente a algunas canciones... ¿es que fulano no tiene ningún amigo escritor que lo asesore?

Ese es un buen punto del disco, porque de alguna manera es un manifiesto en defensa de la canción como género musical/literario. ¿Qué te llevó a profundizar en esto?Creo que es una manera que encontré de salir de la zona de confort. En el disco, por ejemplo, hay humor, pero no es el protagonista, no distrae la atención y te deja seguir haciendo más lecturas entrelíneas de lo escrito y de lo musical. Me parecía importante eso. Salir de lo literal, del mensaje obvio y meterme en zonas donde hay opacidad. Me interesa que el escucha quede atrapado, pero que no encuentre la solución a nada. Se podría decir que es una reivindicación de la irresponsabilidad, que es la única responsabilidad del verdadero artista.

Al escuchar el disco queda la sensación de que son relatos de tu aventura con la canción y con el amor...Es que hablar de amor es una forma de salir del discurso del ego, de la experiencia personal, de la autorreferencialidad que nos agobia en el ombliguismo de tanta cosa anda en la vuelta, que van desde simples canciones hasta piezas de arte contemporáneo en las que se cree que por surgir de vivencias personales ya son válidas. Y a mí las vivencias personales de un artista me importan un reverendo bledo. A mí me interesa el otro, ese que nunca vamos a conocer, que es un misterio, que se nos presenta en relaciones conflictivas, siempre imperfectas pero en las que, si uno acierta en la canción, hacen que aflore la pulsión vital que tiene que tener cualquier cosa que pretenda ser arte.

Esas canciones diferentes
Las canciones de Otro Tavella y Los Embajadores del Buen Gusto sorprenden con un sonido luminoso y simple, pero esencialmente distinto a lo que se escucha en la vuelta. No hay ruido. No hay provocación en la superficie. La aventura parece haber sido escapar de la extrañeza, de lo pretendidamente raro, y esa paradoja es precisamente lo extraño, porque llevó al músico y a su banda a transitar un camino dislocado, donde no hay encuentro con lo convencional sino con una extrañeza más sabia y más peligrosa.
El pop-rock que se elige transitar, un pop-rock para adultos, radiofónico, guitarrero, de tres minutos, excelentemente ejecutado, se vuelve provocador. Y no es fácil el punto, y por eso estuvo tanto tiempo buscándolo, armando una banda, ejercitando el canto, tejiendo letras que no se gastaran en una primera escuchada. Por eso es correcto afirmar que Tavella se marchó a la aventura, y a la hora de escribir confundió -y por suerte- amor con canción, y y es capaz de conmover en "Un amor cualquiera" y de matarnos de risa espasmódica en "Baile de mierda", pero no se vanagloria de esas posibilidades sino que ejercita en cada canción un bordado diferente, para que se meta en el que escucha/lee como si fuera una fábula infantil.
En esencia, el disco recorre la aventura tavelliana del amor; perdón, la divertida desventura tavelliana del amor. "En lo musical, trato de evitar las resoluciones obvias", dice el artista, "pero sin caer en lo llamativamente raro, lo cual es mucho más difícil. Si te ponés a escuchar lo que se está llevando, asombra la abundancia de pobreza, una suerte de ostentación de la falta de recursos, de la repetición de lo que ya se sabe que funciona. Y no te estoy hablando de cumbia cheta, que no importa si es así porque no pretende ser otra cosa, te hablo de cosas que hacen músicos que pretenden tener algo que decir, pero que en definitiva el único mensaje que tienen es "atenti, mira que lo que hago tiene mensaje". En el vocabulario adolescente, una cosa que noté es que una muletilla recurrente es la palabra "literal", que la entiendo como síntoma y diagnóstico a la vez de la producción simbólica actual, y que con mucho trabajo yo trato de evitar, espero que con éxito".


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Baile de mierda
"Esa canción salió de una frase de Santiago Sappía, mi sobrino, hablando de antros a los que concurría. Se refirió a uno de ellos como "un baile de mierda", y ahí asocié con la pregunta recurrente de Graciela Taquini, mi madre argentina, que le pregunta siempre a las parejas "¿dónde se conocieron?", lo cual puede llegar a ser una pregunta embarazosa si la pareja se hubiera conocido en ese preciso lugar... Esa canción fue posible gracias a que Sebastián Macció, el baterista, es capaz de tocar cumbia en la batería con swing, cosa poco común en los bateristas de rock uruguayos". (Santiago Tavella)

del otro lado del tiempo


La torre de la canción se volverá a abrir el jueves 2 de marzo de 2017 en el Solís. El mejor ámbito. Las guitarras de Carlitos y Bernardo. El bajo de Shyra. El Cheche a los palos. Habrá que cerrar los ojos. Dejarse llevar por los vaporosos territorios de Sansueña, por tantos versos despeinados y tan bien zurcidos en canciones folk, en baladas desconsoladas, en invenciones que vienen sonando desde los primeros años 70 y con las que nos mal acostumbró el poeta, ese muchacho al que no le tembló la voz en el tortuoso camino por subir a la torre de la canción y codearse con Cohen y Dylan, pero también con Zitarrosa, Dino, y también Branduardi, Brel, Lennon & McCartney. El gran crooner. Y estarán los amigos, claro, al firme. Estará el Bocha, su maestro en la vida y la poesía. Se sentirá la ausencia del Gale, por supuesto, el orfebre de Sansueña. Habrá canción, sucederá la magia. Será más que necesario.
Si todos los años, puntualmente cada 15 de noviembre, Shyra Panzardo, Ale Ferradás y Walter Bordoni se reúnen con varios amigos músicos para festejar el cumpleaños de Eduardo, esta vez la juntada es más grande. Las productoras Isabel de la Fuente y Mariana Gerosa son las convocantes a esta torre de la canción de marzo de 2017, cuando se cumplen 10 de la muerte del trovador. Y es tiempo, siempre es tiempo, de cerrar los ojos y escuchar, de dejarse llevar. Y entre todos, afinar la memoria y conjugar en presente un puñado de canciones inolvidables. "Buenas noches", diría, lo sé, y con ese simple saludo rompería el Darkno toda solemnidad.

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EL COMPAÑERO DE RUTA

Carlos da Silveira: Eduardo fue mi amigo desde la adolescencia temprana. Nos conocimos en el patio del Colegio San Javier de Tacuarembó, donde empezamos a compartir conocimientos de guitarra y canciones. Vivimos muchas cosas juntos, gozosas y terribles. Participar en este homenaje es dar testimonio de una vida y una obra de gran sensibilidad y factura artísticas. Y de su tránsito por este país donde sembró canciones de amor, de locura y de muerte.

Walter Bordoni: Las canciones de Eduardo van conmigo desde siempre. Tomé contacto con su obra siendo un adolescente, a la altura del álbum Sansueña, y me convertí en uno de sus fans. Con el paso del tiempo yo también me hice músico, y ya entonces, hace 30 años, Darno me abrió la puerta de su casa, escuchó mis primeras canciones, y un poco después me otorgó el privilegio de pasar de ser un "fan" a ser un "par", compartiendo escenarios, grabaciones y hasta la composición de una canción a medias.

Rossana Taddei: En mi caso me marcó muchísimo su música, su originalidad, las letras de sus canciones, su poesía, las melodías y su personalidad. Por otra parte, su presencia en el escenario era muy cuidada e intensa. Considero importante que sigamos difundiendo su obra como la de otros referentes que ya no están, para que las nuevas generaciones no se pierdan toda la información que trae cada una se sus canciones.

Isabel de la Fuente: Él mismo decía que cantar era su forma de representar. Y por cierto, muchas de sus composiciones, así como también de los poemas y canciones de otros autores con los que trabajó tanto y tan bien, nos traen historias y personajes en un código absolutamente teatral o filmográfico... Habría que hacer un tratado aparte para hablar de su personalísimo estilo como cantante, sus fraseos, su énfasis particular sobre una palabra o apenas sobre un fonema y sus maravillosos melismas sobre las consonantes.

EL TROVADOR

Nelson Díaz: El 2016 hubiera sido un año de sentimientos encontrados para Eduardo. Por un lado, la alegría de que Dylan haya recibido el Noble de Literatura. Solía decir que Dylan había aportado más que suficiente a la literatura del siglo XX para recibir ese galardón. En ese sentido, Eduardo fue un visionario. E imagino su tristeza ante la muerte de Cohen. En cuanto a la obra de Eduardo, me parece de vital significancia para la música uruguaya. Hay belleza en lo aparentemente simple de sus composiciones y melodías de una impronta muy difícil de rastrear en la música nacional. Sus textos, al igual que los de Dylan, despojados de la música se valen por sí solos en el papel. Esto significa que deben ser considerados poesía y Eduardo un poeta.

Carlos da Silveira: La importancia de Eduardo en la música se puede medir por la influencia que ha tenido en algunos creadores más jóvenes como Garo, Walter Bordoni o Ernesto Tabárez. Y también a gente de la anterior oleada, con la que se produjo una especie de polinización cruzada, como Dino, con quien fueron muy compinches y compartían pasiones. Su memoria se mantendrá más allá de homenajes, porque tiene una obra impar: fue un músico poeta que dejó canciones inolvidables para quien, siendo sensible, haya sido expuesto una vez a su obra.

Estela Magnone: Creo que Darnauchans encarna una especie de "canción trovadoresca" bastante única dentro de la música uruguaya. Fue un artista de una gran fineza, en su composición y en su interpretación, muy reconocido por los que fuimos contemporáneos de su actividad.

Mariana Gerosa: En estos días anduve con una idea fija en la cabeza: la figura única de Darnauchans como poeta, músico, militantes de las causas justas. Darno ha sido un ejemplar único, porque surgió sin parecerse a nadie y aún hoy nadie vino a ocupar este espacio que dejó, como trovador. Es en ese punto en que lo asimilo a la figura de Dylan, como influencia confesa. Seres que nacidos en espacios diferentes, comparten una misma sensibilidad. Darno tuvo el don de ensamblar poesía y música y crear enormes canciones.

Isabel de la Fuente: Darnauchans fue sin dudas un gran poeta, un gran melodista y un gran performer, ya que si bien su escena fue siempre austera, había un claro cuidado en cada uno de sus gestos, sus miradas y en el particular movimiento de sus manos.

Walter Bordoni: En mi opinión, la obra de Eduardo es realmente única dentro de la música uruguaya; y yo diría, también, dentro del universo de la canción en lengua castellana. Cuando digo "única" me refiero a que, partiendo de una serie de influencias y referencias muy diversas, construyó un conjunto de canciones que no se parecen absolutamente a nada ni a nadie. Y lo más importante: además de esa originalidad, en su obra habita permanentemente la belleza, tanto a nivel letrístico como a nivel de sus increíbles melodías.

LA HORA DEL HOMENAJE

Carlos da Silveira: Mi participación será como uno de los guitarristas del grupo nuclear que va a acompañar a todos los cantantes. Después de haber tocado casi treinta años con Eduardo y quince en el trío con Bernardo Aguerre, agregados Gustavo Etchenique, nuestro baterista de cabecera, y Shyra que fue su bajista en los últimos diez años de carrera, es como no haber dejado de tocar juntos. Los ensayos han sido una experiencia gozosa porque nos hemos reencontrado con sus canciones, con viejos amigos con los que hemos tocado y conocimos nuevas personas que hacen honor a su obra. Ir a ensayar ha sido una instancia de placer y disfrute del arte, la amistad y también de compartir historias y vivencias que tuvimos con Eduardo.

Rossana Taddei: Lo que se viene viviendo en el armado de este concierto es muy intenso. Se mueven muchas emociones en todos los que estamos participando, ya que todos somos músicos que compartimos nuestra historia personal con el Darno, que lo queremos y admiramos, así que imaginate lo que va a ser la noche del 2 de marzo en esa sala tan imponente. Será una fiesta, un ritual de canciones y emociones.

Nelson Díaz: Será un honor, un placer y una emoción enorme por la relación que tuve con Eduardo. Y la alegría de saber que hay gente que se preocupa, como te decía antes, por mantener vivo el legado de su música, pese a que no se difunda con mayor frecuencia, como yo desearía, en la radio. Va a ser una noche muy especial.

Isabel de la Fuente: En mi caso es volver de alguna manera a producir a Darnauchans… Es el reencuentro con los músicos y amigos tan queridos, con los que otrora compartiéramos un sinfín de experiencias. Y fundamentalmente es traer a Darnauchans y a su obra nuevamente a la escena, nuevamente a los medios, para felicidad de los que siempre lo recuerdan y para sorpresa de quienes aún no lo conocen. Creo que un poco de eso se trata esto de los homenajes. Recordar, celebrar, divulgar… Buscando generar un espacio de encuentro, un “territorio Darnauchans” donde darnos cita.

Mariana Gerosa: Compartir este proceso es riquísimo y removedor. Sé que estamos construyendo memoria e identidad, y eso es una enorme responsabilidad.

Walter Bordoni: Sobre lo que va a hacer cada uno no puedo comentarte demasiado... Sí te puedo decir que yo voy a cantar "Un transeúnte" y "Balada para una mujer flaca", y que uno de los temas que cante Dino seguramente será "Madrugada filipina", el tema que escribimos a medias con Eduardo.

Estela Magnone: Voy a hacer dos de las canciones que hicimos en co-autoría, "Una canción gratuita", que fue la primera y "Y mañana y pasado y ayer", que fue la última. Como dato curioso, siempre me acuerdo que Eduardo nunca me dio personalmente una letra; siempre me las mandó por correo postal.

Rossana Taddei: Yo voy a cantar "Sin perder el tiempo", "Final" y "No existe".

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 02/2017))

tres poetas salvajes

Son tres muy buenos libros de poesía, dispares pero los tres con indudables señas rockeras y una urgencia que los vuelve intensos y contemporáneos. Configuración de la última orilla, del francés Michel Houellebecq, La vida es otra cosa, del argentino Martín Pérez, y Poemas para mi novia extranjera, del uruguayo Luis Pereira. Tres libros que merecen atentas lecturas y relecturas.

Bolaño. Empiezo por Bolaño. Por la sencilla razón de que esta reseña sobre ciertos poemarios aparecidos en los últimos meses puede y debe leerse como un desvío de una fallida reseña sobre la novela El espíritu de la ciencia ficción (*). Fallida, porque cae en la trampa de la superficie, es decir, la podredumbre del negocio editorial, los entredichos, y se suma al morbo por el que han circulado la mayoría de las páginas culturales respecto de la “operación Alfaguara”. Fallida, porque llevó a desviarse del centro gravitacional de esta novela de juventud del escritor chileno, que es precisamente la poesía. La poesía y la ciencia ficción, pero sobre todo la poesía, bien salvaje, la que corre por la sangre de los personajes de Bolaño en el saludablemente insensato DF de finales de los años 70.
El espíritu de la ciencia ficción es un libro que –como viene señalando con acierto la crítica– aparece como antecedente directo de Los detectives salvajes. Ese simple dato ya lo hace imprescindible, sin ánimo de precuela, simplemente de acercarnos a un borrador tan auténtico como desaliñado. Y su lectura incita a meterse con la menos conocida obra de Bolaño (a las grandes editoriales parece interesarles solamente la narrativa), a releer Los perros románticos, a meterse en el torrencial La Universidad desconocida. Y también a leer –porque la poesía no se lee, sino que se relee, y posiblemente el lector de poesía sea más traductor que otra cosa– a otros poetas que andan por ahí, al borde de los géneros, como Bolaño, con estos libros de extrema lucidez.

Pereira, el enamorado
Posbolchevique y acaso posromántico, hay un poeta que tiene una rítmica única de rastros beatnik y una tensión en la que se superponen cartas de amor, memorias borroneadas y circunstancias cotidianas llevadas a la altura de mito, de leyenda épica, o acaso estoica, como define Alfredo Fressia a la poética de Luis Pereira en el texto introductorio de Poemas para mi novia extranjera. El más reciente poemario de Pereira, publicado por Vox, lleva ritmo de “milonga rioplatense”, como subraya el poeta, sabiendo que esa milonga es travestida de otros ritmos que van desde la herencia neobarroca hasta los espirales del rock de grandes poetas como Bob Dylan y Leonard Cohen. Hay algunos textos más otoñales al principio del recorrido, con escenografía de Maldonado, para después volverse poeta extranjero (lo es, siempre, Pereira, como rasgo de identidad), romantizar, mandarse versos como “Yo conocí la Unión Soviética”, “En otra vida habría estudiado Humanidades”, “Hay o había apuro por desnudarnos”. Y un final muy preciso, confesional, cargado de humor, que culmina con el latiguillo “Yo quería ser como Antonio Cisneros/ y ser el objetivo de todas las mujeres de Lima”, y la auto-constatación de que no ha sido un poeta inglés, ni siquiera un mal poeta inglés. Pereira sigue disparando muy buenos versos desde “el patio trasero de las letras”. Irreductible.

Pérez, el gavilán
Hay poesía, como la de Pereira, que está al borde de la canción, que no sólo resiste la oralidad sino que en el terreno de la performance se vuelve esa cosa rítmica y sensual que tan bien probara Néstor Perlongher en el emblemático poema Cadáveres. La poesía de Martín Pérez, periodista argentino que desempolvó en La vida es otra cosa una serie de textos que escribió para un programa de radio de los 80 porteños, tiene también una fuerte identidad oral, al ser textos concebidos para ser leídos, de madrugada, en los intersticios de la resaca de la posdictadura argentina y con el impulso de relecturas de Louis-Ferdinand Céline, de una sensibilidad que podía identificarse entre Tom Waits y Juan Gelman sin ningún tipo de problemas. Llegan al papel casi 30 años después, y en esa magia de lo físico, del papel en tiempo presente, el libro vuelve a encender esa llama poética que tiene un cóctel de surrealismo, de beatnik, de poesía rock que se sabe al borde, al des/borde, con una pátina existencialista y de necesaria provocación. Pérez escribía desde un personaje, El Gavilán, para las madrugadas de Piso 93. Escribía cosas como ésta: “Simplemente, el mar existe/ es algo que no se puede negar/ Sobre todo si uno está ahí/ solo/ y ahogándose”.

Houellebecq, el cínico
Michel Houellebecq, como Bolaño, es un poeta-novelista, especie que no es tan común como parece. Son casos, sin embargo, bien diferentes. En Bolaño, la poesía es lo que nutre, en estado salvaje, novelas de la espesura de Los detectives salvajes, libros fuera de formato como La Universidad desconocida o la violencia hipercrítica de Entre paréntesis. Pero después el rastro se difumina; el poeta se ve neutralizado de alguna manera en la potencia narrativa del chileno. En Houellebecq sucede algo muy especial: la poesía del francés sintetiza, con minimalismo, humor y elegancia, el cinismo que subyace en toda su novelística, el que traslucen buena parte de sus personajes. Esto hace que un pequeño libro, Configuración de la última orilla, pueda provocar un aire similar al que produce la narrativa de Houellebecq. “He vivido muchas aventuras/ Preservativos usados/ Incluso visité la naturaleza/ Y me pareció desordenada”, empieza el capítulo 'Memorias de una polla', y podría haber sido escrito por el protagonista de Plataforma. Es un poeta de pocas palabras y siempre provocador. Y el libro tiene, en su condición bilingüe y de traducción del original en francés, la posibilidad de que el lector se apropie y busque sus propias palabras, construya su propio poema.

(*) Operación Alfaguara: Todo estaba más o menos tranquilo en el mapa literario de nuestra lengua. Alfaguara con un catálogo envejecido. Planeta perdiendo más y más prestigio. Literatura Random tratando de hacer pie con ediciones y reediciones de César Aira y otros autores más o menos desclasados. Tusquets asomando cabeza entre el desastre ajeno. Y Anagrama, el gigante catalán de los libros amarillos y grises, tratando de esquivar los pequeños golpes literarios de los sellos independientes de cada ciudad iberoamericana.
Lo único real en este escenario de grandes librerías es que la literatura pura y dura, la que experimenta, la que necesita de editores arriesgados, la que no se somete a la dictadura del marketing editorial, sufre y se ve acorralada en pequeñas librerías, en pequeños sellos, en los márgenes de suplementos culturales donde se sigue cotilleando sobre el Nobel otorgado a Bob Dylan y las últimas grandes noticias de los últimos meses siguen siendo la cacería morbosa en torno a la identidad de la italiana Elena Ferrante y la compra por parte del sello Alfaguara de todo el catálogo y manuscritos y hasta libretas de apuntes de Roberto Bolaño.
¿Por qué el sello Alfaguara decidió invertir millones en adquirir el catálogo Bolaño? Por razones varias, todas ellas más que entendibles, pero lo central está en la evidencia de que Alfaguara dejó de ser el sello pujante y exitoso de un grupo español con probadas prácticas coloniales (Santillana), para oficiar de objeto de prestigio de una corporación multinacional (Random House), lo que hace incluso que la pertinencia de la pregunta anterior pierda sentido. Porque Alfaguara está lejos de decidir sobre su destino y acciones. Lo hace, en todo caso, un poderoso grupo que tiene más que claro que lo “literario” es apenas un detalle decorativo en una empresa de papel impreso que necesita de toneladas de best sellers para seguir creciendo.
Random House, como queda más que claro, necesitaba respaldar a su nueva adquisición y encontró una operación ideal para llamar la atención de los medios. Bolaño, desde esta lógica, le sirve a Alfaguara para recargar un catálogo que ha envejecido en los últimos años a un ritmo alarmante. No alcanza con haber reeditado parte de la obra de Mario Bellatin (de hecho, fue el último gran golpe literario de Alfaguara) ni con mantener los fondos de prestigio con Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, José Saramago y Juan Carlos Onetti. De hecho, es probable que firmas como Carlos Fuentes y José Donoso, entre otras glorias de las letras iberoamericanas y de Alfaguara, se amontonen en estantes de librerías de usados y no vuelvan más a las vidrieras, y mucho menos a los grandes centros comerciales.
Bolaño se ha convertido en un objeto de cacería. En un hermoso cadáver ilustre que le da un poco de aire a Alfaguara. Es uno de los últimos de una especie en extinción, la del gran escritor latinoamericano. Porque es, y posiblemente no sea un exabrupto, el escritor más importante de nuestra lengua después de Jorge Luis Borges y Cortázar. Así lo prueban las canonizadas novelas 2666 y Los detectives salvajes, que Alfaguara se encargó en la reedición con que se abre la operación editorial de que sean más voluminosas y pesadas que las clásicas de Anagrama.
Si hubo un comprador, hubo un vendedor, y esa es la otra parte de una trama que tuvo más que entretenida a la prensa cultural. Y esa otra trama está en la ruptura definitiva de la familia llamémosle oficial (la viuda, los hijos) con Jorge Herralde (el editor de Anagrama), que lejos estuvieron de acabar la relación en buenos términos.
Ya se conocían las desavenencias respecto de la edición de 2666, libro que Bolaño sugirió que se editara en cuatro o cinco novelas separadas y que Herralde decidió que se hiciera en un solo volumen, con la aprobación del crítico literario Ignacio Echeverría, amigo personal del escritor y designado en el testamento como “consultor en asuntos literarios”. Hubo también otras desavenencias, relativas al manejo de los manuscritos y las ediciones posteriores a la muerte de Bolaño (sobre todo con La Universidad desconocida), pero todo explotó con el fuego cruzado entre Carolina López (la viuda), por un lado, y Herralde y Echeverría, por el otro, que nos permite enterarnos de la verdadera naturaleza de los malestares de ambas partes. Entre otras perlitas, todo parece centrarse en la forma en que López pretende “borrar” de la historia de Bolaño la relación sentimental que el escritor mantuvo en los últimos cinco años de vida con Carmen Pérez de Vega, por cierto, amiga personal de Echeverría.
¿Quién se beneficia de todo esto? La familia oficial, los grandes grupos editoriales y, por cierto, los futuros lectores (entre ellos los que aún no leyeron a Bolaño y pueden sentirse atraídos por este cotilleo). La movida también ha obligado a Anagrama a salir a buscar nuevos autores (dato también positivo), para seguir posicionada como editorial contemporánea y de riesgo.
En cuanto al libro “inédito”, El espíritu de la ciencia ficción, simplemente aparece como imprescindible para los numerosos bolañistas. Es bastante más que uno de la colección: respira al DF de los 80 y tiene el pulso del Bolaño de Los detectives salvajes. Es un salvaje manuscrito juvenil. Por último, un consejo a quienes todavía nunca leyeron ninguno de sus libros: o bien se dan de frente con 2666, o esperan a que Alfaguara reimprima Amuleto o Estrella distante, que son ideales para debutar en su lectura. No empiecen por El espíritu de la ciencia ficción. No cometan ese error.

puñetazos


El libro se llama Todo es una mierda. Así. Sin desvíos ni juegos de apariencias. Tropecé con él en las fucking redes sociales. Tenía ganas de leerlo. Se lo pedí a Leandro, su autor, argentino, hincha fanático de Independiente, según se puede comprobar en su perfil de Face. Lo mandó adjunto en word, ni siquiera en pdf. Dijo que la edición era chilena, del sello LaPollaLiteraria.cl, que él apenas tenía un ejemplar, que le encantaría que yo lo leyera y escribiera algo. 
Una puta mierda. 
Lo que yo quería era el libro. 
El objeto. 
Leerlo, sí, obvio, pero más que nada lo que quería era guardarlo en la biblioteca entre el Resaca del amigo Tito Days y la edición hecha mierda de Oda al niño prostituto del Cabeza.
Abrí el word.
Fui bajando el cursor.
Un poema tras otro.
"Ahora quiero ser escritor y no me sale nada".
El tipo miente.
Se siente escritor.
Y le salen cosas.
Puñetazos.
Le sale dolor, angustia, porque -literalmente- todo es una mierda.
Pienso en dos canciones.
La de Astrud, la de "Todo nos parece una mierda". No. No va por ahí. Astrud maneja la ironía. Este tipo no. Va en serio. Esto es punk punk. Pero punk introvertido, solitario, individualista, jodido. Busca algo fuerte, que nunca pasa, mientras pasan cosas fuertes y se decide no estar anestesiado.
La otra canción es de Parálisis Permanente. El himno que escribió Benavente. "Autosuficiencia". Va por ahí: "Me miro en el espejo y soy feliz/ y no pienso nunca en nadie más que en mí". Hay que ser fuerte. Porque el espejo no se rompe. Sigue reflejando. Así funciona la autoficción. Así es la poesía.
Decido jugar un juego.
Elegir un verso, una palabra, por texto.
Pruebo y no funciona.
En la segunda o tercera lectura tropiezo con el mejor momento del libro de Leandro. Se suele decir que es necesario alejarse de las cosas cotidianas para verse mejor, para contemplar. Una mierda. Leandro prefiere la versión escapista, la que necesita para que oficie de centro conceptual de todo-es-una-mierda. Ahí va:

"Tengo un amigo que es aviador y tiene horas de vuelo todas las semanas. Se me ocurrió decirle, mientras tomábamos una cerveza, que me lleve como acompañante en uno de sus vuelos. Solo quiero probar si desde el aire puedo ver más chica mi confusión".

Hay muchas cervezas en el libro.
Hay una derrota de Independiente.
Hay la rodilla de una rubia.
Hay domingo.
Por eso escribo estas líneas en domingo.
Un domingo gris, lluvioso y aquello de "la lluvia cae sobre Montevideo, hoy como ayer".
Buen libro.
Tal vez una mañana suene el timbre de casa (el cartero) y llegue un ejemplar a mi nombre en el que se lea TODO ES UNA MIERDA con tipografía roja (el libro). Espero que no sea el vecino de al lado con la mala noticia de un caño roto (así parece haberle pasado a Leandro Lozano), lo que parece ser una buena razón para no parar de tomar cerveza y escribir un libro como este.

Mucha mierda, Leandro!

gallo perverso


Hay una razón extra para no faltar al show que el próximo 16 de julio dará Peter Murphy en Teatro El Galpón. Volverá a subirse a un gran escenario montevideano el poeta rockero Marcelo Márquez, para presentar su primer disco solista titulado Lo perverso del amor. Todo un acontecimiento que permitirá revivir las míticas presentaciones de Los Gallos Humanos.
Han pasado veinte años de las Animaladas nocturnas, inolvidables performances en las que Márquez sacudió el under de esta ciudad con la densidad de una poesía heredera de Lautreamont y el apoyo del piano mágico de Fabián Hernández (ex Estómagos). Una mezcla explosiva entre un poeta volcánico y aires cabareteros, con una escena fuertemente física. No en vano, cuenta la leyenda, poeta y pianista se conocieron haciendo pesas en un gimnasio de Pando.
Disueltos Los Gallos Humanos, Márquez fue y vino varias veces entre España y Uruguay, y entre otras cosas publicó el libro Sombras nómadas, estridencias y poesías (Madrid, 2008), recopilación de poesías, letras de canciones y pequeños relatos. Hace un par de años formó la banda de rock gótico Responsables del Exceso, que llegó a mostrarse en La Diaria y el 7A Bar de Pando. Dos de los Responsables, Leonel Madera y Guillermo Umpiérrez, son los encargados de armar las bases de Lo perverso del amor. Si bien se extraña el talento del Hueso en la concepción musical, lograron armar un equipaje sonoro que acompaña con un buen touch electro-dark la crispada voz de Márquez.
Lo perverso del amor es el regreso al disco de uno de los artistas más frikis y exasperados de la escena rockera local. La incomodidad que produce en el escucha desprevenido y la sensación de fuera de tiempo se acaba cuando se vuelve performance, como sucederá en la previa de Murphy, o en las performances que viene dando Márquez -por estos días en España- con la formación uruguayo-catalana Neopatria.
No solamente hay noticias del Gallo poeta, el que ha vuelto a los escenarios es Fabián Hernández, esta vez al frente de Dos Palabras, un cuarteto electro-rock con el que viene ensayando desde hace años en Empalme Olmos. Hace poco grabaron los primeros demos. Habrá que estar atentos.

pescando canciones



La obra de Rossana Taddei sigue dando sorpresas. La cantautora prueba caminos diferentes de abordar la canción y arriesga en búsquedas sonoras. Pescando en el cielo es un cancionero en el que comparecen -como acompañantes y co-creadores- Gustavo Etchenique, Herman Klang y Santiago Montoro.

Desde que se dedica a pescar sonidos, a buscar nuevas texturas, Rossana Taddei no para de fraguar muy buenos discos. Sic Transit había sido un punto alto en su obra y luego deslumbró con Tra cielo e terra, un disco de exploración, de fusión entre ritmos alpinos y toques rockeros, para probarse versionando a poetas del Ticino, ese rinconcito de la Suiza italiana donde vivió varios años con su familia y vuelve todos los años, lugar de reencuentros con su hermano Claudio y donde ha cimentado un circuito de teatros y festivales.
Tal vez los viajes -me refiero a la parte práctica de los traslados-, llevó a idear nuevas maneras de transportar el circo sonoro ambulante de Rossana Taddei, sus canciones de ida y vuelta, entre el italiano y el español, entre poetas del Ticino y rioplatenses, en un equipaje liviano que fue armando junto con su compinche Gustavo Etchenique. Así se fue forjando ese concepto sonoro llamado Minimalmambo, de a dos, desde la batería y la voz, la percusión y la melodía, el mínimo para ir agregando elementos mínimos, lo estrictamente necesario.
Estos ejercicios, de canciones más despojadas, de discos acaso minimalistas, la llevaron a manejar con mayor ductilidad su instrumento natural, esa potente voz que fue encontrando mayor brillo sin la necesidad de destacar sobre la banda, alejándose del formato típico del cuarteto eléctrico. Y empezó otro proceso, que la lleva a profundizar el estado “en tránsito” de su música: componer desde lo mínimo para luego ir superponiendo capas imprescindibles. Así fue el viaje creativo de Pescando en el cielo, su nuevo disco.
Cuenta Rossana que la inspiración inicial de Pescando en el cielo surge de un texto de Henry David Thoreau, que pertenece al libro La vida en los bosques. “El tiempo es el río en el que voy a pescar”, escribe el poeta y filósofo estadounidense, y a partir de esa frase salió una primera canción, que ella siente poseída por “un clima salvaje y natural, similar a la vida de los bosques, momentos de luz, momentos de sombras, espacios transitados, recorridos conocidos y otros donde los caminos son una sorpresa, un refugio, un escondite”. Después vinieron las otras, con la particularidad de estar apoyadas sobre saltarinas líneas de teclados, lo que llevó a Taddei a convocar Herman Klang, veterano camarada de los tiempos de Camarón, la primera banda de los hermanos Taddei, allá por los primeros y funkeros años 90.
El teclado de Klang potencia el toque luminoso de las nuevas canciones de Taddei, como sucede en la musicalización del poema “Pausa”, de Juana de Ibarbourou, y se llevó a las mil maravillas con las percusiones de Echenique. Después se suma la guitarra de Santiago Montoro, habitual compañero de aventuras y que comparte con los otros dos una identidad musical muy definida y personal. No son simples instrumentistas, son creadores. Montoro aporta el toque más rockero, ahí, potente, en esa “Nave plateada”, por ejemplo, que está sobre el final del disco.
Taddei y sus amigos fueron de ese modo armando todas las canciones, algunas con letras propias, otras versiones de Megget, una sobre texto de Levrero, una versión de “Sin perder el tiempo” del Darno. “Con el cuarteto construimos todo el disco”, cuenta Taddei. “Somos cuatro músicos eclécticos, trabajando un repertorio ecléctico, cada uno con un sonido muy personal y potente. Me gusta trabajar en grupo, y meternos juntos en la mùsica, construir juntos, improvisar, divertirnos, y de esa forma van apareciendo las cosas que nos gustan”. Si alguien pensó que faltaba algún bajo, convocaron para grabar en dos temas a Nacho Mateu. Eligieron ese color del cuarteto teclado-guitarra-batería-voz, más liviano, más metálico, cuidando de no llenar todos los espacios, aunque no se dudó en integrar algún momento de flauta, un par de violines, una trompeta y guitarras invitadas.
Hay otros amigos convocados en Pescando en el cielo, que aportan otros colores vocales, otros juegos. Después de “La Celestina”, uno de los mejores momentos del disco, versión inolvidable de Taddei de la hermosa canción de la canadiense Lhasa de Sela, aparece Samantha Navarro para cantar la guitarrera “Tu arena”, luego Martín Buscaglia prestándose al juego lisérgico de la funkera “Hongos alucinógenos” y cierra ese tramo del disco Eli-u-Pena, en dúo con Taddei, en la despojada “Llueve”.

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, mayo de 2014))

ese yo jamás es tuyo (o tres versiones de por qué la poesía es anticapitalista)

Martín Barea Mattos: poeta y agitador cultural.


Entrevista con los poetas Héctor Hernandez Montecinos, Andrés Villalba y Martín Barea Mattos. La Ronda, Montevideo, año 2013. 

Poetas. Muchos poetas en mi ciudad, Montevideo, dando vueltas por ahí, leyendo, compartiendo una semana de versos y alcoholes varios. Se juntaron para celebrar un Mundial, vaya eufemismo para no decir festival o congreso, organizado por Barea Mattos y la movida de Ronda de Poetas. Todo un éxito. La figura estelar fue el chileno Zurita, pero pasaron muchos otros que fui conociendo mientras los grabamos leyendo, o en plan performance, para la televisión pública. Cada poeta debía decir un poema en algún lugar de la ciudad. Uno eligió una jaula del zoo, otro la fachada de una iglesia evangélica, otro el cementerio. Hubo de todo. 
Andrés Villalba en 18 de Julio y Minas.
Una tarde pasamos a buscar, por el teatro del Cerro, a un vate ecuatoriano llamado Andrés Villalba. Le sugerimos grabarlo muy cerca de allí, en la playa. No quiso. Se negó. Alegó que su poesía era urbana. Había poco tiempo y como treinta y cinco grados a la sombra. Terminamos en 18 de Julio, en la vereda del Banco República. Ese poeta me interesó, su actitud, su terquedad, su decir apurado y brumoso, su adrenalina. Mientras preparábamos la cámara, él y un poeta argentino fueron hasta un kiosco. Trajeron latas de cerveza para todos. Para matar el calor. Después de grabar a Villalba, caminé hasta la Biblioteca, para encontrarme con veteranos poetas uruguayos. Saludos varios y me fui de cabeza a una mesa de libros. Dejé trabajar al olfato. Las tapas, los tamaños, las tipografías. Primero compré el de Villalba. 
Héctor Hernández Montecinos en el puente de Sarmiento.
Muy cerca de su libro encontré otros dos que tampoco pude evitar: uno de un tal Héctor Hernández Montecinos y otro de Ernesto Carrión. Flechazo inmediato. Cada libro tenía más de trecientas páginas. Ahí adentro, en tanto ensimismamiento, estaba pasando algo. Los hojee y no dudé en llevarlos. Pesaban, como debe pesar la buena literatura. Y ahí me pegó el bichito: le propuse a Barea Mattos que quería entrevistarlos a todos: a Carrión, a Hernández Montecinos, a Villalba, y a él también, porque se me ocurrió que tenían una línea en común: todos nacidos a finales de los años 70, todos poetas de largo aliento, todos -al parecer- un poco locos. 
Al chileno, el tal Hernández Montecinos, lo grabamos la tarde siguiente para la televisión: dijo su poema en el puente de Sarmiento y Bulevar Artigas. Mostró algo de nerd, de raro, de border. Otro buen momento. Y llegó la hora pactada: jueves a las cinco de la tarde, en La Ronda. Faltó Carrión. Ya se había volado de Montevideo. Esa tarde hubo viento, tormenta, y terminando la charla de una hora y media y no se cuántas cervezas, un atardecer espléndido se disfrutó como pocos desde la esquina de Canelones y Ciudadela. Antes de encender el grabador, Hernández Montecinos contó de un gato, al que llamó Bellatín porque había vivido años en México y se había hecho muy amigo del gran escritor. Y como se sabe que Bellatin ama los perros, pensó que era buen nombre. El gato, cuenta el poeta, salía todas las noches y siempre volvía lastimado y particularmente exhausto. Dormía horas hasta recuperarse y volver a trasnochar. Un día lo siguió y pudo ver que su afición no eran las gatas, ni siquiera los otros gatos: gustaba de meterse debajo de los coches y aspirar los caños de escape. Le gustaban los estacionamientos, las zonas de parking. Un día, el gato no volvió. Pudo enterarse que murió en buena ley, drogándose con un coche que al maniobrarlo su dueño lo atropelló. El verdadero Bellatin, de paso por Santiago y por la casa de Hernández Montecinos, supo de la historia del gato que llevaba su nombre. Y como no le creía del todo a su amigo, este le dijo que pasara al cuarto de su madre, que estaba en ese momento acostada, mirando la televisión... A esa altura del relato ya estábamos todos en la mesa: el chileno, el ecuatoriano y dos uruguayos: Martín Barea Mattos y quien se dedicó a hacer una serie de preguntas acaso torpes pero que despertaron una buena charla.

***

¿Cuál creen ustedes que es el territorio de la poesía como lenguaje, como expresión, en un mundo tan complejo, como el contemporáneo?
Martín Barea Mattos: Voy a tirar una, porque hoy salió una entrevista a Zurita en La Diaria (Nota: se publicó en la edición del 14-11-2013) y él justamente dice algo que impacta. Dice que la poesía está en un devenir. En sus comienzos fue la poesía oral, en un mundo con Dios, y menciona justamente a los libros esenciales, el Corán, La Biblia, y afirma que hoy la poesía está bajo el yugo del lenguaje y del capital. O sea, que estaría en un periodo para mudar hacia otra nueva forma de poesía que él no se animaba siquiera a avizorar cuál era o cuál puede llegar a ser.
O sea que intuye un estado de transición...
MBM: Claro, que tal cual la conocíamos hoy: la poesía oral, la escrita, la performática, estaría jaqueada, digamos, en este mundo sin Dios, dominado por el lenguaje y por el capital. Y así como todos los hombres están rotos, la poesía también... está rota. Tá, no sé, la dejo ahí, como una cita de hoy, como para largar...
Andrés Villalba: Justamente, ahora, vengo de estar sentado un par de horas, ahí, en el Centro de Montevideo, en 18 de Julio. Había un viento terrible y se puso complicado. Volaba todo: polvo, basura. Estaba sucio, las calles sucias, las chicas un poco sucias... Simplemente pensé qué más, para qué tanto apuro, adónde vamos con tanto apuro, si todos vamos a parar al mismo hueco... No es fácil. A uno no le queda más que seguir siendo un cero a la izquierda. Y llegar siempre a un poema, o algo, por precariedad existencial, porque todo el mundo vive de una forma viciada... y el poema sería solo para maquillar la realidad, porque está demasiado feo todo, y cada vez es peor... Entonces, yo me quedo, con uno de los momentos más bonitos del evento, cuando le preguntaron a Zurita, hace dos días, en una entrevista que hizo, qué era lo que le preocupaba del futuro, de la muerte, o algo así. Y dijo: “no me gusta pensar en eso, pero me duele no poder seguir leyendo a poetas como Hector Hernández Montecinos, o como Ernesto Carrión”. No hay salida. Entonces, la poesía es simplemente ensimismarse para decir algo que ya dijo de ochocientas maneras diferentes... Y está también lo que se hablaba el otro día, de algo que alguna vez dijo Eduardo Milán, de que antes se decía “nadie escribe, todos leemos”, y ahora se dio la vuelta a la tortilla, de una forma radical, porque los que leen son precisamente los que escribimos, los que tenemos el mismo oficio, el oficio de perder.
Lo de perdedor, Andrés, está muy marcado en tu poesía. Me gustaría hablar un poco de eso, pero antes, Héctor, ¿querés agregar algo?
Héctor Hernández Montecinos:
¿Cuál es la pregunta?
Era sobre el territorio de la poesía, pero no me acuerdo bien de la formulación de la pregunta...
HHM: Tu pregunta sobre el territorio me parece super curiosa, porque fue el tema que tuvimos de conversación en la Casa del Escritor y fue también lo que me preguntó la niña de la televisión y lo que me preguntas ahora. En un país tan chiquito, que te pregunten tres veces sobre el “territorio”, en menos de dos días, es síntoma de una preocupación que está en ustedes, muy intensa. Cuando veo el mapa de Uruguay, me imagino que debe haber algún tipo de relación como de padre, madre e hijo con Argentina y Brasil, por ejemplo... Para mí, la poesía tiene que ver -más que con el territorio- con el habitar: habitar el lenguaje, habitar una obra, habitar un libro, habitar una historia, habitar una conciencia múltiple. Es como cuando preguntan qué es tu vida... y vida son precisamente los recuerdos de las cosas que uno habitó, o de personas que te habitaron. Eso es lo más cercano a vivir, que es una abstracción. Y entre esas cosas que habitaste o te habitaron, pues habita el territorio, habita el cuerpo, el cuerpo que ha entrado en ti, que es lo más parecido al amor. Y también habita el discurso, que es lo más cercano que tenemos a la poesía. Por lo tanto, esto lleva a que la poesía te enseña a habitar como persona, te enseña que hay tantos yo como tantos poemas pueden habitar en el universo. Y cada poema que se escribe lo escribe una persona distinta. Es por eso que la poesía es lo más anticapitalista del mundo, porque el capitalismo se basa en la propiedad privada, y nosotros tenemos la ilusión de que nuestro yo es nuestra propiedad privada. Creemos que somos yo, y nada más, que nuestro yo es único, indivisible, y que nuestra vida es nuestra cosa, toda esa noción de la identidad como una verdad en sí. Así funciona el capitalismo. Y la poesía, justamente, es lo más anticapitalista del mundo, porque -como dije antes- te enseña que ese yo jamás es tuyo...
Ese sería un nuevo nivel de conciencia... pero pienso en los blogs, en las redes sociales. ¿Cuánto afectan o no del devenir de la poesía?
DBM: Nunca tuve un blog. No me interesa. Tengo una visión paranoica de la red de redes: es un invento para las multinacionales, para los bancos, para los estados. Sirve para traficar datos, para perseguir... Entonces, los blogs no me seducen para nada. No me completa estar subiendo pensamientos y poemas. Me da un acto como patético en sí mismo. Y para ser patético, prefiero serlo entre gente de carne y hueso. Me reconforta más el encuentro carnal que el virtual... Somos tan elementales, la vida es tan elemental. Uno viene a morir, ¿no? Y ese es el fin...
AV: Dos veces pajero es ser pajero... virtualmente. (risas). ¿Ibas a decir algo, Héctor? Tu tienes un blog... De todos modos, una cosa como Facebook es muy útil; para tu conexión con amigos, con los que realmente quieres estar, pero a veces yo no sé qué decir cuando la máquina pregunta “¿en qué estás pensando?”. (risas)
HHM: Tampoco sé qué chucha hay que decir... Entonces, nunca pongo nada.
AV: A mi me parece que tu tienes qué decir. Por eso te preguntaba por el blog tuyo... como que estás siempre ahí, en la red.
HHM: Tenía fotolog, a comienzos del 2000. Ponía cosas divertidas... Luego tuve blog, y lo tengo todavía. Y tengo el Facebook, y el Twitter, y tengo todas esas cuestiones, pero mi relación que tuve de varios años se terminó por culpa de Facebook y la que tuve en Ecuador se terminó por culpa de Twitter. (risas)... Pero a mí me gusta Internet. Me gusta todo eso.
Justamente quería hablar de los blogs en relación al yo, a la estética que creo marca a la generación del 2000...
HHM:
Escribir en un blog, escribir en tu Facebook, escribir un libro, escribir en una servilleta, es exactamente lo mismo. No hay ninguna diferencia. No cambia nada. Tu escribes un poema y lo subes, o lo publicas en un libro...
AV: A mi me pasó, en mi librito último, que publiqué huevadas que le cargaba en Facebook a un amigo al que quiero muchísimo. Y como el Facebook se presta para cargar... como que me ensañaba y le jodía bien, y después salieron cosas buenas, de ejercitar un poco la ironía, y fueron para el libro.
HHM: De hecho, las redes sociales son menos yo que tener las cosas escondidas. Tengo amigos que jamás subirían un poema inédito, porque temen que se lo copien, no sé qué... ¿A quién le importan tus reputos poemas? Ese es un yo trastocado, un yo timorato y miserere. ¡Súbelo! Después la gente lo va a leer como todo en Facebook, si me gusta, si no me gusta, y ya está, se acabó. Dura cinco minutos. Y se acabó el poema...
AV: Además, si uno sube o pone algo, simplemente está pensando en alguien que le gusta, para que ponga me gusta... Y ahí ya cumplió su cometido. No hay más que eso.
HHM: Hay otro tema que me interesa: el hecho de que la Internet y las redes sociales mueven el pensamiento colectivo. Te permite saber lo que está pensando o representando el pensamiento de mucha gente al mismo tiempo. Me interesa, cuando pasa algo importante, cómo se lee en diferentes contextos. Me fascina esa rapidez de lectura, de procesamiento, de mucha información... me pasa mucho con Uruguay con las cosas que hace Mujica, el presidente. El otro día estábamos comiendo, en ese bar (Santa Catalina), y justo estaba en una mesa el presidente Mujica. Nos sacamos una foto con él, la subí en Facebook y tuve como 380 me gusta en un rato. Es muy sintomático que suceda eso, con las formas del pensamiento colectivo, como que el cuarto poder -que era la prensa- pasó a ser un quinto poder. Ahora la televisión le está copiando a Internet: pasan los videos de youtube, lo que se comenta en Twitter. La televisión perdió una batalla y en el futuro va a funcionar con contenidos de Internet, lo que marque el quinto poder, o sea las redes sociales. Es por eso que pienso que ese yo, el que aparece en el Facebook, no es un yo, es un yo en relación, una soledad interactiva... que acompaña.
MBM: Lo que dice Héctor, de ver pasar la cinta infinita del muro de los lamentos, a mí me divierte solo un rato. Es un zapping de pensamientos. Te divierte un rato, pero luego te empuja hacia tu yo de carne y hueso, al matérico, al que cierra la compu, se da vuelta y está en su espacio de acción.
AV: Es mucha pérdida de tiempo. Y hay que ver si uno está dispuesto a perder ese tiempo.
MBM: Claro. Pero yo voy a otra cosa... a que de un tiempo para acá, vengo trabajando en máquina de escribir, y cuando se me agota aquello que tenía en la cabeza, prendo la tele y copio la tele. Me pongo a procesar lo que estoy viendo y escuchando. Lo llevo a la máquina de escribir, porque la máquina me da todos los errores, todo, queda la marcha y la contramarcha del pensamiento. La escritura se acerca justamente al basural, a una estética del desecho, de esta cosa en la que vivimos, que no es lineal, ni perfecta. Entonces, nada. Para mí es eso: el yo es un ensamblaje, donde uno privilegia o posterga.
¿Cuál es la relación de cada uno de ustedes con el lenguaje?
AV: En el último tiempo, puedo decir que he abusado un poco de un cierto argot ecuatoriano y del uso de la ironía. Juro que aunque quiera escribir algo bonito, no me sale, me salen cosas muy torcidas, porque como que no me puedo desprendor de la experiencia inmediata. Y en las lecturas de poesía, allá en Ecuador, se cagan de risa. No soy tan histriónico como Jorge Alfonso, pero voy por ahí... Después está también la forma, digamos, de Nestor Perlongher, y ahí te vas preguntando cómo puede ser tan rico el lenguaje. Tenemos un idioma que es de los más barrocos del mundo, para sacarle el jugo. Y acá lo usamos al contrario de los españoles, que lo dejan diáfano. Acá le metemos más y más y más... y no creo que sea una intención, simplemente va saliendo y se va creciendo a la medida que se conocen más palabras y significados... Tu, Hector, siempre tuviste eso del tuco, de textos en prosa larga, que suelen resultar medio agresivos al lector. Simplemente, creo que uno va poniendo la dosis.
HHM: ¿Cuál era la pregunta?
De cómo se relacionan ustedes con el lenguaje... Lo que noto es que hay una zona común de transgénero, de borde. Y está el tema del yo, que ya hablamos, de un yo diferente a cómo lo usaban otras generaciones...
HHM:
Pues ya lo dijo Rimbaud: el yo es el otro... Y ya, no estamos inventando nada nuevo. Ya está todo inventado desde hace ciento ochenta años. Ahora estamos acatando el oráculo de Rimbaud.
AV: Yo a veces pienso qué se puede decir, en poesía, en lengua española, después de “Trilce”, de Cesar Vallejo... Ahí empezó y terminó todo. Yo creo eso. Después de “Trilce”, dices, qué pasó acá.
MBM: Creo en la performance, y eso hace que cada libro, cada obra que encare, sea un renacer, un cambiar la forma y lo que se está diciendo. En un libro se muere, en otro se nace. Y así como el cuidacoches me dice poeta, así como el mozo me dice poeta, siento que es un poder que me dan, entre los vecinos. Eso hace que sean tan importantes como lo que yo escribo, porque son ellos los que me dan su moneda de cambio y me dicen que oficio de poeta... Entonces, estoy dedicado a vivir con la ética de ellos. Estoy para defender ese lugar y para darles, al cuidacoches, al mozo, a los vecinos, a los amigos, y a los que me dan ese poder, una devolución. Por eso hablo de performance, en el sentido de que -en definitiva- es tan importante lo que escribimos como la forma en la que habitamos entre los pares, entre los vecinos. Esa es mi concepción del yo poeta. Y en cuanto al lenguaje, no soy yo el que tiene que decir nada acerca de ese “problema”... Porque, o está todo dicho, más que claro, o hay gente que se dedica a eso, como los comentaristas de fútbol. Lo mío, en todo caso, es jugar.
AV: De esas vainas, así, es que uno se nutre, saca mucho más riqueza... Es hibridez. Lo que yo he hecho siempre ha sido hibridez, promiscuidad textual, no necesariamente poesía. La palabra poeta es la que a mí sí me cabrea... Esa palabra llegó a la cúspide de la degradación.
HHM: ¿La pregunta?
AV: Si el amor es la respuesta. (risas)
MBM: Estábamos en eso, los problemas del yo y del lenguaje...
HHM: A mí el lenguaje no me importa para nada. En absoluto. Lo ocupo porque es lo más a mano que tengo para comunicarme, igual que el idioma, que es lo primero que aprendí. No va por ahí mi voz. No busco desterritorializar el lenguaje. No busco formulaciones lingüísticas. No busco defender lenguajes minoritarios. No me interesa. Soy un hispanohablante, y ya está, pero como nuestro lenguaje es muy amplio, es verdad que tengo varios registros de mis poemas en prosa, y es verdad que no utilizo el lenguaje que se habla. Es como que intentara hablar cada vez con menos personas, como que quisiera que mi mundo se reduzca a dos personas, y ya, la tranquilidad, la serenidad, la templanza, como la carta del Tarot, con la figura del ángel que vacía un jarro de agua a otro jarro de agua y no se sabe si sube o baja... Eso. Eso es lo que quiero yo... que puede ser la paja mental más grande, y eso me gusta, porque la realidad tampoco me gusta mucho. Dije algo la otra vez, entre broma y en serio, y algunos se enojaron... Dije que los seres humanos no me gustan, que me caen pésimo, que los odio a todos y sólo hago una tregua con algunos. Sonaba como chiste para la tele, pero en realidad no es chiste, es de verdad, entonces siento como que lo que yo escribo no intenta conectar con la realidad, con el el amor, con esas cosas... Me siento cercano al niño sordomudo que habita en la poesía, ese que no habla, que no es el yo virtual del Facebook ni este yo mono que habla y se expresa haciendo estupideces. Para darle voz a ese niño escribí un primer libro, luego otro y pronto vendrá un tercero. Y con ese se cierra, eso acaba el asunto, porque creo que la fidelidad a una ética, en mi poesía, es que yo vuelva al niño sordomudo y no más. Y está bien.
AV: Una pregunta dentro de la pregunta... Yo me acuerdo, Héctor, cuando estuvimos en Chile la otra vez, que tu dijiste que todos estábamos un poco de poetas, pero que solo Parra y Zurita eran...
HHM: Es que ellos son de los pocos que se acomodan a mi esquema. Lo dije también en un taller que hice acá, en Montevideo, en la Casa de los Escritores. Dije que normalmente confundimos muchos conceptos. Por ejemplo, arte, cultura y creatividad son cosas antagónicas, todas, que confundimos. El arte y la cultura foma parte de lo institucional, lo monumental, lo que mira de arriba hacia abajo, lo que llevamos a la escuela, a los pueblos, a los indígenas, en esa cosa de barrido del poder. La creatividad, en cambio, es lo que hace al ser humano capaz de superar conflictos. Si a alguien creativo se le rompe la bicicleta, la va a reparar... Y la poesía es un espacio de creatividad, que debe estar en lucha con las formulaciones del arte y de la cultura. Parra rompió la poesía como concepto de objeto cultural, rompió con la poesía monumental, con aura. Zurita rompe el concepto de arte. Para él, la poesía no alcanza en el libro, y eso lo hace capaz de escribir en el cielo, en el desierto, hacer performances, hacer mil cosas. Zurita hace explotar el arte... Pero hay un tercer estadio, que sería el de romper la creatividad. Me lo imagino como un momento colectivo, no de una persona, de un yo, sino de muchas operaciones colectivas que alguien va a poder visualizar y va a ser un nuevo Homero.
¿De dónde viene tu acercamiento a la poesía, Martín?
MBM: Precisamente quería retomar la idea del niño que manejó Hector, y antes manejó también Andrés. A mí muchas veces me preguntaron, la típica, desde cuando escribís, desde cuando no sé qué, la poesía, ¿no? Yo identifico dos momentos de la infancia, los dos en Buenos Aires, porque si bien nací acá, en Montevideo, a los seis años me fui a vivir a Buenos Aires y allí estuve hasta los trece. Es a los quince años que empiezo a escribir y a leer, deliberadamente, pero tengo un recuerdo muy especial de mis ocho años, en esa infancia porteña. Es un recuerdo que tiene que ver con la influencia de Luca Prodan, de Charly García, que era lo que pasaban en la radio mientras yo leía de noche. Y yo cantaba en la ducha, inventando, pero de repente no me alcanzó con haber inventado una canción. Iba y la escribía. Y hasta el día de hoy tengo esos papeles ahí guardados... Tenía ocho años. Y luego, ese mismo año, a la fiesta de fin de curso de la escuela, fui disfrazado de punk. Tengo las fotos. Para mí, todas esas acciones fueron la manifestación de una desterritorialidad, porque yo sabía que no era de Buenos Aires y ya tiraba un triángulo afectivo con Montevideo. Un volver y una cosa de estar ahí pero también de estar acá. Y todo eso me empujó como te empujan en la piscina, a flotar y aprender a nadar muy temprano. Porque había que habitarse. Esto lo planteo porque justamente es lo que me termina devolviendo la escritura: de nuevo al escenario, a la música, a lo más infantil, a lo más antojadizo, a habitar ese canto infantil. Como que siempre estoy por ahí.
AV: Pero también, yendo al origen, aprender a desenvolverse en algo tan precario, tan inmaterial, te lleva a la autodestrucción y a la locura. La poesía aúna a estos dos caminos, que van de la mano y es -además- in extremis onanista... Yo puedo decir que me crié con mi mamá, que era cantante de rock. Me crié entre micrófonos y escenarios. A los quince me estaba metiendo marihuana sin miedo y en esas vueltas cogí un disco de Doors que ella tenía y después lo traduje. Mi mamá es gringa y me hablaba en inglés. Y yo hablo inglés desde niño con ella. La canción decía: “y le toqué un muslo y el mundo sonrió”, y ahí es que me pregunto qué está pasando, qué es esa huevada. Ese fue el momento iniciático y desde allí como que tuve que aprender a flotar en esa piscina, como dice Martín. Y Morrison cantaba también que su cerebro estaba croando como un sapo, cosas así. Después de eso, a los diecinueve, devoré “Piedra del sol”. Me acuerdo de estar, abajo de un arbol bonito al que yo me iba a leer, en Quito, y Octavio Paz hablaba del sauce y “no hay nada en mí sino una larga herida”. Y después fue el “Poeta en Nueva York”, de Lorca, a una edad crucial, no como para querer ser escritor, o algo así, sino como lector de poesía. Y después, claro, yo fui padre muy niño, y viví en Italia, y tenía las obras completas de Cesar Vallejo. Tenía veinte años, leía eso, y ahí se cagó todo... Nunca se pudo decir más nada.
¿Y cuándo sentiste, Héctor, esa sensación de la piscina?
HHM: Es un poco ridículo, pero hace quince años escuché una canción que está sonando ahora... ¿Es Charly García? Escucho alguna cosita así, de curiosidad, Nirvana, cosas así, pero la música no me gusta. Tampoco me gusta el cine. Me he visto tres cuatro películas, con suerte. La última que vi fue “La Sirenita”, con mi hermana, cuando ella era chica.
¿Y las novelas?
HHM: Tampoco las novelas. Y los cuentos, los aborrezco. Por eso me gusta Bellatin, porque es un punto raro entre todo, entre la novela y el poema.
¿Preferís los ensayos?
HHM: Sí, pero más cercanos a las ciencias sociales. Y más específicamente, prefiero la teoría. Porque el ensayo y la teoría son distintos. Es como la diferencia entre cuento y relato... A mí me gusta la teoría: me gusta Deleuze, por ejemplo, porque piensa creativamente. Pero no vayas a leer a Deleuze como si fuera un ensayo, o buscando alguna verdad, o un contenido. Eso es una verga; hay que leerlo como un poema. No hay que buscar nada. Yo podría aplicarte a Deleuze, pero si me preguntás qué es el devenir no sabría qué decir. A Deleuze lo leo como poesía, busco la sensación, lo que me afecta, el modo en que yo voy a reafectar la realidad, los conceptos, o lo que sea...
¿Buscás una forma de la distorsión?
HHM: No... Es que lo mío no es distorsión; es al revés, lo diáfano. Las cosas están ahí. No hay que buscar, hay que mirar de otro modo. Nuestras vidas van tan aplastadas, tan cuadradas. Nuestro territorio personal, mental, es cada vez más chiquito, porque nos bombardean con el capitalismo, el consumo y todas esas cosas. En cambio, la poesía es nuestro algo, nuestra conciencia. Por eso la poesía es peligrosa. Porque cada día que pasa va agrandando las conciencias, las va haciendo más colectivas, cooperativas...
MBM: Me gustaría saber el punto de vista de Héctor y de Andrés sobre la idea que la poesía no se vende. Se sigue insistiendo que la poesía no tiene lectores y me parece un argumento falaz, mentiroso.
HHM: Lo que pasa es que los poderes oficiales cuentan cuántos libros de poesía se venden sobre cantidad de población. De ahí viene el error, y llegan a cifras tales como que cada uno lee un dieciseisavo de libro de poesía al mes. Si cuentas lo que se vende, es poco, pero si cuentas bibiliotecas, pdf, internet, fotocopias, la cosa cambia y se llevarían una sorpresa. Porque lo bueno es que la circulación de la poesía es horizontal, no vertical... Pero ellos cuentan vertical. Lo que hacen al contar así es lo mismo que pasa en la cultura, pero la creatividad -en este caso la poesía- tiene otras circulaciones.
¿De qué manera piensan que el capitalismo -a través del consumo, de la publicidad- afecta la acción de la poesía?
MBM:
La filosofía y la poesía, por ejemplo, están cada vez más en la boca de los curadores de arte, de los publicistas. O sea, el mundo se va acabando y quedan pocos manantiales donde abrevar... Por eso es justamente paradójico que la poesía suene tantas veces en publicidades y que lo poético sea como el plus del producto. Yo te vendo un televisor, pero el televisor es poético.
AV: Disculpen vuelva para atrás, pero quería reforzar un poco eso de lo que hablé respecto a la autodestrucción... Cuando uno es tan susceptible, y tiene veintitres años, y está ahí, como abierto, para que el mundo lo penetre, como que potencia una capacidad de atraer gente torcida. A mí me hicieron daño, demasiado daño. A esa edad yo leía a Cioran, que tenía ese aforismo espectacular: “La vejez, en definitiva, no es más que el castigo por haber vivido”. Pero por suerte pude salir, y ya conviene sosegarse... Y ya de reforzar esa vaina de la locura. O sea, es al revés de lo que se piensa... No necesitas flagelarte y autodestruirte para llegar al texto. El camino es al revés: a través del oficio consetudinario es que se alcanza un estado insular, completamente fuera del mundo. Está el verso estupendo de Viel Temperley, que dice “soy feliz, me han sacado del mundo”. A mí hay un ejemplo que me marcó, como cicatriz de pandillero, que es el de mi suegro, un pintor espectacular, que está ahora absolutamente chiflado: Luigi Stornaiolo. Alguna vez fue un tipo cuerdo, un tipo que estaba ahí, pero después de darle y darle, como su obra era tan agresiva, llegó a la locura, a través de su obra. Es como Carrión, que es un tipo serio, padre de familia, que parece inofensivo, pero está completamente chiflado por su obra... Ahora ya se reprodujo otra vez. Por eso le decía a Héctor, lo del texto de Fernando Vallejo, el escritor colombiano, que decía quiero hacer muy bien lo que sea el amor, porque es algo puro, y el sexo algo entretenido, ¡pero la reproducción es criminal! ¡No pagues con la misma moneda! Me parece que solo tenemos derecho de reproducirnos una vez...

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