el libro de la camarera


La semana pasada llegó de visita a Montevideo uno de mis mejores amigos. Las vueltas de la vida y del corazón lo llevaron a vivir a Zaragoza, ciudad con la que mantengo desde hace bastantes años una intensa empatía. Fabián trajo esta vez algunos regalos, entre ellos dos libros: "Guía de Mongolia" (que se lo encargué por recomendación efusiva de Adrián Dárgelos, quien dijo textualmente "es uno de los libros más increíbles que leí") y "Los idiotas prefieren la montaña" (envío especial de Ruben, el de Zona de Obras, mi gran amigo argento-zaragozano).
Empecé por la "Guía de Mongolia". Lo devoré. Es exactamente como dice Dárgelos.
Pero el otro libro, publicado por Xórdica y con la firma de una tal Aloma Rodríguez, me produjo algo más que sorpresa.
Como ya dije, el libro se llama "Los idiotas prefieren la montaña".
También lo devoré.
Tiene un asunto con la muerte, con la muerte más o menos joven de dos tipos a los que no conocí pero que de una u otra manera les sigo y les seguiré el rastro, aunque sean en apariencia vidas lejanas.
Aloma, la escribidora, se lo toma en plan autoficción. Como no podía ser de otra manera. Como enseña el maestro Carrere. Es un libro especial, de esos que se vuelven imprescindibles, de los que hay que escribir porque intentan burlar a la muerte, porque evidencian un asunto de necesidad física. Como este mismo texto, que escribo casi sin pensar y con la certeza de que esa lectura que acabo de terminar es apenas un episodio más de búsquedas que exceden lo literario y se entremezclan con rutas personales, con signos que dejan más desasosiego que certezas.
Escucho ahora mismo una canción: "Hazte camarera", de La Costa Brava.
Aloma, la escribidora, fue camarera del Bar Bacharach, un pub que queda frente por frente a La Casa Magnética, en el casco antiguo de Zaragoza y desde el que se puede ver una parte de la silueta de la Basílica del Pilar. Uno de los dueños del Bacharach, también escribidor -de hecho, el padre de Aloma le publicó uno de sus primeros poemarios en una editorial independiente-, se llamaba Sergio Algora y puso su voz en tres bandas claves del indie español: El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava.
Sergio tenía problemas del corazón. Lo sabían sus exnovias, su enamorada Maribel, su familia, sus amigos y las camareras Aloma y Almudena. Lo saben también los que escuchan las canciones de La Costa Brava o de sus grupos anteriores. Una noche, el corazón de Sergio dejó de funcionar. Tenía 39 años. Fue en el año 2008.
Ahí, en ese preciso momento, comienza el relato de Aloma. Lo que decide contar en "Los idiotas prefieren la montaña", frase que sale de uno de los tantos versos irónicos de Algora, uno muy especial con el que irritó a más de un aragonés amante del Cierzo y de los Pirineos.
Aloma es la camarera del Bacharach, uno de sus primeros trabajos reales después de licenciarse en Filología y terminaba de escribir su primera novela "París 3".
La aprendiz de escritora se tropezó con esa muerte, con la de su amigo Sergio. Y escribe fragmentos de cosas que pasaron, o que le contaron, o que relee en libros y canciones. Recupera de la memoria pequeñas situaciones. Lo hace muy bien. Arma una novela casi imposible, en tono novela real, en ese borde de acercarse y rondar la vida, que es lo mismo que coquetear con la muerte. Y lo sabe.
Pero la muerte la sorprende nuevamente, a ella, a Aloma, una segunda vez. Fue en su casa de Madrid. Año 2011. En el piso que comparte con su novio Barreiros, se queda a dormir otro de sus maestros, Félix Romeo, el escritor, también amigo de Sergio y testigo de las andanzas de El Niño Gusano en los años noventa. Félix nunca despertó. Otro zaragozano que muere joven, en su caso a los cuarenta y tres.
Aloma sabe que debe terminar el libro sobre Sergio, antes de que sigan sucediendo otras fallas del corazón. Lo hace. Lo publica en Xordica, la misma editorial que publicó algunos de los buenos libros de Sergio y de Félix.
Lo tituló "Los idiotas prefieren las montañas".

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Tengo una foto sacada en la puerta del Bacharach. Es del 2006. Esa misma noche habían tocado, en el Centro de Historia de Zaragoza, los locales de La Costa Brava y los uruguayos Max Capote y Dani Umpi. Esa misma noche fue la que me crucé por primera vez en mi vida con Esteban Hirschfeld, el teclista de Los Mockers, que se fue hasta Zaragoza para ver a Max Capote y terminamos haciéndonos grandes amigos. En el camerino, presencié el llanto emocionado de Leroy, el menor de los Machado, guitarrista de Capote, cuando le presentamos a Esteban que quería felicitarlo por su excelencia en el manejo del instrumento. Esteban era uno de sus héroes del garage-rock y se lo venía a encontrar en el culo del mundo, en un local del casco antiguo de Zaragoza.
Esa noche fuimos todos al Bacharach. A celebrar. También cruzamos a La Casa Magnética. Por allí deberían andar Aloma y Almudena. Por allí seguro que andaba Sergio. También Félix, a quien no pude entrevistar en esos días de 2006, aunque Ruben me insistió que era "la persona que tenés que conocer en Zaragoza".
Años después, ambienté una escena de mi novela "Los ojos de una ciudad china" en el Bacharach.
La protagonizan una camarera y el amigo aragonés de un tal Igor, que sigue la pista de Ziggy Stardust por diferentes ciudades. Meten en el maletero de un auto a un uruguayo insoportable que conocen esa noche, un ex guerrillero tupamaro que no para de hablar. Se lo llevan a Belchite. Un secuestro inesperado, por una noche. Lo llevan a una fiesta electrónica en el pueblo abandonado.
Esa es otra historia.
Casi ficción.
Es otra historia, lo sé, pero transcurre muy cerca de este libro de puta madre que acabo de leer y que escribió Aloma y me dan ganas de darme una vueltita por el Bacharach y tener la conversación que nunca tuve con Sergio, y también con Félix, y escuchar de unas cuantas historias que se me hace debo conocer y que seguro la única que las conoce es la camarera-escritora.

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Hace un rato empecé otro libro inesperado, otro que no estaba en mis planes: "Discotheque", de Félix Romeo. Lo conseguí fácil. Un par de sus libros están publicados en Anagrama y quedan algunas copias en Montevideo.
Sigo algunos rastros. No sé qué voy a encontrar. Sé que le voy a escribir a Aloma en busca de sus otros libros publicados por Xordica. Sé que esto no tiene fin, como las reescuchas de los discos de La Costa Brava, como tropezarme con los libros de Algora que no tengo, esperar alguna nueva novela de Ismael Grasa o de Miguel Serrano.
En breve se publica mi novela "Los ojos de una ciudad china". Se respiran en ellas muchas ciudades. Le pienso mandar algunos ejemplares a mi amigo Fabián. Que él se encargue de encontrar buenos lectores. Me tienta la posibilidad, además, que un día sea editada en un sello independiente de Zaragoza.

canciones sin palabras


La patria de un músico suele ser, en muchos casos, la relación íntima con su instrumento. Luciano Supervielle es inseparable del piano. Se debía, entre tantos viajes de texturas electrónicas y hiphop, un momento de “solo piano”. Así nació el proyecto instrumental pos Rêverie, un disco en el que se entrega a pleno a un territorio de canciones para piano.



Luciano Supervielle estampó la firma Piano en su primera aproximación profesional a la música. Tenía apenas 20 años cuando fue invitado a formar parte de Plátano Macho, fermental colectivo montevideano de hiphop en el que pudo meter su touch francés. Hacía poco tiempo que había llegado de París, ciudad donde nació en 1976, hijo de exiliados políticos.
La integración a Plátano fue la carta de presentación de Luciano, con el disco The Perro Convention, en el que mostró una elegante identidad musical que lo llevaría a ser convocado a participar, años después, en el seleccionado Bajofondo. Y sería, inesperado honor, el primer bajofondero en publicar un disco entero con su firma. Esa vez, en 2004, eligió el apellido Supervielle y contó con el apoyo de sus camaradas de tango electrónico para hacer un disco exquisito que sabe a Piazzolla pero también a otras calles musicales montevideanas envueltas en hiphop y que devela su oficio pianístico.
El piano es protagonista de Rêverie, de 2011, un disco de canciones propias y versiones de temas de Darnauchans, de Renato Russo, de Charly, de Los Estómagos, para el que Luciano eligió la grabación en vivo, acompañado por una banda de músicos amigos. Después de estas “ensoñaciones”, en un borde de pop sofisticado, Luciano decidió radicalizar la apuesta: el piano solo, con algunas capas de loops, de ruidos, de baterías, de scratches, pero esencialmente solo, con aires de concertista y la necesidad de dejar al instrumento como protagonista absoluto. Y con composiciones propias, por supuesto, aunque liberadas a improvisaciones y al viaje siempre emocional de la ejecución.
El resultado es Suite para piano & Pulso velado, un disco que se complementa con un libro de partituras y fotografías tomadas por Federico Rubio, Diego Velazco y Fernanda Montoro, y con un cortometraje realizado por Agustín Ferrando. Otro audiovisual, también firmado por Ferrando y publicado en Youtube hace dos años, anticipaba el proyecto ‘Suite’: una grabación en vivo en un salón del Palacio Taranco de ‘Sabelo’, la primera pieza que Supervielle hizo pública, una versión de una composición ya grabada por Bajofondo. Una guiñada a la performance clásica y las distintas identidades del músico: Luciano, el piano, un salón de alta sociedad; discretamente, a su izquierda, puede verse la luz de una computadora que suma capas de sonido que se vuelven imprescindibles y nada veladas.

¿De dónde viene tu relación con el piano? ¿De qué manera marca tu identidad musical?
El piano llega a mi vida a los ocho años. Era parte de mis actividades infantiles, como niño, como un juego. Había empezado mi formación musical con la guitarra, con una profesora, pero desde que una tía me regaló el piano y empecé a estudiarlo, se fue transformando en una relación muy especial. La relación de un músico con su instrumento es una cosa que se va forjando, que se va construyendo. Y el piano, para mí, se fue transformando en parte de mi personalidad, qué sé yo. Yo veo la imagen de un piano, escucho el sonido de un piano, y para mí significa algo diferente que para otra persona. Tengo un vínculo personal muy fuerte con el instrumento.

¿Por qué decidiste hacer un disco que tuviera al piano como protagonista casi absoluto?
Hace tiempo que tenía ganas de emprender un proyecto pianístico. Es un poco como volver a mi adolescencia, que fue la época en que más estudié, cuando pasaba varias horas por día frente al piano. Después, por distintas razones, dejé de tener esa disciplina de estudio y renuncié a la idea de hacer una carrera de concertista. Me vi más como compositor, dedicándome a hacer mi propia música. Pero bueno, como te digo, hace un tiempo que tengo ganas de volver a profundizar un poco en el piano. Y si bien en mis distintos trabajos musicales afloran distintas influencias, distintas herramientas, a veces unas más que otras, el piano siempre estuvo ahí. Así que decidí hacer este proyecto con el piano como protagonista, como centro de todo. De todos modos, creo que las influencias están ahí, que el hiphop y mis influencias de la música electrónica aparecen, también de la música clásica y de la música popular uruguaya, qué sé yo; todo lo que es mi formación musical aparece, en definitiva, en este disco, en torno al piano.

Los discos que has publicado con tu firma son bien diferentes entre sí: el que hiciste con Bajofondo, Rêverie y ahora Suite. A primera vista se podría leer como un camino de despojamiento, de pensar la interpretación como algo performático, inacabado, alejándote de la precisión de la electrónica. ¿Sentís que hay algo de eso?
Sí. Pero también lo que hay, y es una constante en mis discos y en la música de películas que he hecho, es una necesidad de reinventarme y de siempre estar ampliando mis posibilidades musicales y lo que tengo para decir. Quiero dejar claro, eso sí, que hacer un disco centrado en el piano no quiere decir que esté renunciando a todo lo demás... Es cierto lo que mencionás, de una suerte de necesidad mía, personal, que a su vez creo que también es una tendencia, de volver a esa cosa de tocar en vivo, de la performance, del foco en el músico tocando en vivo. Eso lo asocio a la crisis de la industria discográfica, como una de las razones, no la única, pero es evidente que muchos músicos hoy están dirigiendo su camino a lo que implica tocar en vivo, al contacto con el público directo. El disco ha pasado quizá a un segundo lugar. El show en vivo, estar arriba del escenario, dejarlo todo ahí ha vuelto a ser el foco principal de los artistas.

¿Qué otros elementos y conceptos vinculan a tus discos, desde tu mirada y decisiones creativas?
Una constante, en mi música, en mis discos, y creo que en este también, aunque de manera más velada, es la búsqueda del groove, del hipnotismo, de la repetición, de esa fluidez que está en el ritmo. El ritmo tiene siempre un rol protagónico y fundamental en mi música. Obviamente que acá, en este tipo de proyecto, en este disco en particular, la melodía toma un rol fundamental, quizá más que en otros discos. Este lo veo como canciones sin palabras, lo que de repente funciona como otra guiñada a la música clásica, una de las tantas que hay en el disco. Pero, como te digo, el hiphop siempre está ahí, es un motor. Ha sido una fuente de inspiración siempre. Es parte de mi sello personal.

¿Cuánto tiempo le dedicás al piano en tu vida cotidiana?
Trato de tocar todos los días, aunque sea una hora. Tengo muy claro que un concertista necesita tocar por lo menos cuatro o cinco horas por día y mantener una disciplina casi de entrenamiento de deportista. Como te decía, hace mucho tiempo que renuncié a ese nivel. De hecho, como pianista, en este disco estoy rozando mis límites, mis capacidades técnicas, porque se requiere cierta constancia para tocar algunas de las piezas.

techno montevideano


La exposición Clubraum Berlín, en el espacio del EAC (Espacio de Arte Contemporáneo) sirve de pretexto para un diálogo con tres referentes locales de la electrónica en Montevideo: Dj Koolt (Phonotheque), Paco (Gas/Grhk) y Alejo (The Warehouse). Una movida que viene teniendo un fuerte crecimiento y que mantiene rasgos de un fermental under alimentado por djs, músicos, productores de fiestas alternativas y clubes.

¿Cuánto se ha desarrollado, en los últimos años, la escena electrónica en Uruguay?
Alejo: La música electrónica en Uruguay, sobre todo en los últimos dos años, ha tenido un impulso casi exponencial. Esto en parte se debe al recambio generacional y a un fuerte crecimiento a nivel internacional de este lenguaje y estilo de música. Asimismo, llama la atención la cantidad de adeptos que ha tomado la electrónica a nivel local, pensando que Montevideo tiene solamente un millón y medio de habitantes. Acá hay movida de miércoles a domingos...
Paco: La escena había tenido un estancamiento importante, pero con una consistente movida que supo mantenerse a la sombra, creciendo en calidad más que en cantidad. Eso llevó a formar raíces de algo más real, con más alma, que lo que venía pasando en Argentina, donde se masificó pero perdiendo contenido real y calidad artística. Los nuevos productores y djs tienen un gusto más refinado y una forma de vivirlo más auténtica y con un nivel tremendo. A todo esto se suma la formación de varios colectivos, ediciones en digital y vinilo. Otro factor es que el nivel de las producciones, por parte de los clubes o organizadores, también pasó a otro nivel. Tanto en el club Phonoteque, que está a nivel de los mejores en infraestructura, funcionamiento y calidad musical, como en los que producen eventos puntuales en Montevideo o el interior.

¿Y la escena estrictamente techno?
DJ Koolt: También, y bastante más que en otras épocas. O sea, entendámonos: ha crecido mucho la escena electrónica en general en Uruguay y por ende la escena techno, más allá de que creo que a la mayoría del público, en las pistas de acá, le gusta más el house o el tech-house, y dejan el techno para ocasiones especiales. También es un tema de épocas, de modas y tendencias... Sin duda alguna, el techno está bastante más en boga a nivel mundial hoy en día que hace unos años.

¿Qué particularidades tiene la escena local?
DJ Koolt: Siempre lo digo y se lo cuento a cada persona que viene de otro país o que no conoce tanto el paño: Uruguay debe ser el único país en el mundo que tiene mas movida underground que comercial... Cuando la dance music en el mundo arrasa con todo, aquí es más fácil encontrar fiestas chicas con djs que pasan tremenda música. En Uruguay no hay superfiestas para miles de personas, con djs o pseudo djs tocando lo que suena en la radio. Creo que en Uruguay, hoy, no faltan lugares para hacer fiestas. Últimamente hay fiestas en todos lados, como dijo Alejo, de miércoles a domingo.
Alejo: Llama la atención la cantidad de gente joven y no tan joven que sale a divertirse sin importar que al otro día sea un día laborable… Miércoles y jueves se han transformado también en clásicos. La particularidad de esto es que en general e se generan ambientes de respeto, en los que las personas suelen conocer cierto tipo de límites, tanto con el prójimo como con uno mismo, porque al otro día hay que encarar. Respecto al tema de las locaciones, últimamente se ha tornado mucho más complicado. Se ha vuelto un trabajo arduo buscar locaciones que puedan albergar a más de mil personas y que cumplan con todas las normativas necesarias. Es un tema central en el proyecto en el estamos trabajando en The Warehouse, en la búsqueda para el desarrollo y fomento de zonas alternativas y que tengan una carga edilicia histórica o diferente, complementando la música electrónica con diferentes disciplinas artísticas alternativas como el arte urbano.
Paco: Una de las particularidades que siento que beneficia a la escena local es que está todo en familia. Eso genera una unión y un respeto que en general se mantiene entre todas las partes involucradas, lo cual hace que el camino sea más fácil de recorrer.

¿Cuál es el estado de la escena en lo relativo a artistas y productores, y a sus posibilidades de difusión de sus trabajos?
Paco: Generar espacios de difusión, en Uruguay, cuesta trabajo, dinero y mucha energía. Recién hoy en día se cuenta con una plataforma de radio de aire, Warehouse FM, así como varias radios por internet. Son buenas plataformas para mostrar sets y producciones a nivel nacional. Pero por otra parte, el mercado es muy pequeño y no permite un desarrollo de la industria a nivel de prensado y edición de vinilos. Lejos estamos de poder entrar a una tienda de discos con oferta de música electrónica, o tiendas especializadas en sintetizadores y equipamiento para producir.
DJ Koolt: De todos modos, para mí la escena electrónica uruguaya está viviendo el mejor momento de la historia en varios aspectos. Hay muchas más posibilidades para todos: desde el adolescente de cualquier estrato sociocultural que sueña con pasar música hasta el experimentado productor musical que tiene una carrera ya hecha, todos tenemos muchísimos más lugares para mostrar nuestros trabajos. Internet ha ayudado mucho. Aquello de que acá llega todo mucho más tarde ya fue. La misma música que aparece hoy en Europa la puede bajar un niño en Tacuarembó con una ceibalita y conexión a internet. Y a eso se suma que hay varios productores y djs uruguayos con sus propios proyectos pegando muy fuerte a nivel internacional, como por ejemplo Nicolas Lutz con su sello de vinilos My Own Jupiter, con base en Berlín, o Fede Lijt con su sello El Milagro Records. Sin ir mas lejos, mi amigo Z@p, dj y mano derecha en Phonotheque, se fue de gira por Europa y Asia y está tocando en clubes de Berlín, Kiev, Bucarest, Ibiza, Tokio y Seúl... Seguramente muy poca gente se entera de estos logros en nuestro país.
Alejo: Para el tamaño de país y para el tamaño de Montevideo, tenemos una movida artística de djs y productores muy fuerte. Hay mucha gente creando. Se respira en los clubes, lo ves en las redes y se siente en el aire. Es toda gente joven y no tan joven con muchas ganas de aprender, crear y seguir desarrollándose.

¿Cuánta es la importancia de exposiciones como CLUBRAUM Berlín, que permiten acercarse a uno de los centros de la cultura techno mundial?
DJ Koolt: Está bueno que haya cosas así: pocas veces se tiene la oportunidad de escuchar o ver algo concerniente a la música techno si no es en un boliche o fiesta. También me parece que tiene otro aspecto muy positivo, que es arrimar un tipo de público que si no es en algo así jamas saldría a escuchar o bailar techno. Creo que es hora de volver a demostrar que el techno va mucho más allá de las pistas de baile.
Alejo: Lo importante de CLUBRAUM Berlín es que genera cultura. Y además en un entorno espectacular como es el EAC, lugar que irónicamente tiene un peso histórico fuerte, ya que al ser una excárcel podés ver en los muros tanto como en algunas paredes de Berlín, lo cambiado que está el mundo y la ambigüedad de estar generando cultura en lugares donde hubo encierro y represión. Me parece que es muy acorde todo el marco del festival, ya que el techno y la música electrónica, en sus diferentes variantes, una de las cosas que buscan es la liberación del cuerpo, la mente y el alma mediante la danza, la introspección y la libertad de poder ser.

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Club Phonotheque
“De a poco, pero a paso firme, venimos cumpliendo con los objetivos que nos trazamos con Christian y Seba allá por 2013, cuando empezamos con el proyecto del club Phonotheque. Sabíamos que no iba a ser nada fácil, pero le teníamos tanta fe como las profundas ganas de ofrecerle al público y a los artistas un lugar en el que lo más importante fuera la música y el sonido. Nos posicionamos como el lugar under por excelencia de Montevideo, un club de culto en el que se le hace culto al dj, a los vinilos y al sonido, el lugar donde vas a escuchar y bailar tracks que sólo ahí se tocan. Estamos muy focalizados en el concepto que queremos seguir y sabemos bien lo que necesitan el público y los artistas para sentirse cómodos y gozar de la experiencia de tocar y bailar”. (Dj Koolt)

The Warehouse
“Por suerte los proyectos en los que estuve y estoy involucrado vienen marcando antecedentes interesantes, o a modo subjetivo, importantes dentro de la escena. The Warehouse se ha transformado en una plataforma multidisciplinaria que aparte de tener nuestra propia fiesta, también contamos con un programa de radio en FM (91.1 Radio Futura) todos los fines de semana de 0 a 3 AM, donde mostramos e involucramos a muchos artistas nacionales e internacionales. Ahora estamos trabajando en la tercera edición de Warehouse Dead que se realizará el 28 de octubre y que se ha transformado en una de las fiestas de disfraces más importantes de los últimos años”. (Alejo)

Gas Grabaciones
“El sello funciona muy bien y ya estamos para mandar a fabricar el 002, que estará pronto para el verano. Desarrollar todo es bastante complejo, porque estamos haciendo el master y la fabricación en Estados Unidos, y luego se distribuye por todo el mundo. Como productora, pasamos por varias etapas y tratando de adaptarnos a tanto cambio, cosa que nos llevó por diferentes caminos, hasta donde estamos hoy en día, como una plataforma consistente a nivel de producción de eventos para poder desarrollarlos con el contenido y las condiciones que hacen falta. El 10 de setiembre haremos un primer evento de Gas Grabaciones en MMBOX, con dos artistas argentinos y tres locales”. (Paco)

texto esencial


Pido y exijo que este texto se adjunte, como un virus malicioso, en cada estúpido debate provocado por uno de los tantos Enemigos del Arte Contemporáneo que pululan en las redes sociales, en cada uno de esos post donde los Guardianes del Pasado profesan su asco hacia toda manifestación artística que no entre en los cánones pre-Duchamp. Que se derrame sobre ellos, desde la Gran Nube, y se descargue en sus máquinas, este monumental ensayo de César Aira, el más temible de los defensores del Arte Contemporáneo.
Pido y exijo que lo lean, que dejen llevarse por los mecanismos internos de este texto esencial y culminante, y que tengan la valentía de asumir que viven en un miserable oscurantismo, defendiendo lo indefendible, perdiéndose la gran fiesta del Arte, eso que algunos un tanto frívolos pero esclarecidos contemporáneos no dudan en llamar pomposamente El Maravilloso Mundo del Arte. Solo compartiré, en este panfleto, en este libelo en el que invito a que el texto de Aira se ofrezca a precio módico en exposiciones y salas de arte, en galerías, en talleres, en clases de bachillerato artístico, en facultad de bellas artes, una sola de las ideas, la central, entre las que basa su argumentación el escritor argentino: "Es como si se hubiera entablado una carrera entre la obra de arte y la posibilidad técnica de su reproducción. Y quizá esta carrera, esta huida hacia adelante, es la que está dictando la forma que toma la obra de arte. (...) La obra se vuelve obra de arte, hoy, en tanto se adelanta un paso a la posibilidad de su reproducción".
Sobre el arte contemporáneo es una exposición sobresaliente que cuestiona, uno por uno, los argumentos de los Enemigos, en especial el que Aira llama el "difamatorio", el que sostiene el "cualquiercosismo" de la creatividad. El argentino se vale del escandaloso y temerario ejemplo del "periodo vache" de Magritte, cuando el artista belga optó por una forma irónica de utilizar la libertad total con la idea de burlarse de los galeristas, críticos y colegas parisinos. Una operación casi perfecta, como la del mingitorio de Duchamp, que Aira entiende únicas en su tiempo, necesidad y contexto, y que funcionan como ejemplos evidentes en los sucesivos casos de primera interpretación sardónica ("eso no es arte, eso es cualquier cosa"), de cualquier obra de Arte Contemporáneo que se precie de tal. Lisa y llanamente, esta interpretación vendría a ser el verdadero boomerang de los Enemigos, por ser el grado cero de la interpretación. De este modo, los Enemigos serían sistémicos al Arte Contemporáneo, al estar explicitando, con sus gritos en el cielo, la presencia de algo interesante, algo que no puede interpretar, que los perturba, que les hace ruido. Y, creánlo, eso no es fácil de hacer ni de provocar. No es cualquier cosa. Ni es tampoco pasible de una posible reproducción.
Hay más. Mucho más. Es Aira puro. Un eslabón para esclarecer aún más algunos elementos de su narrativa: la obsesión por el tiempo, la liebre que huye hacia adelante, el presente continuo, la guerra de los gimnasios, el arte como síntoma de imperfección.

ese asunto de la incertidumbre


Hay una canción que John Higgs probablemente nunca escuchó y no pudo utilizar como ejemplo de las simpáticas y heterodoxas argumentaciones que ensaya en el libro Historia alternativa del siglo XX. Higgs nunca escuchó a Sumo, banda de rock periférica y desconocida más allá del río de la Plata, liderada por un británico como él, Luca Prodan, que decidió radicarse en Argentina a finales de los años setenta. Nunca escuchó el genial estribillo "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya", que podría oficiar de un bucle más que ilustrativo de su historia alternativa, aunque esa canción sea más que perfecta para sintetizar varios de los capítulos del libro: la reafirmación del individualismo, el ello freudiano desacatado, el éxtasis del nihilismo, la adolescencia en estado puro, cierto aire de ciencia ficción surreal (el verso que abre la canción dice un enigmático "Hasta que choque China con África, te voy a perseguir"), la atracción -en definitiva- por el caos.
En suma, lo que canta Prodan en "Lo quiero ya", una canción que vendría a ser emblemática del siglo XX, visto desde una sensibilidad urbana y pequeño burguesa, reafirma la incertidumbre y el relativismo en estado puro con el que -según el ensayista- comenzó a moverse un siglo de transición, doloroso, en el que la Humanidad habría pasado a ser un colectivo de individuos desorientados luego de eras anteriores hegemonizadas por certidumbres más concretas, racionales y regidas por los caprichos de imperios y emperadores. Está claro que Higgs no tuvo a mano esa canción. Y esa falta, de la que no es responsable ya que viene a ser imposible que alguien pueda tener una visión total de los productos culturales de todo un siglo, simboliza -desde un ejemplo absurdo y caprichoso- el sesgo anglocéntrico del ensayo. Simboliza la relatividad de su propio éxito; la futilidad posmoderna e individual de un enfoque que busca una mirada totalizadora y se sabe parte del problema.
Es ese mismo lugar, acotado y resbaladizo, el que le permite a Higgs elegir como punto de partida el fin de los imperios, precisamente uno de los traumas británicos desde hace más de un siglo. Inglaterra, como otros países centrales europeos, sintió que el mundo conocido hasta finales del siglo XIX se derrumbaba, y eso es explicativo del contexto eurocéntrico de varios de los vectores que Higgs elige poner en juego: la teoría de la relatividad, el dadaísmo, la teoría freudiana, las andanzas del gurú lisérgico Timothy Leary. Otras miradas, desde el nuevo mundo poscolonial, habrían echado a andar otros puntos de fuga. Pero no es el tema de Higgs; que otros escriban sus historias alternativas. De hecho, otros siglos se vivieron en Asia, en África, incluso en Estados Unidos (el american dream se vuelve, en eso no falla Higgs, uno de los puntos centrales del relato, en la utopía del individualismo, las culturas adolescentes, la ciencia ficción, el rock), o en el sur americano, cercano ideológicamente al eurocentrismo, aunque en una versión más retardada en asumir y consumir tendencias, pero con no pocos ejemplos de lucidez extrema, como la mencionada canción de Sumo.
Historia alternativa del siglo XX es un libro escrito desde la elite, desde una idea de progresión histórica que hace entendible, por ejemplo, que la editorial española Taurus haya elegido ese título, que en realidad no es más que el subtítulo original. Debió llamarse Más extraño de lo que cabe imaginar, pero el subrayado en el enciclopédico concepto de "Historia" no es erróneo, ni mucho menos inocente. Le imprime mayor certidumbre al ensayo de Higgs, y lo aleja de cierto romanticismo ensayístico de otros libros más similares de lo que parece, como el célebre Rastros de carmín, del también británico Greil Marcus, quien arma un relato del esquivo siglo XX a través de las conexiones y los vasos comunicantes entre signos contraculturales que lo llevan del dadaísmo al punk, del situacionismo al nihilismo, y ubica como mantra central la poética de Sex Pistols en la canción "Anarchy in the UK".
No se busquen grandes novedades ni tampoco recetas ideológicas trasochadas en el pensamiento catártico de Higgs. Lo que sorprende gratamente es la habilidad que exhibe para definir e interpelar a un siglo que a todas vistas se clausura en la paradójica demostración del erróneo y posmoderno fin de la "Historia", preconizado por Fukuyama, en los instantes brutales del presente delirante revivido por millones durante el atentado de Nueva York del año 2001.
El siglo XX, sin embargo, todavía sobrevive en la incomprensión más o menos hegemónica -de las viejas generaciones, de la clase política más rancia, de las corporaciones- hacia un presente acelerado tecnológico y abstracto, difícil de comprender, revelador de una deriva que Higgs expone con una sorpresiva mirada optimista, respecto a una humanidad que lentamente abandona el individualismo para saberse parte de una entidad colectiva y que actúa en redes colaborativas.
No es fácil, para los ciudadanos del siglo XX, admitir que habría evidencias más que positivas en un mundo signado por la distopía de Un mundo feliz, políticamente correcto y vigilado con la herramienta de un panóptico virtual. No es fácil asumir que el sueño del individualismo feroz va de la mano con la maquinaria neoliberal del rock y las estrellas de cine, y de una perspectiva que no tiene otro camino que el desastre ecológico y la certeza -formulada por la neurociencia- de la imposibilidad del libre albedrío.
Historia alternativa del siglo XX es un libro abierto, caprichoso, disparador de nuevas reflexiones y miradas. Es un libro que dispara ideas y tal vez acierte bastante más de lo que parece. Pese a su anglocentrismo evidente. Pese a que no se mencione a Carlos Marx y desarticule el "problema" del Islam en apenas un pequeño párrafo. Pese a que su canción central sea "My way" (no precisamente en la versión freak de Sid Vicious) y no un himno acaso más bello como "Lo quiero ya", o el alarido anarquista de John Lydon tan bien amado por Marcus.

Palabras de Higgs

* "A medida que vamos envejeciendo, olvidamos el dolor y el sufrimiento de nuestra juventud y a cambio comenzamos a recordar más y más los momentos felices. La mente humana es una máquina nostálgica. Sospecho que las generaciones futuras idealizarán y volverán romántico mucho de lo ocurrido en el siglo XX, a pesar de Hiroshima o el Somme. Sin embargo, sin importar que los humanos seamos buenos para perdonar y olvidar el sufrimiento, también recordamos las injusticias. Y las injusticias del siglo XX —particularmente aquellas que tienen que ver contra el medio ambiente, cometidas por las corporaciones— serán recordadas muy claramente en el futuro. Estoy seguro". (fragmento de entrevista para el diario La Razón, de México)


* "El individualismo llegó a su techo en los años 80, pero con la llegada de internet las cosas han cambiado muchísimo. Esto se ve en la gente más joven, en la generación del milenio. Si estuviéramos en el siglo XX y viésemos a alguien hacerse una selfie pensaríamos: "Este chico es un narcisista que quiere hacerse una foto para luego mirarse". Pero un chico que se hace una selfie, no lo hace para verse él. Ese chico que se está haciendo la foto le está sonriendo a sus amigos, creando lazos con la gente que le rodea. Creo que se ha dado un cambio importante en cuanto al individualismo. Los chicos tienen ahora mucha responsabilidad, porque todo lo que escriben y cuelgan en las redes, les guste o no, puede recibir comentarios negativos". (fragmento de entrevista de entrevista para el diario ABC, de España)

* "Ocurrirán cosas que no podemos predecir, porque si hay una regla de oro en la Historia es que es completamente imprevisible. ¿Quién podría haber predicho la Teoría de la Relatividad, la energía atómica o internet? Si miramos el mundo actual con honestidad vemos cosas terribles como el cambio climático, la desigualdad, las guerras... A veces es un tanto aterrador. Pero pienso que si hay una generación que puede acabar con esto es la llamada "generación del milenio", la que ya ha nacido con el siglo XX mucho más interiorizado. Creo que el libro muestra que las cosas realmente nuevas, inesperadas y radicales siguen llegando, y eso me da esperanza. Soy optimista frente al futuro, tengo fe". (fragmento de entrevista para el diario El Mundo, de España)

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