dos fans y un exiliado


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Maxi Angelieri está de regreso en Montevideo. Fueron más de quince años en Roma y en este 2019 se abre un cruce de caminos que incluye la decisión de retomar o no la aventura musical llamada Exilio Psíquico, o bien la de Casi Exilio Psíquico, formato que eligió para Jugando siempre en segunda división, disco grabado con el auxilio de su gran amigo y camarada musical Riki Musso. Apenas llegó a Montevideo, ofreció un primer show en el Andorra, y desde esa emocionante noche en la que estuvo acompañado por Riki se lo ha visto en distintos escenarios. Compartió cartel con Excelentes Nadadores, estuvo como invitado en la presentación del disco de La Foca, entre otras apariciones que dejan bien claro que el plan de Angelieri está muy lejos de nostalgiar los años 90. De hecho, el músico no demoró ni diez minutos en sintonizar con la actual escena musical alternativa, y demostración de ello es una fecha acaso inesperada, junto con Patricia Turnes y Lali Gaspari. Fueron tres recitales en una sola noche, en un programa que explicitó el concepto de “Bienvenido-Benvenuto”, a través de la amistad musical con dos artistas que se mueven en el under y con propuestas indie-pop cercanas a la de Angelieri. Patricia y Lali son, y lo dejan claro, dos fans históricas de Exilio Psíquico; ambas presentaron en Teatro Ducon sus respectivos cancioneros, y Maxi Angelieri subió acompañado por Riki Musso (guitarra), Javier Depauli (bajo) y Andrés Coutinho (batería), en formación Casi Exilio Psíquico. Se sacaron las ganas de tocar juntos por primera vez, de repasar viejas canciones de Exilio, y fue una oportunidad inmejorable para escuchar canciones de los discos Gris, de Lali Gaspari, y Yo tenía una vida, de Patricia Turnes.

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Fans de Exilio Psíquico
Patricia Turnes: “A principio de los años noventa yo estaba muy interesada en propuestas experimentales y rupturistas como la de Gallos Humanos. Tenía una revista subte, iba a bailar a Amarillo y también iba a recitales de rock. Por allá por 1994, conocí a Exilio Psíquico, que me rompió todos los esquemas. Antes de cada recital, Maxi decía: “Nosotros somos Exilio Psíquico, ¡ustedes no!”. Podía sonar antipática la presentación pero yo me identificaba mucho con aquel espíritu agresivo, de choque. La de ellos era una actitud punk, muy teatral. Pero además ¡el nombre! ¡Exilio Psíquico! Yo me sentía tan extraña en aquellos años… ¡cómo no me iba a fanatizar con una banda con ese nombre! Maximiliano aparecía con una cicatriz pintada en la pelada y los ojos pintados. Me divertía su rareza y también que hablara en cocoliche. “¿De dónde sos? ¿Qué cosa hacés? ¿Por qué viniste?”, hasta eso me pegaba, porque yo viví muchos años fuera de Uruguay. Maxi tocaba el teclado y Orlando Fernández era el guitarrista que siempre lo acompañaba. A mediados de los noventas Exilio Psíquico llegó a presentarse en formato gran banda. Se sumaron Popo Romano en bajo, Gustavo Etchenique en batería, Riki Musso en guitarra, Fernando Notaro en teclado y Jorge Rodríguez en violín. Las letras eran geniales: irónicas, jodonas, non sense, pero a veces eran profundas y tristes. Exilio era una banda bailable, ese era otro punto fuerte. Todavía me pasa que pongo Oi antropoi y Música cheta y me pongo a cantar las canciones y a bailar sola en casa”.

Lali Gaspari:Mi relación con Exilio Psíquico empezó en verdad a partir del cine. A mi me gustaba mucho mirar 25 Watts, y la miraba todo el tiempo porque no tenía Internet y la tenía en la computadora. En una de las escenas suena de fondo “Yo sé”, canción que me atrapó de inmediato por la letra. Por un tiempo sólo escuchaba esa canción y después indagué un poco más y llegué a un disco que nomás por su nombre -Música cheta- me gustaba y me daba gracia. Un poco lo que me pasa con las letras del tano es eso, que me dan gracia aunque sean potencialmente tristes. Me gusta la música que genera esas cosas, que te hace mover el pie a un ritmo alegre, que las letras manejan un gran sentido del humor, pero que el trasfondo es más bien oscuro y amargo. Yo necesito un poco de esa amargura, aparte. Sobre todo para empatizar”.

Jugar en equipo
Lali Gaspari: “Cuando Maxi volvió a Montevideo, obviamente fui a verlo, y ahí fue que me encontré con Patricia, en el Andorra. Yo había sacado hace poco mi primer disco y Patricia el suyo. Estuvimos rato conversando de lo mucho que nos gustaba Exilio, así que nos pareció que tenía sentido armar una fecha juntas e invitarlo a Maxi”.

Patricia Turnes: “¡Teníamos que organizar juntas un toque de bienvenida a Maxi Angelieri! Nos copamos con la idea. Yo -que no era música cuando era fanática de Exilio Psíquico sino estudiante de periodismo- pensé que no podía perderme la experiencia de tocar junto a mi ídolo de la juventud y, de paso cañazo, concretábamos una ansiada fecha con Lali. Cuando le conté a Fabrizio Rossi y a Flavio Lira de este toque se entusiasmaron y me dijeron que ellos querían tocar conmigo. Por otro lado Lali, Maxi y yo también ensayamos una vez por semana. Vamos a hacer tres canciones, una de cada uno de nosotros pero versionada y adaptada por los tres”.

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YO TENÍA UNA VIDA
A fines de 2018 se publicó por Feel de Agua el segundo disco de Patricia Turnes, Yo tenía una vida, grabado junto a Flavio Lira (Carmen Sandiego, Las Valerias, Amigovio) y Fabrizio Rossi (Dúo Melódico, Mux). Es una mezcla explosiva: una escritora friki que se interna en el terreno de la canción y sus ideas son potenciadas por dos músicos que no le temen a a experimentar y saltar al vacío. “Tanto Fabrizio como Flavio se ofrecieron a formar una banda conmigo. Querían que yo me liberara un poco del rol de cantautora con la guitarra y me dedicara más a componer y a cantar. Al disco lo concebimos como un laboratorio en el cual experimentar con distintos géneros: pop, folklore, trap, techno, etc. Todo el proceso duró un año y medio más o menos. La idea es que los personajes centrales de cada canción tuvieron que sobreponerse a distintos tipos de pérdidas: de un amor, una pareja, un padre. Cambiaron, mutaron, sufrieron un cambio de estado, quisieran ellos o no. Pero el cambio que está detrás del título también alude al fin de situaciones que ya no nos reconfortan, a cortar con el pasado, a dejar atrás lo que ya no forma parte de nosotros, a renacer. Si tuviera que describir mi viaje musical, diría que mis canciones narran pequeñas historias y están llenas de humor, cursilería y extrañeza”.

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GRIS
El proyecto Gris, asegura Lali Gaspari, se comenzó a fraguar en 1996 y se materializó finalmente en 2018, en estudio Yacaré, con el apoyo técnico en la grabación y mezcla de Fabrizio Rossi. Lali toca todos los pianos y se encarga de las voces, acompañada por momentos por bajos, guitarras y cuerdas. Son canciones vaporosas y al mismo tiempo super densas, que se juegan entre melodías a baja altura y una ligera hipnosis que hace que la voz se deslice con elegancia. “El disco fue el resultado de una hoja en blanco que decidí llenar sin limitarme a un estilo puntual. Si bien desde chica toqué el piano y fui tecladista de bandas bastante diferentes, siempre me limité a hacer arreglos sobre composiciones ajenas. Nunca me había animado a hacer una canción de principio a fin. La experiencia de grabar con Desayuno Continental fue esencial para que pudiera largarme a hacer mis cosas. Armar los temas, desarmarlos, rearmarlos, darle todas las vueltas que se me ocurriera antes de llevarlos a un estudio. Ese fue el viaje más lindo, en realidad, poder plasmar cosas que estaban encerradas en mi cabeza a algo que pudiera compartir con un grupo de músicos para luego llevar a la “realidad”. Fue muy liberador”.

ese ruido que llevamos dentro


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Tres discos publicados en la década pasada anteceden a Celeste lado A, resurrección de Danteinferno que confirma que la asociación sónica entre la guitarra de Pancho Coelho y la bata de Martín Recto sigue más que saludable. Los desvíos que ambos músicos han tomado, entre los apuntes solistas de Coelho y su integración a Buenos Muchachos, o la apuesta decididamente ruidista-experimental de Recto con el dúo Chino, no han hecho más que consolidarlos como instrumentistas y sobre todo en la contundencia de sus planes en conjunto. Para el regreso convocaron al bajista de Hijo Agrio. Muy buena elección. Y decidieron grabar en una chacra, en un lugar bien apartado del campo uruguayo, en el departamento de Flores.
Celeste lado A es un disco que focaliza tres de las claves del sonido de Danteinferno (el ruido, la crudeza, la hipnosis), parece dejar atrás posibles escapes hacia el pop o incluso cenizas del 'heavy carolo' que promulgaban los Pompas, banda que supo tener entre sus integrantes a Coelho. ¿Qué es lo que se escucha en Celeste lado A? Un sonido áspero pero al mismo transparente, con todos los ingredientes bien delineados, piezas de una máquina solvente y espirituosa. Es un sonido que hace juego con la foto de portada, con la bruma matinal campera, pero que puede definirse como un estado de pretormenta, de un domingo gris en el que parece que todo es igual, pero no, porque las capas sonoras se suman, a veces aturden y otras veces los ritmos se descomponen hasta disolverse, o bien entran voces en estado mántrico y hasta puede pasar que aparezca una guitarra acústica. ¿Qué es lo que puede pasar en un recital de Danteinferno? Lo que suele pasar en este tipo de bandas que dignifican la experiencia y el rock como estado físico. Si el disco puede proyectar “ese ruido que todos llevamos dentro”, en el vivo todo se juega en el trance y en un convivio que manejan muy bien otras tantas bandas como Buenos Muchachos, por ejemplo, o los Hijo Agrio, por poner dos ejemplos cercanos. Lo de Danteinferno, si hay que precisarlo, apunta a bordes un poco más extremos.

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¿Cómo viven ustedes el regreso de Danteinferno?
Martín Recto: Lo vivimos con alegría. Es innegable la conexión musical que existe entre nosotros. Danteinferno sigue teniendo esa frescura y esa vertiginosidad de hace quince años. Fue fuerte experimentar que en la primera juntada entramos en un trance creativo del que salieron la mayoría de las bases que a posteriori conformaron el Celeste lado A. Creo que también el desarrollo de cada uno nos ayuda a poder materializar esos estados con un mayor nivel de conciencia.
Pancho Coelho: Ahora que está pronto el disco, me doy cuenta que necesitaba drenar un montón de música en 'modo-danteinferno'. Hay una predisposición para lo que escribo, canto y toco para la banda.

¿Cuánta era la necesidad de volver, esta vez en formato trío?

M.R.: Si bien Danteinferno tuvo varios formato (guitarra, bajo y batería, luego solo guitarra y batería, y un periodo de dos guitarras y batería), me interesaba particularmente diseñar el sonido de esta etapa con una base contundente y Pancho volando ahí con su magia arriba, más libre, más psicodélico. Increíblemente la idea funcionó. A Javier lo conocía de Hijo Agrio y ya sentía alta admiración por él. Es un flaco que aparte de manejar un sonido descomunal, puede sostener algo hasta el fin de los días. Es una locomotora.

P.C.: Fue asi. En reuniones con Martín, hace un año atrás, él me convenció de llamar a Javier (Gerfauo) y de incorporarlo. Resultó un crá.

¿Qué experiencias de cada uno de ustedes se meten en este nuevo disco?
P.C.: El nuevo disco chorrea experiencias personales. Se desborda de eso. En algunas soy muy consciente y en otras habrá que procesarlo con el tiempo. Con los discos anteriores me ha pasado de entender cosas mucho tiempo después.
M.R.: Las nuevas canciones nos representan en lo que somos al momento. La propuesta ahora es a mi juicio más densa, más directa. Se pueden reconocer en ellas las búsquedas estéticas en las que cada uno anda. Son un encuentro con lo que somos ahora cada uno y en relación con el resto.

¿Cómo se vincula con el campo, con lo rural, un sonido como el de Danteinferno, que es esencialmente urbano, por lo menos en el concepto, ya que se trata de música hipnótica, cruda, existencialista y ruidista? ¿Por qué decidieron grabar en un campo de Flores?
M.R.: El campo es algo realmente inspirador. Ese lugar, con ese horizonte a lo lejos, con el casco de estancia con esa madera vibrando. Una delicia, ahí, servida a nuestra disposición.
P.C.: La idea es el contraste. Nos fuimos buscando eso: aislarnos y salirnos del lugar común. A cada uno le pegó diferente, por su propia experiencia con la ciudad y el campo.

¿Una historia linda de contar de la grabación?
P.C.: Mirá, el lugar donde grabamos está rodeado de molinos de viento que daban un aire extraño, pero la gran sorpresa llegó a la noche, cuando los molinos se prenden de rojo, en forma intermitente. Al principio sentí miedo. Después me dio risa. Pero me sacó del lugar, porque era otro campo, uno más onda Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.


no le temerás a albert pla

Albert Pla y Pedro Páramo, abril de 2019.

Hace exactamente nueve años escribí un artículo bastante largo sobre Albert Pla. Se publicó en la desaparecida revista Freeway con el título "El malo de la película se llama Albert Pla". Iba a ser una entrevista y terminó siendo un texto sobre la imposibilidad de hacer una entrevista. El resultado de un primer cuestionario vía email y luego de una breve y exasperante charla telefónica con alguien llamado Albert Pla, que mostró una pasmosa tranquilidad, como si acabara de salir de un spa, no pasó de monosílabos y la constatación de que Leo Masliah es uno de sus artistas preferidos. Tuve que optar esa vez por un relato alternativo, para el que me ayudaron dos buenos amigos: Marcelo Bertalmío (el cineasta uruguayo radicado en Barcelona, quien me inició en la literatura de Roberto Bolaño y es fan ultradical de Pla) y Martina Gadea (cantautora uruguaya y amiga personal de Pla). Ambos dieron algunas buenas pistas sobre quién es Pla y ayudaron a alimentar el misterio.
Al manager del artista le gustó aquella nota y hace unos días decidió contactarme vía email para ofrecer una previa al espectáculo que vendrá a presentar Albert Pla las noches del 11 y 12 de mayo de 2019 al Solís. Me recomendó hablar a distancia, por whatsapp. Le contesté que sí, pero que prefería por correo electrónico, valorando tener más chances en un intercambio escrito que en una conversación que derivara en respuestas breves y silencios incómodos. Sabía que igual iba a perder, que todo iba a salir mal, como la primera vez, como le pasó a decenas de periodistas que intentaron, intentan o intentarán entrevistar a Albert Pla.

Parte uno: Albert Pla
El espectáculo 2019 del catalán se llama Miedo. No tengo exactamente "miedo" al fracaso, ni tampoco parece importante ese detalle, aunque la primera pregunta que decido enviarle refiere a lo que dice Charly García en "No bombardeen Buenos Aires" ("tengo hambre, tengo miedo"). O sea, busqué acertar algún punto de interés inesperado. Tenía otras cartas en la manga, entre ellas la sabida decepción (por decir una palabra suave) de Albert respecto a España y hacia la monarquía, y su adhesión histórica y radical a causas independentistas.
Recibí, algunas horas después, las respuestas. Calificarlas de respuestas es una interpretación optimista. Una serie de evasivas y desvíos más o menos erráticos derrumbaban las mínimas esperanzas que tuve al escribir las preguntas. No conocía a Charly García (era lo más lógico, pocos conocen a Charly fuera de-la-Argentina y el Río de la Plata) y tampoco la canción a la que refería la pregunta. Dijo que tenía miedo de sí mismo y de mil ochocientas cincuenta cosas más, entre ellas los smartphones, y se excusó elegantemente de responder preguntas de coyuntura política ("mis opiniones están penadas en España con entre cinco a quince años de prisión"). A la pregunta de por qué se puso a escribir un espectáculo sobre el miedo, de si era por la votación de Vox y las declaraciones de Andrés Calamaro, responde que miedo le pareció "una palabra muy corta con significados larquísimos".
Entre los pocos aportes logrados por el cuestionario, se puede destacar que elige la linterna como la aplicación más útil de su teléfono móvil y que se divirtió mucho dirigiendo el clip que hizo de la canción "América es más grande", cantada a dúo por Kiko Veneno y Martín Buscaglia. Poco, muy poco, o más bien nada que pudiera ser interesante para armar y sostener una nota digna. Pero encontré un detalle nada menor. La pregunta más naïf (¿por qué le había gustado la nota publicada en Freeway?), tuvo una respuesta desconcertante: "Jamás leí una nota mía", escribió. Este detalle, lejos de lastimar mi ego periodístico me alentó a pensar varias estrategias para seguir dando pelea. La primera fue que debía entrevistar al manager, con la convicción de que el verdadero diálogo de hace nueve años, y también el del aquí y ahora, sigue siendo entre periodista y manager. Pla es meramente el pretexto. Viene a ser, ni más ni menos, un artista genial que se desentiende de cuestiones triviales. Y el manager, supuse, podría (y debería) tener la secreta chance de contestar algunas preguntas interesantes. ¿La actitud de Pla es signo de estupidez, de alguna incapacidad comunicacional, o simplemente un juego, con algo de pose o de reivindicación de un secreto? Cosas por el estilo. En efecto, Pedro Páramo es el responsable de reavivar el desafío en este año 2019. Sí, leyó bien estimado lector: el manager se llama Pedro Páramo y no es un gafe ni un recurso literario. ¿Quién mejor que él para contarnos algo privado y que no sepamos sobre Albert Pla?

Parte dos: Pedro Páramo
No vayan a pensar que Pedro Páramo solucionó el problema. No hubo magia alguna en la conversación ni el espíritu de Rulfo le escribió el guion adecuado a mis intereses de hacer "la nota distinta". Tal vez no fueran interesantes las preguntas. Me dejó, eso sí, perplejo. Sentí el fracaso al tropezar con una segunda piedra. Pedro Páramo dice que llamarse así lo lleva estupendamente, porque "le da un plus cuando habla con un gestor o un programador cultural o un periodista, sobre todo si es mexicano" (¿debería desviar la conversación a la novela de Juan Rulfo, alejarme definitivamente de la novela catalana?). Me cuenta luego que Albert y él "empezaron a trabajar juntos en el año 1995" (lo que indica que lo conoce muy pero muy bien) y que lo vive como "un laburo muy gratificante donde hay que poner aptitud, pasión y trabajo para obtener buenos resultados" (temo dormirme si siguen más respuestas por el estilo). Y agrega: "Albert es un artista muy creativo que propone cosas nuevas constantemente y yo como productor me encargo de conseguirlas" (más bostezos).
El error estaba ahí, explícito: el manager no daría un solo paso en falso. Ninguno. No entregaría un mínimo desliz, nada que lo pusiera en aprietos. Seguramente Pedro Páramo tenga mucho para contar sobre Albert Pla. Veinticuatro años son muchas horas, muchas carreteras, muchas copas. Pero no es este el momento. Tal vez exista una futura oportunidad, pero habrá que esperar y sobre todo jugar en un mano a mano. Imposible "a distancia". Otra prueba más que da la razón a los que detestan las entrevistas telefónicas y las entrevistas por email con personas que no están dispuestas a decir/escribir absolutamente nada fuera del libreto. No se puede mirar a la cara. No se puede ejercer ningún tipo de persuasión. Le pregunto, ya tirado en la lona y humillado, si a él le gustaría que Albert fuera más "razonable", entendiendo como razonable una mejor comunicación con los entrevistadores. Le pregunto aquello de si es estupidez, incapacidad, juego, pose o secreto. Juego fuerte, más allá de toda elegancia. "Nada de eso, simplemente son sus señas de identidad. Le cuesta hacer entrevistas y no le gusta mucho hablar de sus proyectos... Prefiere, en todo caso, que lo contéis los periodistas".
Así que, en este momento del relato, me toca "trabajar" y seguir los deseos del artista. Me toca entonces informar que Miedo es una apuesta multimedia muy original, que cuenta una historia a través de la música, textos teatrales y tecnologías vanguardistas, entre ellas el video mapping y que además es una puesta en escena que sorprenderá a todos los asistentes. El superlativo último se debe a que estoy siendo (casi) literal con palabras de Pedro Páramo, y ahora lo seré también con otras que me había dicho antes Albert Pla: eso de que en Miedo se sacó las ganas de compartir el escenario con gente que no está en realidad en el escenario y de que, por si alguien lo dudaba, no tiene miedo alguno de subirse a un escenario (siempre pensé ingenuamente que todos los artistas lo tenían).

Parte tres: deconstrucción
Pasé a un tercer y último intento: la mirada de los otros. No sabía que con esa simple estrategia podría recomponer cierto relato de las varias veces que vino Albert Pla a Montevideo (siempre acompañado por su fiel escudero Pedro Páramo), algo que no deja de tener interés en el juego de desenmascarar a Albert Pla. ¿Hay algo especial en su historia con Montevideo? De hecho, tiene bastantes amigos por acá, entre ellos la citada Martina Gadea (decidí que no la consultaría para esta nota) y Nicolás López (músico electrónico más conocido como Loopez). Pero cuando se le pregunta a él sobre qué le gusta de nuestra ciudad, dice cosas como "el tamaño de las aceras y la justa altura de las ventanas a nivel del suelo da una luz muy bonita". Y que también le gustan "los parangones y las esquivas que deslumbran las coronas del amanecer y sus suturales y reviescos caminares de las randas". O sea, dan ganas de reventarlo si sigue escribiendo cosas así. Exaspera.
¡Basta, Albert! Me llevaste a algo que siempre me resistí a hacer: a pedir ayuda por una red social, a exponer públicamente mi desgracia. Era de noche y no resistí la tentación. Escribí temeroso un post con el siguiente texto: "Busco fans incondicionales de Albert Plá. Busco testimonios de gente que lo haya visto en escena, o fuera de escena, acá en Montevideo, o en Barcelona, o en Teruel, donde sea (esto suena un poco desesperado de más, pero es textual). Todo sirve. Quiero, como en la primera nota que le hice, saber algo sobre Albert Plá, porque la verdad es que siento que es uno de los personajes más esquivos y frikis que he conocido en el ejercicio del periodismo cultural. Desde el año 1989 hasta la fecha"
Adjunto los resultados obtenidos y un bonus track inesperado con Loopez. Son, en todos los casos, recuerdos que mienten un poco, como los de un señor llamado Carlos Ricotero que será protagonista de una próxima nota.

Parte cuatro: los otros (los fans)
Renee Ferraro: Lo vimos en el sótano del Tabaré a finales de los 90. Gabriel Galli puede contar más cosas, porque en esa época tenía un programa de radio con Malena Fabregat que hacían desde el sótano del bar. Él estuvo en la movida de traer a Pla, creo que por sugerencia de Daniel Villar que lo conocía de antes en Europa. El programa de Radio se llamaba Lo mismo que hacemos todas las noches. ¡Estaba buenísimo! Podías ir al bar a escuchar el programa en vivo. Pepe y David, los dueños del Tabaré en esa época, también pueden contar cosas de ese momento.

Daniel Villar: En alguna parte está el video... ¿Lo tendrá Pepe, o se habrá perdido con tantas cosas en la inundación del sótano de su casa? Fue la primera vez que vino Pla, pero me parece que es anterior al programa de Malena y Galli. Pepe me llamó para ver si lo conocía, porque Pla estaba en Buenos Aires y le ofrecían cruzarlo a Montevideo. Año 1996, creo, yo había escuchado el año anterior en Madrid su disco No solo de rumba vive el hombre, y claro que sí, lo trajeron al Tabaré y grabamos todo el show. Un crá Albert Pla. Fue increíble tenerlo ahí con su guitarra colgada caminando por el sótano del bar en penumbra. Estaba Maslíah, estaba Seba Teysera; alguno más se acordará.

Javier Etchevarren: La segunda vez que vino a Uruguay fue en la Casa de Andalucía. Ni mi novia de aquel momento ni yo teníamos dinero para pagar la entrada. Se lo dijimos al manager y nos dejó pasar, sin dudarlo. Siempre pagué la entrada las siguientes veces que vino.

Florencia Martinelli: Lo vi primero en Buenos Aires hace muchos años y luego en Montevideo, en el Solís. En ambas ocasiones me pareció genial, tanto su música como la escena y la lógica desplegada. En el Solís tenía un dispositivo lumínico en su cuerpo, muy interesante, y en un momento prendió un pucho y se lo fumó tranquilamente durante el concierto.

Sebastián Santana: El del Solís fue una puesta sutil pero muy bien armada. Las lucecitas en su cabeza, el tremendo guitarrista que lo acompaña, su manejo del tiempo y el pulso del público, estirando hasta casi romper el aguante, la paciencia, dándolo todo como improvisando pero sabiendo que no, que hay tremendo guión, mucho estudio y compromiso con el acto de hacer que parece que no sabe lo que hace. Ese show fue genial. Pero lo vi antes en lo que era la Casa de Andalucía, en el Parque Rodó, hace mil años, capaz que en el 2000 o 2001. Un show chiquito, pero chiquito en serio, con gente sentada en mesas con sus cenas y sus botellas de vino (nosotros, con un amigo, también, pagándonos una botella de vino de boliche, algo casi imposible de afrontar para nuestros bolsillos, pero lográndolo, dándonos ese lujo burgués de colados a la fiesta, felices). Ahí Pla estaba también con el mismo guitarrista gigante, el escudero perfecto, con un micrófono apuntando al piso para registrar los zapateos del tipo, y el Albert dando vueltas, haciendo su show de que todo puede caerse pero no, siendo genial, pero siendo, en ese escenario, peligroso en serio: durante alguna canción de esas muy ambientales, largas y sinuosas, el tipo sale del escenario y empieza a caminar arriba de las mesas, la gente sonríe un poco, luego no tanto, y llega hasta una mesa de cuatro, dos parejas, zapatos caros, carteras caras, camisas caras, gente que sintió el peligro del tipo parado entre sus platos acercándose a sus caras, a dos centímetros, haciéndoles saber que todo puede ser peligroso. Eso es lo que me acuerdo, que fue genial, que fue peligroso, que fue bello, que fue rocanrol, y que según sé, lo sigue siendo.

Alfredo Soderguit: Hay una tercera vez que lo viste, Sebastián. Fuimos juntos a verlo al sótano de Paullier y Guaná. Esa noche Albert estaba solo y más bien rodeado de afines. Tal vez fue menos memorable, como una charla entre conocidos. No hubo 'peligro', pero el flaco estaba ahí haciendo lo suyo.

Aldo Marchesi: Yo lo vi en un bar de Queens, en Nueva York. Un lugar medio raro, más bien tipo Rodelu pero latino. Y tocó ahí. Éramos dos uruguayos y quince españoles.

Francisco Alves Francese: En el año 2005 fui a visitar a mi padre a Barcelona. Me acuerdo que trabajaba en una imprenta y uno de los compañeros, muy freak, tenía en cassette varios de los discos de Pla. La primera canción que escuché fue la de la chica que va al baño y tiene un niño. No entendía nada, pero algo me gustó, no sé. Mi padre después me regaló Veintegenarios en Alburquerque y, en julio de 2006, fui a verlo en el ex cine Central, con un espectáculo teatral-musical rarísimo que se llamaba El malo de la película. Fue el primer concierto que fui a ver solo (tenía 14 recién cumplidos, me acuerdo que mi madre y mi abuela me llevaron hasta la puerta, me dejaron ahí y me fueron a buscar a la salida, porque siempre fui un niño mimado). Una cosa que pasó cuadra de manera interesante con el gran debate de hoy, porque trataba de un cigarrillo que hacía arder Estados Unidos... Tiempo después, me compré en Montevideo Vida y milagros y de otro viaje a España me traje La diferencia. Con una amiga nos hicimos bastante fans por esa época y la última vez que lo vi fue en el Solís. Me acuerdo especialmente de que fumó un porro.

Parte 5: entrevistas para linkear o no
Roberto Balestrino: ¿Por qué preferiste el correo sobre el whatsapp para entrevistarlo?

Gabriel Peveroni: 1. Porque no uso whatsapp. 2. Porque me dan miedo las conversaciones-entrevistas telefónicas con personas que no conozco personalmente (fallé una vez con La Mala Rodríguez, fallé con otros, y creo que el único gran éxito lo tuve con Loquillo). 3. Porque tengo bien claro que Albert Plá, en ese terreno, es como Leo Masliah elevado a la enésima potencia.

Roberto Balestino: Increíblemente esto último es lo mismo que le acabo de decir a mi hijo mientras le contaba de tu post.

Milton Ramírez: Justo venía pensando en Leo Masliah. Escuché varias entrevistas con él que son exasperantes.

Santiago Salles: Por lo que tengo entendido, Albert Pla odia las entrevistas. Pero el show es una hermosa experiencia, completa. Lo vi en el Solis hace años y está muy despegado en los detalles y la interpretación. Creo que Albert Pla tiene sentido y se explica/expone solo en el escenario.

Gabriel Peveroni: Está bueno eso que escribís de "tiene sentido y se explica/expone solo en el escenario". Ese es -me da la impresión- parte del problema planteado. Porque vos tampoco podrías decirme nada más que eso sobre él. ¿Me explico? Pero, ¿quién es en definitiva Albert Plá? ¿Por qué pasa eso con él? También es raro que alguien que odia las entrevistas las solicite (como me pasó en este caso). Más allá de que el pedido real sea por el manager, es como un laberinto.

Santiago Salles: Si, y ese laberinto casi contradictorio (asumiendo que no le gusta dar entrevistas y a la vez las precisa o lo obligan) es, quizá, una de las pocas cosas que se puede conocer de él desde afuera del escenario.

Marcos Wasem: Creo que esta entrevista es prueba fehaciente de lo que decís (#EnLaFrontera122, Juan Carlos Monedero para Diario Público, 2018).

Juan Pablo Chiappara: O esta (#LaResistencia para Movistar, Entrevista a Albert Pla, 2018). Hay también una buena entrevista en Radar (Un maldito de vacaciones, por Martín Pérez, 2002).

Eduardo Burgues Martínez: A mí me divierten y me encantan esas no entrevistas que se ven con Albert Pla. Es parte de lo que es como artista.

Pablo Ferrer: Lo he mal entrevistado dos veces. No se dejó; prefirió divagar. Solo tuve éxito una vez, cuando convoqué a otra artista que le abría cartel, les pedí que se entrevistaran mutuamente y transcribí su charla con una simple entradilla a modo de encabezamiento.

Danielo Silva: Recuerdo que en Mundo cañón de Guillermo Amexeiras y Rufo Martínez le hicieron una entrevista en vivo a Albert Pla que salió bastante buena... Creo que lo llevaron a visitar el Polonio y a la vuelta, mientras sucedía la entrevista, no se cansaba de mencionar que el Uruguay era campos y vacas, más vacas y más vacas. Fue muy gracioso. No sé si quedará el registro de ese audio.

Xime de Coster: Hay una entrevista muy buena con Escohotado y Bebe hablando sobre drogas. También otra muy buena en Leit motiv, con Buenafuente.

Fabián Jara: A mí, en fin... me obligó a ver una obra de teatro con él. Y a otro par de cosas más. La obra era una de las pésimas cosas neofachas del sobrevalorado Fernando Peña.

Pabloski Zzi: Yo me lo crucé y le dije que había leído España de mierda. Me preguntó si tenía fuego y como yo no tenía siguió de largo. Escupí en el suelo. Pero mi saliva estaba seca.


Bonus track: un tal Loopez
Nicolás López: Acabo de leer tu post sobre la imposibilidad de entrevistar a Albert Pla y decidí escribirte porque creo que la situación amerita. No tengas miedo de un tipo como Pla. Tuve el gran gusto de conocerlo personalmente y compartir varias instancias en la intimidad, con amigos y familia de ambos, y no tengo más que buenos recuerdos y conceptos sobre él. En su última visita a Uruguay tuvimos el placer de recibirlo por unos días, junto a su familia, en nuestra casa de La Paloma, donde llegué a conocerlo todavía un poco más. En resumen, creo que más que nada, además de la cuota friki, Albert es un tipo simple y de bajo perfil; es también un padre afectuoso y de relacionamiento muy agradable. 
Espero que estas pocas líneas puedan ser de ayuda. Ahora ando por Río de Janeiro por unos días y estoy muy poco online, pero si puedo colaborar en algo más, lo haré con gusto. Te mando un abrazo y una foto de Albert que me llegó unos días después de su estadía en casa... 
(Nico me pide especialmente que no publique esa foto. Evito entrar en detalles de que no me resulta extraño que sea un gran tipo. Le escribo entonces, por última vez a Pedro Páramo, para que me envíe una foto suya con Albert y alguna del espectáculo Miedo para que elija el diseñador de CarasyCaretas a la hora de armar una nota que me gustaría llamar "No temerás a Albert Pla").


((artículo publicado en la revista CarasyCaretas, 05/2019))

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