derivas godardianas

Ya había leído Bandoleros, de lectura imprescindible para quienes gusten de escrituras de deriva, sin aliento, del sabor amargo y entrañable del tópico "en el camino". También había leído Lord, que me bajó un poco el entusiasmo inicial, pero con Hotel Atlántico recupero y con creces la admiración por los libros de Joao Gilberto Noll (beckettiano y godardiano implacable, con algo que lo engancha con los muy buenos libros de Bolaño, Levrero y Aira). En la novela, alguien (es marca de estilo en Noll que no conocemos nombre ni pasado de sus voces protagónicas, que se deslizan siempre en un presente que podría definirse tan aterrador como liberador) decide ir al sur, desde Río de Janeiro hasta Porto Alegre, entre hoteles baratos, buses y otras formas de viajar y de -en definitiva, perder- porque la de Hotel Atlántico, la última etapa del viaje, no es para nada feliz. O sí. Pero para llegar hasta allí hay que dejarse llevar por 120 páginas intensas que prometen una sorpresa tras otra. Me gustó tanto, en una primera lectura, que la abandoné hace un año en la mitad del trayecto, porque no quise terminarla... y hace unos días decidí regalarme la segunda mitad (previa relectura). Es EXCELENTE! Sus libros están en en español traducidos y editados por el sello argentino Adriana Hidalgo.
Y en esto de las lecturas que llevan a otras lecturas, y hablando de excelencias y escrituras de deriva, hace unas pocas semanas me decidí a leer una de las primeras obras de Roberto Bolaño, esa novela más o menos iniciática de los primeros años 80, escrita en dupla con su amigo A.G. Porta, ambientada en una Barcelona punkie y que sigue la desenfrenada y alocada carrera fuera de la ley del protagonista Angel Ros y su enamorada, una sudamericana totalmente demente y decidida a todo. En Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, el presente lo invade todo. Es también un abismo. Otra novela EXCELENTE, para leer de un tirón, como las de Noll, aunque también se puede abandonarla y dejar para saborearla más adelante... En fin, sobre tácticas y disfrutes de la buena literatura por suerte hay mucho para probar y jugar.
Hay algo que une a estas dos novelas más o menos distantes, entre el sur brasileño y Barcelona, además del on the road y la influencia bien explícita con las películas de Jean Luc Godard de finales de los 60, al estilo de Pierrot el loco o Week end, y tiene que ver con el hecho de que ambas fueron escritas en los años 80 y se mantienen tan lúcidas y actuales como si hubieran sido escritas ayer. Esa extraña sensación la tuve en la reciente lectura de Los fantasmas de César Aira y puedo recordarla de libros ochenteros (o setenteros) de Levrero. Había algo ahí, en ese tiempo, en que estas bestias literarias probaban sus mejores armas y nadie -como suele pasar- les daba la más mínima atención... tal vez ocupados en viajes literarios-políticos que envejecieron demasiado rápido.

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