sobra truman


Por R.G.B.

Y sí, será un poco incorrecto afirmar esto, pero si a la película Truman le sacamos a Truman, uno de sus protagonistas, un ser entrañable que está en casi todas las escenas, el relato seguramente gane en tensión y su historia en verdad. Una de las debilidades de la película de Cesc Gay está, precisamente, en un final lacrimógeno e innecesario, pequeño golpe bajo que elude los requisitos aduaneros de un aeropuerto y cierra de manera inverosímil una capa de relato que si bien es parte de lo "pintoresco" del asunto (¿qué hace con su mascota un enfermo terminal de cáncer?), es también la que le baja los decibeles dramáticos y la vuelve accesible para grandes audiencias.
Si se elimina a Truman, personaje que coloca en primera plana el tan contemporáneo tema del lugar que ocupa un perro en un grupo familiar (para el caso, es el vínculo emocional más fuerte del protagonista), la película sería otra: menos amable, más perturbadora, acaso una de esas cintas inolvidables sobre el valor de la amistad y el nudo de decisiones íntimas y muy difíciles de resolver.
Ricardo Darín y Javier Cámara componen una pareja de amigos como pocas se han visto en el cine. Son dos grandes actores, apoyados por un guión inteligente que se centra en el viaje de Cámara a Madrid para ver por última vez a su gran amigo. El director acierta en la elección de la pareja protagónica, para jugar a la perfección en los códigos de la comedia y el drama. Hay sutiles juegos de pequeños gestos y lenguaje corporal en ambas composiciones. Cámara -el español que vive en Canadá y viaja a Madrid- es tímido, frío y al mismo tiempo incondicional. Darín -el argentino radicado en España- es extrovertido, un poco manipulador y algo chanta. Se agrega una prima del personaje de Darín, con el rol de provocar ciertas dinámicas emocionales propias del triángulo de amigos, confidentes y examantes, en una actuación que está muy cuidada en sus desbordes, a cargo de Dolores Fonzi.
Pero está Truman. Casi todo el tiempo. Y Cesc Gay tampoco consigue conectar grandes momentos entre la mascota y los actores humanos. No es -precisamente- un guión que trate profundamente ese asunto. Lo que se logra es que la película se aliviane.
Un detalle para el final: es más que interesante analizar la gráfica de Truman. En el Río de la Plata, la foto del afiche (la que nos cansamos de ver en gráfica de calle) muestra a la pareja Darín-Truman sobre hollywoodense fondo blanco. En España, los carteles de promoción equilibran a Darín-Truman-Cámara y en la versión traducida al inglés desaparece Truman para "vender" a los dos grandes actores en un drama de amistad frente a una enfermedad terminal. ¿Estamos en una parte tan frívola del mundo?

((reseña publicada en revista CarasyCaretas, 10/2015))

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