la vanguardia es así



¿Hubo o no episodios de vanguardia en la Montevideo de las primeras dos o tres décadas del siglo pasado? ¿Fueron episodios aislados, epigonales al emergente dadaísmo y a posteriores movimientos como el futurismo italiano o el ultraísmo español? ¿Los textos de Alfredo Mario Ferreiro -habitualmente catalogados de "pintorescos"-, deben leerse simplemente como un ejercicio excéntrico y fugaz?
La antología Poesie che sanno di nafta, así, con título en italiano porque se trata de una edición peninsular, académica, es más que pertinente para observar con atención uno de los agujeros negros de la fértil poética urbana, uruguaya, del siglo veinte. Sus autores son los investigadores Georgina Torello y Riccardo Boglione -ella montevideana, él genovés-, interesados por ordenar y catalogar las obras dispersas de poetas que tomaron las banderas de la vanguardia. Figura central, y quien a la postre ofrece el mayor cuerpo poético de la antología, es el ya citado Ferreiro, con sus poemas dedicados al Palacio Salvo, al "ballet" del agente de tránsito y el irónico "El dolor de ser Ford". Le sigue en cantidad (y justicia poética por la calidad de sus textos), quien fuera codirector de la revista "Vanguardia", Juvenal Ortiz Saralegui, con una oda al Salvo (adorado por los futuristas locales) y un largo texto experimental subtitulado "poema urbano en 13 cuadros".
Se suman a la antología un texto juvenil de Emilio Oribe (posible pionero local del futurismo), acercamientos a la vanguardia del peruano Parra del Riego (el largo poema dedicado al futbolista Gradín), ejemplos vanguardistas de María Elena Muñoz, Ildefonso Pereda Valdés, Juan Carlos Welker y Enrique Ricardo Garet. Hay dos o tres grandes sorpresas en la antología -además de los pertinentes ejemplos visuales firmados por un hermano menor de Barradas y por el colectivo Troupe Ateniense- que son la inclusión del primer poema ultraísta uruguayo, "La cruz del Sur", atribuido a un enigmático sanducero llamado Alexis Delgado, y los textos modernos de Alberto Nicolini y Edgarda Cadenazzi. El caso de Cadenazzi es más que singular, ya que solo publicó en revistas y sus textos revelan una escritura en la que se conjugan ruptura de lenguaje, aires surrealistas, humor y actitud revolucionaria.
El trabajo de la dupla Boglione-Torello ordena con rigor e intuición textos que permanecían dispersos y en algunos casos invisibles, dándole forma a una muestra panorámica de las vanguardias locales. Incluye, además, un valioso texto de Armandito Vasseur, dandy amigo de Julio Herrera y Roberto de las Carreras, quien ya en 1909 firma un poema satírico y punzante contra la figura máxima del futurismo italiano, el gran Marinetti, que marca el ojo crítico que los intelectuales montevideanos tenían puesto hacia Europa y sus movidas estéticas. 

((artículo publicado en CarasyCaretas, 1/2015))

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