conexiones situacionistas


Fotos: Guillermo Sierra.
Una sola imagen le permite a Diego Focaccio armar una instalación que conecta diferentes dispositivos y sugiere relecturas sobre la manera en que se mueven -paranoides, controladas y acaso inútiles- las sociedades contemporáneas. La imagen central que presenta en Break es la del embajador ruso asesinado por un policía turco en un vernissage de arte. Fue en diciembre de 2016. Es una imagen que recorrió el mundo. Impacto puro y duro. Gloria para la sociedad del espectáculo. Performance en estado puro. Reitero la palabra 'imagen', una y otra vez, porque es la que el espectador reconoce cuando entra a la sala 0 del EAC, esa imagen inolvidable, el éxtasis del asesino en su danza elegante y brutal, como en una escena de una película de Tarantino.
En apariencia lo que se ve es la misma imagen, pero de a poco se descubren las sutiles intervenciones que Focaccio ha tejido en el campo visual: las fotografías de la muestra De Kaliningrado a Kamchatka, a través de los ojos de los viajeros, de la escena real, fueron sustituidas por fondos uniformes, cada una con una fecha diferente que refieren a hechos relacionados con la acción, con el asesinato político, con la performance. La operación se completa con el espectador accediendo a los diferentes relatos y conexiones a través de sus dispositivos móviles.
La imagen inicial de la instalación Break abre numerosas capas, no solamente relativas a la escena subrayada y explícita, también a dos hechos que obedecen a conexiones del propio artista con su acción y su pensamiento: el primero es el título de la instalación, que es el mismo que en julio de 2007 utilizara Focaccio para una intervención donde propuso la escenificación de un simulacro con artefactos explosivos, articulados desde dispositivos instalados sobre pilares arquitectónicos de una sala del MEC. En esa ocasión, el artista se valió de la tecnología de la telefonía para presentar un conjunto de consideraciones sociales, políticas y filosóficas. La otra conexión tiene que ver con el 50 aniversario de la primera publicación del ensayo La Société du spectacle, del filósofo, escritor y cineasta francés Guy Debord, libro clave para entender -no solo la operación artística de Focaccio- también toda esta cotidianeidad minada por conceptos de posverdad, fake news, desinformación y false flags.
Hay más conexiones posibles, por supuesto, que pueden articularse desde la mirada del espectador y son funcionales al sistema creado por Focaccio. Otros tags. Otras imágenes. Hace unos pocos días, por ejemplo, durante la final del mundial de fútbol, en Moscú, las Pussy Riot dieron otro de esos grandes golpes performáticos inolvidables. Otra vez el tiempo real, la distorsión, el situacionismo, y al mismo tiempo la sensación de que esos golpes, tan bien dados, son acaso inútiles en un mundo tan pero tan anestesiado.

¿Por qué elegiste la imagen del asesinato del embajador ruso como eje de la instalación Break?
Diego Focaccio: Esa imagen supo oportunamente presentar un potencial abrumador. El acontecimiento del cual se desprendió fue un hecho poco habitual, no por tratarse de un crimen político, o una muerte grabada en vivo, o un atentado terrorista, o por todo ello junto. El carácter diferencial del suceso posiblemente radique en dos aspectos de las imágenes o filmaciones asociadas a este hecho, y que, además, funcionan asociados entre sí: un aspecto es estrictamente visual y refiere a la presencia de Mevlüt Mert Altıntas, el asesino del embajador ruso; el otro aspecto es auditivo o visual, y está relacionado con escuchar por quien comunica, o leer en el pie de la imagen viralizada por los medios de comunicación, la información de que el crimen aconteció en una galería o espacio dedicado al arte. En el puntual contexto de una exposición de fotografías, protocolarmente presentada por el embajador de Rusia en Turquía y formalmente registrada por medios audiovisuales, lo que posteriormente devendría en un episodio de violencia, registrado in-situ por un fotógrafo que estaba casualmente allí. Desde la locación citada, al vestuario de quien fuera el asesino, pasando por el desarrollo y el desenlace final, todo se aproximó, demasiado quizás, a un set de filmación relacionado con el espectáculo, grabando posiblemente un conjunto de escenas propias de un thriller de Quentin Tarantino. Con la paradoja de que la filmación o el registro visual no estaban capturando una ficción, sino un crimen real, y que, para ello, no fue necesaria la presencia de aspectos truculentos o expresionistas, propios del género de tal apariencia, consiguiendo, sin embargo, una acentuada credibilidad del hecho, en un crossroads cognitivo y emocional en el que debiera incluirse también la convivencia con el desconcierto, producto del saber de que tal acontecimiento no formaba parte del espectáculo, aunque contara con todos los elementos del mismo, incluyendo algunos que pudiesen considerarse hoy clichés, y por supuesto, nosotros, los espectadores. En suma, los aspectos visuales, auditivos y simbólicos de las escenas que se dieran oportunamente a conocer reunían, en lo que a mí respecta, un potencial muy valioso al momento de considerar trasladarlas a un territorio propenso a la creación artística.

A todo eso se suma el impacto político de la acción...
D.F.: El impacto generado por el asesinato en Ankara del embajador ruso en Turquía, Andréi Kárlov, fue ciertamente importante, especialmente en lo que refiere a la visibilidad del juego de poderes en torno a la guerra en Siria, un tema de por sí muy complejo. Posiblemente por ello, todo lo concerniente al asesinato aún sea difícil de determinar en su totalidad. Si se considera que, según diversas fuentes, el diplomático Kárlov fue el responsable de la intermediación en favor del alto al fuego en la ciudad de Alepo y que, en consecuencia, liberada la ciudad de manos de los terroristas fue programada una reunión trilateral Irán-Rusia-Turquía, para abordar la situación posterior de dicha ciudad, su asesinato un día antes de la reunión parece un evento altamente llamativo, e insoslayable en el complejo entramado. Es precisamente esta complejidad, la complejidad contemporánea como sujeto, la que intenté presentar y proyectar a partir de la exhibición realizada en el EAC. Considero que esta obra es hija absoluta del presente, y que forma parte del grupo de
piezas particularmente destacables dentro del cuerpo de mi producción artística. Desde el episodio a partir del cual se construye, hasta las metodologías democráticas para la accesibilidad a los contenidos presentados a las que apela, su concepción y confección formal está muy ligada con la actualidad. Quizás por ello, el público nativo digital sea el que más cercano pueda sentirse en relación a la dinámica tecnológica y comunicacional de la cual se sirve.

Otro episodio similar, de un impacto performático-político fuerte, sucedió hace algunos días cuando integrantes de Pussy Riot interrumpieron la final Francia-Croacia...
El caso relacionado con la acción de las Pussy Riot fue algo singular y me encontró en Brooklyn, de visita en lo de un amigo uruguayo. Lo que pasó ese domingo lo fui siguiendo por flashes, intercalando la final del mundial con el desenlace de la edición 2018 de Wimbledon. Con Francia ya aventajando a Croacia, de pronto observo la irrupción en la cancha de una serie de personas, lo cual, además de llamarme la atención me recordó algunos partidos en Sudamérica, donde podemos estar algo más acostumbrados a que hechos como éstos puedan suceder. Sin dramatismo alguno, vi cómo se llevaban a las personas, que para quienes comentaban dicha final eran tan solo asistentes o fans. En cuanto al impacto ocasionado por el episodio, seguramente haya un espectador mayoritario para los cuales no signifique más que una fastidiosa e innecesaria 'distracción', desconociendo o despreciando la logística y coordinación necesarias para gestionar y realizar tal acción, como los intereses y contenidos expresados por los cuales dicha práctica activista fue pergeñada y realizada. No faltará un espectador, estimo minoritario, que recordará este acto de forma favorable. Finalmente, existirá aquel, aún menor, que considerará los motivos expresados por los cuales fue ejecutado este hecho. Aun así, sea cual sea el espectador, habrá un medio de comunicación como interlocutor, y prejuzgo, un porcentaje de todos ellos, muy posiblemente también jueguen de forma parcial. Más allá de los aspectos conceptuales y estéticos, o estéticos a secas, la importancia y su impacto final factiblemente terminen estando asociados al trato mediático que se realice de la acción, como al tiempo y continuidad en la difusión, conjuntamente con el trabajo que posteriormente pueda realizar algún periodista, investigando lo denunciado por las Pussy Riot, o machacando y dándole una visibilidad mayor y global a los temas mundialmente expuestos por sus integrantes. Sea como sea, bienvenida.

¿Cómo operan las tensiones sociales, los impulsos, los deseos, en sociedades absolutamente controladas y anestesiadas?
A las caracterizaciones de "controladas y anestesiadas" podría agregarse la de paranoides, ya que es un aspecto con el cual es viable de convivir al momento de ser consciente de estar inmerso en una sociedad de la información y el control, y de tener, quizás, pulsiones antagónicas a las propuestas para su generalización. En fin. En un pasado, las prácticas controladoras estaban identificadas con las pequeñas ciudades, con los poblados, con la cosa pequeña, siendo patrimonio casi exclusivo de un pueblo, cualquiera sea este. La pregunta planteada es notoriamente buena, aún más, diría es necesaria, aunque, factiblemente lo bueno sean las posibles respuestas, no necesariamente mías, sino de profesionales idóneos en el análisis. Lo que sí podría comentar al respecto es que cuando estuve por el Soho me llamó la atención el espacio ocupado por las grandes marcas. No es que no estuvieran allí con anterioridad. Sí lo estaban. En mí percepción, la diferencia es que en 2015, en oportunidad de también estar por NY, las grandes marcas de ropa estaban allí, conviviendo en el Soho con otras marcas menores o con diversos servicios, pero tres años después, en mi percepción, repito, la venta de indumentaria pasó a estar copada, casi en su totalidad, por las grandes marcas. El uso de la vestimenta es una expresión de la individualidad, una forma de establecer relaciones sociales desde la singularidad de cada individuo. En suma, una extensión visual del comportamiento. Cuando la oferta de vestimentas pasa a estar en pocas manos, la posibilidad de proponer modelos conductuales con una tendencia homogeneizante se acrecienta, lo cual, en términos de diversidad y libertad, es un evidente llamado de alerta. Me asaltó entonces una sensación poco agradable, una visión conformada por un gran usuario comprando las vestimentas propuestas por las grandes marcas, y haciéndolo con placer y determinación. En suma, si algo producimos desde el arte es la opción por encontrarnos con lo ajeno, con lo familiar o con lo desconocido; en suma: con la diferencia. Y el valor de esta es inigualable.

((artículo publicado en la revista CarasyCaretas, 07/2018))


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