el borde de las cosas

En el momento de cubrir una superficie con pintura, el artista Martín Pelenur no duda. Pinta. Y lo hace con paletas bien definidas, la mayoría de las veces monocromáticas (negros, blancos, grises, o azules), que lo llevan a subrayar y completar superficies claramente definidas (cuadrados, y dentro de la figura otros cuadrados y llegado el caso diagonales). ¿Cómo llega a ese estado de certezas abstractas, a ese juego tan habitual en su obra pictórica? No es para nada un recorrido simple, pero conocerlo, saber lo que Pelenur transita antes del acto de pintar, con una buena dosis de método y un poco de necesaria deriva, permite comprender a su obra como mapas que emergen de búsquedas experienciales sobre territorios.
"Mi punto de partida es la cartografía", dice Pelenur al momento de explicar cómo fue forjando Línea Aceguá, instalación que presenta en Kavlin en noviembre de 2017 con la complicidad de Martín Craciun en la curaduría, Nicolás Pequeña y Sergio Amiel en el montaje, y Nacho Guani como 'compañero de viaje' de una travesía particular: recorrer caminando la línea recta de 37,2 kilómetros que une el poblado Aceguá con el arroyo San Luis, trazado que sirve de frontera entre Uruguay y Brasil, entre el departamento de Cerro Largo y el estado de Rio Grande do Sul.
Dice Pelenur que le fascinan los mapas y que puede pasar horas mirándolos. Dice que fue a partir de una experiencia, en el año 2012, de registrar imagen y sonido en los cuatro extremos cardinales de Uruguay, que desarrolló la idea de que habitamos una isla. Esta definición, sin embargo, no es estricta. Hay excepciones, aunque muy pequeñas. La más relevante es la llamada 'línea Aceguá'. Hasta allí viajó Pelenur, para conocer ese borde de Uruguay, de la isla que habitamos, como hizo antes en otras aventuras similares, cuando decidió bordear la Isla de las Gaviotas o la Gorriti, o la agotadora caminata de 14 horas que se mandó dándole la vuelta a Manhattan.



¿Qué estarás mostrando en Kavlin? ¿En qué consiste el montaje de Línea Aceguá?
Martín Pelenur: Para la muestra voy a presentar una instalación de pintura integrada por diez lienzos, cinco papeles y un rectángulo de tierra. Si bien yo venía con cantidad de material visual y sonoro sobre la caminata que hice en Aceguá, mi amigo y curador de la muestra, Martin Craciun, me habilitó la jugada. Creo que me dijo, o al menos así lo recuerdo: “Martín, mostrá lo que hacés, o sea pintura... Tenés presente que vos sos la línea”. Fue brillante. Ahí bajé la muestra y me puse a pintar... Porque, en definitiva, no hay representación de la caminata en la pintura. Es solo el gesto de pintar; en este caso de la lata de esmalte negro al lienzo. Espero que esa profundidad de la que hablo se pueda experimentar en la pintura.

El punto de partida de este trabajo viene, como bien decís, de tu fascinación por la cartografía... ¿Cuándo empezó tu viaje personal con los mapas?
MP:
Una pista, sin lugar a dudas, es un atlas de la National Geographic que me regaló mi viejo cuando yo tenía 4 años. Lo sigo teniendo y admirando seguido. Es hermoso. Me parece que los mapas tienen el encanto de poder relacionar una inmensa y fantástica abstracción en un hecho realizable cuando vas a su encuentro. El mapa te permite eso; ver un lugar, imaginarlo y luego salir a la aventura de su encuentro.

En tu caso, cuentan las aventuras de bordear islas...
MP: Sí, es verdad. Empecé primero por caminar perímetros de islas a pequeña escala, como la de las Gaviotas o la Gorriti. Después hice Manhattan. Fue dura esa caminata. Y la verdad es que quisiera colgarme a un arnés y recorrer la circunferencia de los trópicos, o ir a la antípoda del Uruguay. Otra cosa que investigué, y visité, es un ángulo recto muy visible en el mapa de la provincia de Buenos Aires. Es infinita la imaginación y el estímulo que te pueden dar los mapas, y si a eso le sumas la aventura del recorrido, se completa la historia.

¿Cómo fue la aventura de recorrer la 'línea Aceguá'?
MP: Este viaje fue hacia el Uruguay profundo y de frontera. Otra cultura, otra gente. Me parece que es muy personal la experiencia, difícil de transmitir, pero creo que lo intenso, lo potente, lo que hace al Uruguay, está ahí, en lo profundo del campo, de la noche, del gaucho que me apareció en la mitad de la nada y me miraba como un animal curioso, hablando en portugués, sin jamás haber ido a Montevideo, o conocer el océano. Vale la pena la aventura sin duda. Ese Uruguay existe y está en lo profundo.

Y después viene el acto de pintar...
MP:
Bueno, te diría que el trabajo en sí mismo es hacer la caminata, porque esa es en esencia la acción artística. Caminar es uno de los momentos más creativos que tengo. Cuando realmente entrás en sintonía y soltás la mente, queda pronta para volar. Los destellos mas intensos de lucidez los he tenido caminando. Los pensamientos mas potentes me han sucedido caminando, ya sea en una conversación telefónica, en la rambla, o en el campo. Luego, me interesa generar un índice del andar, puntos, líneas, ángulos que me voy apropiando a través del andar. Las curvas son físicas, y las rectas son políticas... De hecho, entiendo a la pintura como una forma de pensamiento, y creo en eso, que lo decía Richter, y también empatizo con Ryman, un pragmático en cuánto a la pintura. Lo parafraseo un poco, pero él hablaba de la pintura como un ejercicio permanente, perpetuo. La pintura como un documento procesual de trabajo... El problema de la pintura nunca fué qué pintar, sino cómo pintar. En mi caso, hace años que vengo trabajando dentro del cuadrado; no he podido salir de él todavía.

¿De qué manera mostrás o no el proceso, el desarrollo, en la instalación? ¿O lo que ve el espectador es el resultado final?
MP:
La verdad es que cuando presento un trabajo, cuando hago una muestra, la entiendo al revés: como el principio de algo nuevo, algo que estaba ahí y todavía no lo podía ver. Me parece demasiado tradicional y hasta conservador pensar en una muestra como “ah, bueno, aquí tengo una serie de trabajos pulidos, resueltos, entonces los voy a mostrar”. Es por eso que prefiero mostrar el principio de algo nuevo que espero poder continuar. Creo que es eso lo que lo pintores hacemos; tratar de resolver problemas que conciernen -como te dije antes- a la pintura. En mi caso, siempre pinté lo mismo, al menos en los últimos diez años. Me considero un pintor de superficies, que cubre superficies con pintura. En estas obras utilizando esmalte negro sobre lienzo. Por lo general, trabajo en series y en cada serie investigo distintas proposiciones que me van llevando a nuevos lugares que desconocía.

¿Vivís a la pintura como una necesidad?
MP:
No lo sé. Sin duda existe una pulsión vital de pintar que no la puedo poner en palabras. Es cierto sí, que pintar me es una necesidad, pero es algo muy personal. No todos los artistas tienen que pintar o continuar pintando. La pintura es un lenguaje y a mí me interesa trabajarla con las menores variables posibles. Lo rico es que le sigo encontrando la vuelta.

((artículo publicado originalmente en la revista CarasyCaretas, 11/2017)) 







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