tan arrabaleras


Son dos grandes cantantes y se lucen en la escena: por la potencia de sus registros vocales, dotes escénicos y repertorios en los que la canción ciudadana se carga de energía y se anima a cruzar a otros géneros. Este año coinciden en publicar dos discos en vivo, ambos con el padrinazgo en arreglos y dirección musical del pianista Horacio Di Yorio.

Mónica Navarro y Maia Castro son dos cantantes que tienen mucho en común. Son tangueras, prefieren el escenario y coincidieron en publicar -este año 2015- sendos discos en vivo que ofician de resumen, pero también de fotografía de una altura interpretativa de la que mucho tienen que ver los repertorios elegidos, sus respectivas capacidades técnicas y el oficio de un director musical que comparten: el pianista Horacio Di Yorio.
"Ambas poseen una gran personalidad como cantantes y generan una conexión especial con el público, desde lugares muy distintos, tanto en lo vocal como lo escénico", define Di Yorio cuando se le pregunta por Mónica y Maia. "Ellas saben generar un ambiente, en sus respectivos grupos, muy propicio para trabajar en la búsqueda de nuevas direcciones, sin abandonar las formas tradicionales del estilo, que es exactamente lo que a mí me interesa. Y cada una lo logra y me permite desarrollar esa búsqueda desde distintos lugares estéticos, ya que son timbres y musicalidades distintas... Y en vivo son dos shows muy intensos y ricos a partir de la presencia artística que marcan hacia afuera y dentro del escenario, que llevan a todo el grupo a buen puerto"
Los discos en vivo de ambas testimonian las palabras de Di Yorio. Mónica busca, en cada canción, el alma, el sonido exacto para la palabra exacta. Busca hacer explotar el sentido, la garra del corazón. Es, de alguna manera, frontal y escénica. Maia encuentra su mejor tono en la melodía, en el ritmo, en dibujar la esencia sonora. Es de esas pocas voces que logran convertirse en un instrumento más de la orquesta, de las que saben dibujar la musicalidad exacta de la canción.

Milongas, tangos y otros vientos
El disco de Maia, publicado por Bizarro, es el cierre del espectáculo Tangos, milongas y otros vientos. Funciona como una especie de resumen de los tres discos de estudio publicados por la cantante. Son canciones que ha venido presentando en una larga gira uruguaya y en dos giras europeas por festivales de Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Italia y otros países.
Aunque parezca extraño, este repertorio, al que se agregan "nuevas canciones", lo presenta por primera vez en Montevideo hoy viernes 4 de setiembre, en Sala Zitarrosa. Acompañan, a Maia, el pianista Di Yorio, Checo Anselmi en contrabajo, Matías Craciun en violín, Chamaco Abdala en batería y Matías Romero en guitarra. Habrá, como es de esperar, varios invitados especiales, entre los que destacan Maximiliano y Pablo Porciúncula, de la murga Agarrate Catalina, y su gran amigo Federico Lima, quien fuera productor artístico de su último disco en estudio.
Tanguera y arrabalera, defensora del tango canción, Maia deja entrelíneas -desde el título de su disco- el concepto de "otros vientos", de búsquedas musicales que se animan a otros géneros y estilos. "En el disco, que tuve a Fede Lima como productor, mantuvimos un equilibrio consciente entre el tango, la milonga y esos otros vientos que tienen una raíz folclórica", cuenta Maia. "Dentro de mis composiciones están presentes todas estas expresiones musicales, desde una milonga ciudadana como "Pausa", a una zamba como "El extraño", o un tango como "Golpe". No me ato a ninguna "preforma" de hacer las cosas; tengo la fortuna de hacer lo que me gusta y por ese camino seguiré en el futuro".

Tríptica
Monica va por su cuarto disco: dos en estudio y dos en vivo. Tríptica, grabado en noviembre de 2014 en el escenario principal del Solís, publicado por Bizarro, es una decidida apuesta a la composición: aparecen los temas propios "Influenza" y "Línea B". "No voy dejar de hacer temas de otros autores", aclara Mónica. "Pero hay tanta belleza realizada... Esa es la razón por la que siempre canto distintos estilos, siempre mimados por el tango, pero venidos de otros palos. La belleza es irresistible".
Además de Di Yorio al piano, la acompañan Eduardo Mauris en guitarra, Juan Chilindrón en contrabajo, Sebastián Cannavó en violín y Nario Recoba en bandoneón. El año pasado, Mónica fue nominada a los Grammy Latino por el disco Calle, invitada a una serie de presentaciones en Corea y se han vuelto habituales los shows en Buenos Aires, el último de ellos el pasado mes de agosto en el flamante Centro Cultural Kirchner.
El repertorio de Mónica es sumamente ecléctico: Discépolo y Blázquez se mezclan con Fito, Charly, Luca y Mandrake Wolf. "Tiene que ver con una proximidad generacional y con que de alguna forma fueron la banda sonora de momentos de mi vida. A veces me enfermo de ideas, y quiero todo junto y al mismo tiempo; con los años me sigue pasando lo mismo, pero ahora por lo menos lo saco para afuera y no quedo presa de mis ensoñaciones".

Entre tango y tango
¿Cómo se da el trabajo con el pianista Horacio Di Yorio, músico que ambas eligieron para que se encargue de los arreglos y dirección musical de sus respectivos grupos?
Maia Castro: Con Horacio tenemos una muy buena comunicación. Es una persona abierta, a la que le puedo plantear libremente cuando siento que algo no funciona. Y como es muy creativo, capta enseguida y modifica lo que sea necesario.
Mónica Navarro: Trabajo con Horacio desde el comienzo de mi proyecto, en equipo con Eduardo (Mauris). Ellos son mis compinches. Adoro de ambos que podemos charlar ratos largos sobre los arreglos y cómo los imagino, los climas, algo así como la escenografía musical de las canciones. Hablamos muchos sobre las letras y la comprensión total de la canción. Horacio y Eduardo son talentosísimos y a ésta altura son mis hermanos
Maia Castro: Los arreglos -en mi caso- están a cargo de Horacio y Matías (Romero) en su mayoría, pero algunos son hechos por la banda, en una instancia más distendida donde todos aportamos. Los arreglos mutan mucho desde que el arreglador los escribe hasta que los presentamos en vivo, incluso luego de ser presentados siguen cambiando porque siempre hay cuestiones de la interpretación que pesan más a mi criterio. Estoy en una etapa donde quiero y necesito volver a lo simple, a no recargar de arreglos las canciones sino que fluyan como tales. Que la importancia esté en la canción, en lo que se quiere expresar a través de la letra y música que parten de mi creación.
¿Qué aprendizaje vienen haciendo como cantantes, tanto en grabaciones de estudio como en los escenarios?
Mónica Navarro: Mi sueño es entrar un día al estudio y poder cantar como lo hago en un vivo... Estoy más cerca, pero me faltaría encontrar el mejor lugar para que el corazón esté más disponible. Por otro lado, me gustaría entrar a un vivo y poder tener mejor lugar para la cabeza, que es algo que te otorga el estudio. O sea, sueño con el equilibrio, o la combinación de aprendizajes que te dan los toques y el estudio. Pero la tendencia del equilibrio es a desequilibrarse... y también eso es muy divertido. En definitiva siempre lo mejor que puede suceder es jugar.
Maia Castro: He aprendido a disfrutar el trabajo en estudio cada vez más, pero me sigo quedando con el vivo. Ahí -para mí- está la verdad. Los shows en vivo siempre son únicos e irrepetibles, porque tenés el intercambio directo con el público. Actualmente me siento muy segura sobre el escenario, tanto a nivel vocal y musical como escénico. Lo disfruto al máximo, y ese disfrute se trasmite a la gente. Creo que lo más importante es lograr una identidad propia y eso ya se viene plasmando hace tiempo y se acentúa con las composiciones propias.
Otra cosa que ambas comparten es el desarrollo internacional que vienen teniendo en sus carreras. Mónica, por ejemplo, tuviste tu disco Calle nominado al Grammy Latino...
Mónica Navarro: Expandirse es un trabajo que implica decisión, planificación y mucha energía. Afortunadamente todo se alinea y cada vez tenemos más presencias fuera del país y siempre nos miman mucho. Sin dudas, voy a seguir trabajando en ese sentido. La experiencia del Grammy fue buenísima, principalmente porque demuestra que nuestros trabajos artísticos, en Uruguay, están a nivel internacional.
¿En tu caso, Maia, vas por tu tercer año consecutivo de giras por Europa?
Maia Castro: Gracias a mucho esfuerzo, tenacidad y trabajo constante, hace tres años que vengo realizando giras por Europa, donde cada año logramos subir el standard de las presentaciones que realizamos. Estuvimos en el Festival de Jazz de Copenhague, en la Expo Milán, en el Festival de Tango de Finlandia y distintos escenarios de la escena world music europea, como Stallet en Estocolmo, Werkstatt der Kulturen de Berlín y Global de Copenhague. Son experiencias que enriquecen muchísimo y ensanchan el alma, porque vas a conquistar un público absolutamente nuevo y afortunadamente, en nuestro caso, lo logramos, y logramos volver cada año.
¿Cuánto las ata -o no- la etiqueta de cantante de tango?
Maia Castro: A mí no me ata en lo más mínimo. Hago lo que me gusta y el tango me encanta, por eso decido cantarlo e interpretarlo. Pero no por una etiqueta, sino por placer. A su vez, asumo el compromiso de proponer nuevas composiciones al género, lo que me parece fundamental y es tarea nuestra -de los músicos- esa innovación que siempre parte desde el respeto, pero que creo necesaria para que nuevas generaciones se acerquen a este tipo de música.
Mónica Navarro: ¡Eso es lo que soy! Entonces no me ata ni me libera... es lo que es. Una vez, Ruben Juárez me preguntó: "sabés qué es lo que daña al tango?". Y antes de que respondiera, me dijo: "el tango". Estoy muy de acuerdo con esa idea, porque se construyó, en torno al género, una profundidad, una seriedad, un conocimiento necesario para absolutamente todo, como si fuese imprescindible conocer el nombre de la mamá de Troilo para ser validada por los tangueros. Ahí es donde me reivindico como rockera, porque creo que la falta de respeto a lo que ya se hizo es necesaria para avanzar. Es necesario dejar de pensar que lo mejor ya está hecho, porque eso invalida la posibilidad de que seamos constructores de cosas nuevas, invalida que seamos contadores de nuestra historia.
¿Y en tu caso, Horacio, cuánto ha marcado el tango a tus búsquedas musicales?
Horacio Di Yorio: Siempre amé el tango y es un aspecto muy fuerte de mi identidad musical, ya que mi padre era pianista y compositor, principalmente de tango. Es un estilo en el cual estoy muy cómodo tanto para recrearlo como para innovar en él. A su modo, también es una música de “fusión” que recibió muchas influencias que a su vez me interesan muchísimo y lo emparenta mucho con otros estilos que me interesan, donde se puede deconstruir, tomar elementos de otros lados y reelaborarlo, con gran elasticidad. La oportunidad que he tenido en los últimos años, de trabajar dentro del tango, me ha brindado un gran desarrollo personal como pianista, arreglador y compositor, desde un lugar muy asociado a mi identidad como uruguayo o en cuanto a mi historia musical familiar y mi gusto por lo popular.

Alta definición
Horacio Di Yorio está de estreno. El próximo miércoles 16 de setiembre presenta en Tractatus el repertorio de Alta definición, su más reciente obra discográfica, acompañado de un muy buen equipo musical: Gustavo Villalba (saxo), Gerardo Alonso (bajo), Pablo Leites (percusión), Vittorio Bacchetta (batería) y Matías Craciun (violín).
El nombre del disco -Alta definición- surgió como una broma a partir de las iniciales del músico en inglés (HD). En el proceso de creación, Di Yorio descubrió que también tenía la acepción de lo que se estaba buscando en el álbum: una definición estilística fuerte y una exigencia alta en cuanto a la calidad de la factura y los objetivos, en la que tiene buena parte de responsabilidad Daniel Báez, co-productor artístico del disco. "No cerramos las mezclas hasta estar realmente conformes y de acuerdo", cuenta Di Yorio. "Buscamos un sonido lo más internacional posible en cuanto al estándar de calidad técnico y la estética sonora. Daniel (Báez) fue clave para haber logrado eso: sabe como nadie grabar y mezclar tambores de candombe, pero también bandoneones o violines tangueros, de manera que transmitan la esencia local y su vez maneja conceptos de sonido muy internacionales".
La búsqueda, en cuanto a lo estilístico, es uno de los grandes desafíos de Di Yorio en Alta definición. "Busqué que todas mis influencias e intereses pudieran confluir en forma orgánica, y no como una superposición de conceptos o estilos. Y en cuanto a intérprete, me siento muy expresado orquestalmente; me refiero a que el resultado total de de lo que se escucha me expresa como intérprete mas allá de la parte en concreto que ejecuté desde el piano o los teclados".  

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 09/2015))

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