panóptico contemporáneo


En los últimos días de julio del año 2010, hace apenas cinco años, finalizaban las obras de reacondicionamiento de una de las alas del ex penal de Miguelete. El emblemático panóptico, construido en las últimas décadas del siglo XIX, se reconvertía en espacio de arte, en sala expositiva pública. El entonces director de la DNC, Hugo Achugar, confió la dirección del recién inaugurado Espacio de Arte Contemporáneo a un equipo liderado por el artista y gestor cultural Fernando Sicco.
Hasta hoy, cuando se han cumplido exactamente cinco años de actividades, se mantiene el concepto que se empezó a desarrollar en la apertura del EAC: temporadas cuatrimestrales con exposiciones individuales en la planta alta, alternadas por colectivas -en el subsuelo- signadas por sólidas propuestas curatoriales. Artistas con sostenido desarrollo y también emergentes, propuestas de laboratorios de investigación y residencias, invitaciones a curadores latinoamericanos, siempre con la consigna de "llamados a proyectos", son algunas de las líneas de trabajo que ha mantenido la dirección del Espacio.
Obras de Rulfo, Ricardo Lanzarini y las fotos de la serie Cómo sos tan lindo de Paula Delgado, más una muestra del acervo de la Dirección Nacional de Cultura integrada por obras de artistas mujeres -Casabó, Dicancro, Duarte, Ferrero, Romero, Whyte- formaron parte de la Temporada 1. También se inauguró, en la apertura del EAC, la primera parte del ciclo colectivo Delitos de Arte, donde quince artistas o colectivos de artistas intervinieron los espacios de celdas del subsuelo.
Cinco años después, en la temporada 18, la curadora Clio Bugel propone la colectiva Linda y fatal, con participaciones de Sylvia Meyer, Fidel Sclavo, Osvaldo Cibils y Silvina Arismendi, mientras que en el subsuelo el curador invitado Vatiu Koralsky desarrolla la muestra Última Frontera, con artistas emergentes latinoamericanos.

¿Cuánto ha ayudado a definir (y redefinir) el concepto de arte contemporáneo, la actividad del EAC en sus primeros cinco años, tanto en el campo del arte local como en el regional?
Fernando Sicco: Es una de las cuestiones para las que estamos convocando a investigar, en nuestro próximo llamado a proyectos. La impresión que nos queda luego de estos cinco años es que, por el solo hecho de su existencia como espacio dedicado específicamente al arte contemporáneo y sus problemáticas propias, el EAC va trazando un cierto territorio que reúne prácticas afines, con estrategias en común. Un amigo me dijo hace un tiempo “cuando uno viene acá, sabe qué tipo de cosas va a ver”. Supongo que eso define, en términos sencillos, una identidad en cuanto el tipo de obras que exhibimos, aunque también hay prejuicios, como el que tienen quienes piensan que nunca mostramos pintura, escultura o fotografía. En realidad no importa en sí mismo el soporte elegido por el artista para una obra, sino su calidad formal, la pertinencia del contenido, la coherencia en su accionar, y su posicionamiento dentro del campo del arte.
En cuanto a la repercusión regional, la verdad es que nos ha sorprendido. Si bien es cierto que desde el inicio de la gestión le dimos al EAC una vocación de creación de vínculos y redes más allá de fronteras nacionales, cinco años es poco tiempo para que en ciudades como Buenos Aires o Santiago de Chile nuestro espacio ya sea tan conocido como nos consta lo es.
¿Cuáles exposiciones te parecieron emblemáticas y por qué?Desde antes de inaugurar, con la primera convocatoria, ya se mostraba la importancia que damos al diálogo con el espacio, a las intervenciones o instalaciones, al arte como herramienta crítica. Los dos ciclos de Delitos de Arte, que mostraron las obras de treinta artistas que se apropiaron de los espacios de las antiguas celdas del subsuelo, son un ejemplo de esa línea de trabajo. Poco después propuse -en ese mismo espacio- el proyecto Sala_Taller, que es el precursor de nuestro actual programa de residencias, el que dará un paso muy importante con la próxima inauguración de las instalaciones para alojar artistas y brindarles espacios de trabajo.
Y pensando específicamente en artistas que han exhibido obras en el EAC... ¿cuáles destacarías?Se dio el caso de varios artistas uruguayos cuyo pasaje por el EAC marcó un punto importante en sus carreras a nivel local, como sucedió con la primera retrospectiva de Martín Sastre; con la exposición de Alvaro Zunini, al que muchos desconocíamos y nos sorprendió; las tres veces que hemos contado con obras de Fernando Foglino, que marcan su evolución como artista; la obra de Julia Castagno, que le valió una invitación a Brasil y que ahora retorna al EAC para un cierre muy significativo. El EAC, en definitiva, viene siendo escenario de las primeras exposiciones de muchos artistas extranjeros en nuestro país, desde la argentina Ana Gallardo hasta el finlandés Lauri Astala, pasando por el español Daniel Canogar o el mexicano por adopción Francis Alÿs. No puedo dejar de mencionar las dos ediciones de Departamento 20, realizadas con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, que significaron el reencuentro con el país por parte de uruguayos o descendientes de uruguayos radicados en el exterior y que tuvieron una repercusión social y emocional importante.
Hay una intención -o por lo menos es parte de lo que se puede interpretar como espectador- de apuntar al debate, a una renovación acaso generacional, y también a planteos curatoriales con un decidido sesgo político y/o social. ¿Estas son estrategias de la dirección del EAC?Lo que ocurre es que el EAC busca operar como instancia de encuentro, generadora de pensamiento crítico, más que como institución legitimadora de artistas y curadores. Ponemos el énfasis no solo en la producción de obras nuevas sino también en la reflexión sobre su contexto. Es una definición política de cómo operar en un campo de por sí elusivo, como el arte contemporáneo, y de afrontar el devenir de la producción actual como espectadores activos. Como institución pública, entiendo que el EAC debe ser un dispositivo que se despliegue y actúe con independencia respecto del mercado del arte. Es decir que no nos importan a priori las cotizaciones, las valoraciones que ponen cifras mercantiles a la producción artística, sino crear las condiciones para proteger la autenticidad de los procesos artísticos y su potencial crítico. Esto no quiere decir que se privilegie un arte de corte político, sino que en general se exhibe un arte referencial, que reconoce el espacio, el tiempo y las condiciones de producción como aspectos intrínsecos al desarrollo de la obra de arte. Valoramos, en ese sentido, la coherencia entre el accionar del autor, su obra y su campo de acción, en sus propios términos.
¿Ha cambiado, en estos cinco años al frente del EAC, tu noción sobre el arte contemporáneo?Sin duda alguna. Nunca antes había tenido la posibilidad de intercambiar tantas ideas y de intervenir tan activamente en el campo del arte como en estos cinco años. Mi tránsito por el arte siempre tendió a ser un poco solitario, a mi pesar, y en este rol al frente del EAC he tenido que aclarar mucho mis propias nociones a la hora de pasar a la acción y verlas transformadas en políticas institucionales, lo cual es un ejercicio de enorme aprendizaje. También me ha ocurrido que desde que estoy en este trabajo no he tenido nueva obra propia, es como si esa energía estuviera en la construcción del espacio para otros, con otros. Como si el EAC, de alguna manera, fuese también una obra colectiva que me ha tocado dirigir. Me gusta pensarlo de ese modo. Desde el año pasado vengo trabajando en un proyecto personal, dedicándole tiempos muy salteados, y la verdad es que no me resulta fácil decidir cuándo y dónde mostrar un trabajo nuevo, pero ya llegará el momento y la experiencia en el EAC sin duda también me ha modificado a la hora de hacer obra propia. Nunca tuve apuro a la hora de crear, y tampoco he sido muy prolífico, de modo que no me preocupa demasiado esperar, las satisfacciones que sigue dando el EAC son muchas y queda bastante por hacer.
¿Qué desafíos están planteados a corto y mediano plazo?Creo que el EAC va camino de consolidarse como referente en el arte contemporáneo local y fuera de fronteras. En la pasada convocatoria recibimos más de 280 proyectos de doce países, incluido el nuestro, y en breve lanzaremos la sexta convocatoria, que ya es sin dudas otro de nuestros signos de identidad. Hemos estado haciendo convenios de colaboración con instituciones de Argentina, Chile, Brasil y España, que dan cuerpo a las posibilidades de intercambio. Pero quizá lo más significativo sean las obras de recuperación del espacio público sobre la calle Miguelete, en lo que también ha tenido participación el presupuesto municipal. Toda esa zona entre las calles Arenal Grande y República se acondicionará y a la vez contendrá dos casonas recicladas de las que se destinará una a residencia de artistas y la otra a espacios de taller también para artistas y para actividades de la comunidad.

Identidad contemporáneaEl EAC promueve la creación de obra nueva, de artistas vivos, lo que es una característica casi excluyente del espacio de la calle Arenal Grande. Ese aspecto, de alguna manera, hace que se lo relacione -más directamente que a otras salas expositivas- con la investigación de nuevos lenguajes, o con los riesgos de dar lugar a los primeros intentos de algunos artistas por encontrar su camino. Otro diferencial importante del EC es que realiza un sostenido trabajo de documentación especializada, a través de las publicaciones de la Colección EAC y en la generación de un archivo de registros audiovisuales con entrevistas a los artistas que pasan por el EAC.
En crecimiento
Hay otra etapa proyectada, ya diseñada, en la que el acceso será por la calle Miguelete. La dirección del EAC ha presentado, a las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura, la iniciativa de generar un proyecto que comprenda todo el predio de la excárcel, para transformarla en un gran campus cultural que de marco al crecimiento del Espacio. "Todo dependerá de la voluntad política y las asignaciones presupuestales", puntualiza Sicco. "Si bien en los últimos dos períodos de gobierno la inversión en cultura fue muy notoria, siempre en relación al presupuesto nacional es el sector que menos se prioriza, y tanto para el EAC como para tantos otros museos y programas de la Dirección Nacional de Cultura, es necesario mantener un buen nivel de inversión y seguir apostando al crecimiento".  

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