la entrañable historia de un cantante de rock que soñó dirigir una película y consiguió un pasaje de avión a cracovia


GIGANTE ganó en berlín y volvió a colocar al cine uruguayo en los grandes festivales. GIGANTE es la historia de amor entre un guardia de seguridad y una empleada de un supermercado; eso es lo que dicen casi todas las notas que se han escrito desde que Adrián Biniez apareció sonriente en las fotos de prensa. Una sonrisa transparente, acompañada con la promesa cumplida de festejar con los amigos de ambas orillas. Porque Adrián es un rockero bonaerense que se vino hace algunos años a Montevideo. Un flaco que hizo muchos amigos acá, que se enamoró y que tuvo tiempo para escribir un guión que se convirtió en una gran película. Lo mejor es que les cuente lo mínimo posible. Alcanza con decir que es entrañable. Me perdí: no sé si estoy hablando de él o de la peli. Al fin y al cabo, es casi lo mismo. Pienso en esto después de haber visto GIGANTE en Punta del Este, en su primera exhibición en Uruguay. Y lo sigo pensando después de terminar de conversar con Adrián en el bar Sporting. Le comento que GIGANTE podría inscribirse en el género comedia para metaleros. Sonríe. Antes de despedirse me cuenta que al otro día se va a un festival en Cracovia, que de ahí son sus abuelos y que le emociona llegar hasta lugares tan distantes.

***

Llegaste a Montevideo por primera vez a instancias de Fabián Jara, todo un personaje que termina prestando el nombre al protagonista de Gigante… ¿Cómo es esa historia?
Fabián Jara (*) es el que me trajo acá, a Montevideo, y mirá cómo son las cosas que diez años después yo termino haciendo una película donde el protagonista lleva su nombre… Todo se empezó a encadenar el día que empecé a escribir el guión de Gigante, en mi casa de Montevideo, en el 2004. Me acuerdo que yo estaba en la nada absoluta. Entonces la veo a Leonor Svarcas (**), con quien vivíamos juntos y andaba por ahí, en sus cosas, y en ese mismo momento me acordé de Fabián. Y me dije: “podría partir de ellos dos”. Así que ellos fueron los protagonistas… los modelos a seguir.
¿Hay algo de homenaje a Fabián?
Puede ser que haya algo inconsciente… como de homenaje, aunque tomé su nombre y el de varios de sus amigos apenas como referencia, para que la cosa fuera verosímil. Pero hay una cosa que Fabián no me perdona, aunque no se nota mucho en la película… y es que a Jarita lo hice hincha de Atenas –que tiene los colores de Racing-, y él es fanático a muerte de Gimnasia.
¿Cómo fue que te “trajo” a Uruguay?
La verdadera historia, la mía, es que Fabián estaba copado porque quería que tocáramos en Uruguay con Reverb, que era mi banda. Nosotros estábamos entusiasmados, pero tampoco pensábamos que fuera gran cosa.
¿Cuáles con tus recuerdos de la primera vez que llegaste?
¿Sabías que casi no viajo porque tenía el documento en mal estado?
Ni idea…
¡Esa sí que es otra historia! Era un 3 de agosto. Un frío de cagarse. Éramos apenas once personas para embarcar, en La Boca... y a mí no me querían dejar pasar por la Aduana porque tenía el documento mal. Me dijeron que no podía ir. Entonces dijimos que no viajábamos ninguno de los cinco. Y como iba tan poca gente, nos dejaron subir igual. Llegamos a Montevideo y a la primera persona que vimos fue a Picerno (***)… Yo no lo conozco al tipo, y después –en todos estos años- nunca más lo vi, pero fue él –eso creo- el que nos recibió en el Puerto. Subimos a una camioneta que nos llevó por la Rambla. Fue una escena medio raro, porque llegamos de noche y estaba todo muy oscuro. Fuimos de una a Carrasco, a Viejo Jack, a tocar. Apenas entramos me dije: “Mmm, me parece que se equivocaron un poco con nosotros”. El dueño del local nos dice: “Tocan cuatro temas, paran, comemos algo, después vuelven a tocar, toman algo y después vuelven a tocar”. Empezamos a ver unos afiches que decían “Fabián von Quintiero”, “Pappo”, “Juanse”, algunas fotos… Estaban totalmente confundidos con nosotros. Tocamos cuatro temas y la gente no nos dio ni bola. Terminamos de tocar y nos empezaron a servir comida en una mesa… Y no nos llamaron para volver a tocar… Nos empezamos a dar cuenta que el tipo no quería que siguiéramos tocando porque nos llenaba de comida y bebida la mesa. Esa misma noche nos quedamos a dormir, los cinco, en el monoambiente de Maxi (****) en el Palacio Salvo. Al otro día tocamos en el Paraninfo de la Facultad de Derecho, con Exilio Psíquico. Eso estuvo buenísimo. Terminamos de tocar ahí y salimos a dar unas vueltas por boliches. A las cinco de la mañana llegamos a Perdidos y planteamos que, ya que estábamos en Montevideo, si había forma de tocar. Mostramos el demo que teníamos y quedamos para tocar a la noche siguiente, que era sábado… Tocamos tres días seguidos. Yo tenía la voz hecha mierda, parecía Tom Waits… Preguntabas por Montevideo… me pareció horrible la primera vez. Es que llovió los tres días seguidos y era invierno con viento, muy pero muy frío. Pero segunda vez ya vinimos en diciembre y fue otra cosa.
Y empezaste a conocer a otra gente…
En la primera vez, además de conocer a Maxi, conocí a la gente de Supersónicos. Y la segunda vez tocamos con La Hermana Menor, así que además de conocer al Tussi (*****), en el público estaba el Duque (******), y también Pablo (Stoll) y Juan (Rebella).
¿Así que en dos viajes conociste a casi todo el elenco de la escena under?
Exacto.
¿Cómo te cayeron estos personajes? Aunque había algunos que no eran estrictamente montevideanos, como Maxi...
El Tano, para mí, era como estar con Luca… porque nunca había conocido a un tanto joven y pelado. Nunca me olvido de cuando entré la primera vez a la casa de él porque tenía muchos discos buenísimo. Era un placer… Y al Tussi, la primera vez que lo vi, fue simplemente “hola, ¿cómo andás?”, y nada más. ¡No se le entiende nada cuando está borracho! Y con el Duque tratamos de hablar un poco, pero tampoco te creas que nos dio mucha bola en el primer momento.
¿Y cómo te fue con Pablo y Juan?
Estuve un par de veces con ellos pero nunca supe que eran directores de cine. O sea, sabía que estaban haciendo cine, o algo así, pero no tenía mucha idea. Y eso que ya habían terminado 25 watts… Estando en Buenos Aires, después de la segunda vez que estuve en Montevideo, me mandan un mail invitarnos al pase de la película en el Bafici. Fuimos y la onda era “me parece que es de los uruguayos que conocimos allá... si los vemos medio parecidos los saludamos y a otra cosa”…
¿Qué te pareció la peli?
Me gustó muchísimo. Me cagué de risa. Sentí que tenía algo que las películas del nuevo cine argentino no tenían: un sentido del humor diferente, no sabría cómo explicarlo… Y sí, me recopé. Me acuerdo que a la salida de la película nos reconocimos de inmediato y fuimos a comer un asado en Remedios de Escalada, que es cerca de Lanús, con todos los de Reverb y la gente de 25 watts. Estábamos comiendo cuando los llamaron para decirles que habían ganado el primer premio del festival… Y de ahí se fue haciendo una amistad muy fuerte con ellos. Ya los conozco desde hace diez años; si bien hace cinco que estoy viviendo acá, los cinco años anteriores yo venía, o ellos iban… Lo mismo pasó con el Duque, con Maxi, con el Tussi.
¿Qué fue lo que te decidió a quedarte en Montevideo?
Me puse de novio con Leonor, y… me quedé.
¿Tuviste que romper la banda?
Al principio parecía que no, que Reverb no se iba a romper, que íbamos a poder hacerlo igual. Yo decía: “voy cada tres meses y tocamos”. Después nos dimos cuenta de que era imposible. Más que nada por cuestiones económicas. Ahora tocamos, seguimos tocando un par de toques en verano… y hasta tenemos una fecha con La Hermana Menor en Buenos Aires.
O sea que tuviste que abrirte camino en la escena de acá, primero acompañando a Fede Deutsch.
Ya en el 2003, viviendo todavía en Buenos Aires, grabé voces en el primer disco editado del Duque, en Astromelia… Era la época que tocaba con Brian Mackern, Nacho en guitarra, Popi en bajo y el Negro en batería. Llegamos a tocar como soporte de Cerati en el Plaza. Entonces, cuando me instalé en Montevideo, era natural que tocara con el Duque. Después el grupo fue cambiando y se transformó en Maverick… y yo seguí.
¿Qué pasa con Maverick, que se percibe como un grupo a la deriva, como sin apuro por tener éxito? Como antes le pasaba a La Hermana Menor…
Pero La Hermana Menor es mucho más speed. ¡Se recuperó!... Maverick es un grupo muy tranquilo para hacer todo, porque es la dinámica que genera el Duque en sus grupos. El tema también es que como había tres que estaban en Buenos Muchachos no era fácil hacer coincidir las fechas para ensayar y tocar. Eso genera que te vayas dejando estar… y que no toques nunca. Ahora armamos el nuevo grupo, con algunos ex Astroboy, teníamos una fecha para debutar la semana que viene y yo me voy de viaje… ¡Me voy a Polonia! Son esas cosas… Pero de todos modos con el Duque, aunque no toquemos ni grabemos, siempre voy a su casa y estamos haciendo temas nuevos.
¿Cómo se llama el nuevo grupo?
Todavía no tiene nombre. Viene ganando Federico Deutsch y Las Ficholas… Pero yo quiero que se llame El Duque y Las Ficholas, que suena más plancha. Los discos del Duque, de afuera, parecen más bien electrónicos, pero tocando en vivo son más rockeros.
¿En tu vida está muy presente la música, el rock, pero cuándo fue que te enganchaste con el cine?
Pero mirá que el rock lo descubrí a los 13 años. Fue a partir de esa edad que me copé, que empecé a grabar casetes y me prestaban discos. Antes de eso, a los 8, empecé a leer y me hice socio de la biblioteca del barrio. Me acuerdo de que mi mamá a veces me retaba porque me quedaba leyendo en la terraza hasta las siete de la tarde, cuando ya estaba bajando el sol. Y después, como a los 10, antes de meterme con el rock, me agarró la idea de que quería ser director de cine… escribía guiones. Me acuerdo de uno que se llamaba “Rescate en Nicaragua”, que era una onda Rambo antisandinista, una cosa aberrante. Con un amigo que tenía una cámara Súper 8 la queríamos filmar, pero nunca teníamos cinta.
Y tu reencuentro con el cine se da en Montevideo… con la gente de Control Z.
Hice el posgrado acá, con GiganteUn día terminé haciendo una película… y te juro que no me lo esperaba.
¿Cómo se hace una película?
A mí lo que más me cuesta de todo esto de hacer una película, aunque cueste creerlo, es todo este último momento: de que se estrene, los premios, las entrevistas… Estoy contento, pero me parece raro. Y en cuanto a hacer una película, se demora tanto tiempo en armarla, que pude ir asimilando cada paso. Me ayudó mucho trabajar en la película de Cote Veiroj, en Acné, porque vivir desde adentro la dinámica. Estar ahí, ver cómo se trabaja, cómo se hace, conocer el tiempo que demoran en pasar a la siguiente toma, las decisiones estéticas que se toman en base a problemas de locación.
El arte de manejar las limitaciones...
Exacto. Y al mismo tiempo de aprovecharlas, potenciarlas. Y estoy hablando de las cosas más básicas, como decir “vamos a parar para comer porque después nos vamos a quedar sin luz”. Son cosas que en un rodaje se manejan normalmente y que yo, por no haber estado nunca antes en uno, no las percibía. Son todas estas cosas que vas aprendiendo. Y cuando llegás al rodaje, todo es más vertiginoso, se viene todo encima.
¿Cuánto hay de Leonor en la película?
Fue la primera persona a la que le mostré el guión para que lo leyera. Así que fue mi punto de referencia en todo el proceso y también el apoyo emocional ya que era mi pareja en ese momento. Ahora estamos viviendo juntos todo este momento. Es como una especie de hijo… aunque tenemos la tenencia compartida. Trabajamos muy bien juntos. Ella es muy buena actriz. No es un personaje fácil. Casi no habla. Digamos que tenía que ser una persona concreta y al mismo tiempo casi un fantasma.
Y de ella se enamora Jara, un guardia de seguridad metalero…
Me encanta que volvamos a la música, porque está todo como mezclado y eso me lleva a otras historias. Por ahí en la película está presente la música del Duque, pero están también los temas heavy metal, que son de Radical y del grupo de un amigo de Argentina, que grabamos en el 2001. Digamos que es la primera comedia para metaleros.
Te estás olvidando de Ruido, de Marcelo Bertalmio.
Es verdad, también es una comedia para metaleros. No lo había pensado.
¡Todo un subgénero uruguayo!
Sí, pero pensándolo bien la mía es una comedia romántica para metaleros. Y la otra era medio francesita.
Pero mirá que Bertalmío es más metalero que vos...
Es probable. Yo tuve un tiempo heavy metal, pero ahora no. Me gusta más el trash, el crossover con el hardcore. Pero de pendejo era medio fanático de los Pet Shop Boys, así que no es fácil encasillarme.
¡Como pasa con Jara… el de la película escucha Biohazard pero el verdadero organiza fiestas electropop!
No lo había pensado.
Ya que estamos hablando de problemas de identidad… ¿Cuál te parece que es el sello de las películas de Control Z?
Esa sí que es difícil… Porque Whisky, por ejemplo, me parece muy diferente de 25 watts, que son las más conocidas y son incluso de los mismos directores. ¿El sello? ¿Algo en común?... Contesto al bulto porque no he pensado mucho en esa pregunta, pero me imagino que cuando la gente se junta y se hace amiga es por algo, es porque compartís ciertas cosas en común. Es como en un grupo: si a vos te gustan los Ramones, no te vas a poner a tocar con gente de otro palo sino que vas a tratar de juntarte con gente que le guste ese mismo tipo de música. Son vínculos que se van dando. Hay algo generacional, también. Pero si puede ser cierto que hay una cosa como de familia, igual creo que hay algo que con el tiempo se va a percibir y es cómo cada uno va a ir disparando para lados y estéticas diferentes… porque aunque es verdad que hay afinidades también hay formas diferentes de ver y sentir el cine.
¿Qué dice la gente de tu barrio, allá en Remedios de Escalada, de que recibiste un Oso de Plata en Berlín?
Mirá, cuando estaba escribiendo el guión, e incluso cuando estábamos en el rodaje de la película, era medio como que allá me decían “sí, sí…”, y me cambiaban de tema. Decían “qué bueno… ¿pero hasta cuando cuándo te vas a quedar viviendo en Montevideo?”… Pero después que gané fue todo heavy. Festejé con mis amigos. Y ahora –a la presentación en el Bafici- fueron un montón. Me emocioné mucho.
No me queda otra que preguntarte lo que te preguntaron ya decena de veces… ¿qué sentiste en el momento de subir a recibir el premio en Berlín?
Fue todo tan rápido… Subí, tomá, esto, la foto, esto otro, y más fotos. Cuando terminó todo, después de la cena, ya en la habitación del hotel… me acosté a dormir con el Oso en una cama matrimonial. ¡Metí al Oso en la almohada de al lado! Y bueno… A veces me quedo pensando y me digo “pero yo hice una película, y gané un premio en Berlín”. De todos modos, haber hecho la película supera todo lo demás.
¿Te acordás de la primera vez que paseaste por la Rambla?
La recorrimos la vez que llegamos a tocar la primera vez, con Reverb, en la camioneta que nos llevó a Viejo Jack. Pero caminar por la Rambla, pasear tranquilo, seguro que fue estando en la casa del Tussi, que vivía por la cancha de Defensor. Empecé a disfrutar muchísimo de la Rambla cuando me vine a vivir acá, porque estaba a ocho cuadras de la playa y en verano iba todos los días. Algunos me decían “te vas a bañar acá; el agua es una poronga”. ¡Cuál poronga! ¡Tener una playa en una ciudad es alucinante!... Después empecé a ir cada vez menos, cuando me fui acostumbrando.
Es un buen final … siempre me gustaron las películas que terminan en el mar.
Hay un montón de películas que terminan así. Es un poco raro, porque tiene algo de lugar común pero también de lugar liberador…
Te quedaste como pensando en algo…
Ah, sí, en que ahora en mayo tenemos fecha con el Tussi: La Hermana Menor y Reverb en Buenos Aires, en el Rojas, en un show organizado por Fabián Jara… ¡como hace diez años cuando tocamos en Perdidos…!

// Apago el grabador y le comento que es el mejor final para la charla. Así que. Punto final. Sin embargo, queda tiempo para dos cuentos breves, que funcionan como dos posdatas levemente austerianas: “El otro día, en el festival de Punta del Este, me pasó una cosa curiosa”, cuenta Adrián. “El Tussi me contagió y al final me compré un libro de Ballard… A las tres horas me manda un mensaje de texto contándome que Ballard acababa de morir”. Va la otra. Ya en el momento de las despedidas me cuenta que estuvo pensando en estos días en su familia, en su descendencia polaca, en ese tipo de cosas. “Y justo me sale un viaje a un festival en Cracovia… Y bueno, son cosas que pasan”. //


Elenco:
(*) Fabián Jara. Periodista y activista de la escena musical rioplatense. Fomentó los primeros intercambios de bandas under uruguayas y argentinas (Exilio Psíquico, Reverb, Reincidentes, Buenos Muchachos, La Hermana Menor). Organiza fiestas como deejay y este año 2009 volvió con sus clásicos ciclos en el Rojas.
(**) Claudio Picerno. Manager de rock. Actualmente trabaja con Buitres, Trotsky, Rey Toro y otras bandas. Organizador de grandes festivales como Pilsen Rock y Ancel Rock.
(***) Leonor Svarcas. Actriz uruguaya de reconocida trayectoria en teatro y cine. Protagonista de la película “Gigante”.
(****) Maximiliano Angelieri. Músico y lider del grupo Exilio Psíquico. Actualmente radicado en Roma, acaba de publicar el disco “Fatto in casa” (www.angelieri.net).
(*****) Gonzalo Curbelo. Líder histórico de La Hermana Menor. Además de cantante de rock, se desempeña como periodista en blogs y actualmente en La Diaria.
(******) Federico Deutsch. Músico electrónico y principal colega musical de Biniez en Montevideo, en los proyectos Maverick y el nuevo grupo El Duque y Las Ficholas.

((entrevista publicada originalmente en la revista FREEWAY))

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