el archivo clemente


Una parte del llamado "Archivo Padín", artista uruguayo figura del arte conceptual y experimental de la segunda mitad del siglo veinte, formó parte de una muestra en el Subte con investigación y curaduría de Riccardo Boglione.

La historia comienza cuando Clemente Padín decide dar en comodato, a la UdelaR, la totalidad de su archivo personal, donde se guardan obras de suyas y de decenas de artistas con los que mantuvo o mantiene contacto desde los años sesenta. Luego de varias peripecias y gracias a los esfuerzos de la Red del Conceptualismo del Sur, del Reina Sofía de Madrid y de la propia UdelaR, en 2010 se logra que el material sea hospedado en el Archivo General de la Universidad.
Es en ese momento que Riccardo Boglione toma contacto con el archivo, convocado por Vania Markarian (responsable del AGU) para coordinar el proceso de catalogado. Fichados todos los libros y las revistas, y estando en proceso de digitalización parte del material más destacado, tuvo la idea de generar una acción pública como forma de difundir el Archivo Padín. Presentó la propuesta de exhibir una pequeña parte de su acervo cuando el Subte hizo su llamado anual. Se la aceptaron.
Es así que son dos los caminos que confluyen en la muestra El informe Clemente: el del artista conceptual uruguayo Clemente Padín y el del escritor experimental italiano Riccardo Boglione, en calidad de curador e investigador. En la sala M del Subte, sin embargo, no hay performance, ni ruptura. No hay, en primera instancia, lo que se espera en una muestra asociada al nombre de Padín. La intención de registro, llegado el caso, contrasta y se potencia con el gesto de provocación de la muestra Do it (again), del MACMO, que se exhibe en la sala principal del Subte.
"En cuanto a la exposición, Clemente en ningún momento participó en ella", aclara Boglione. "Mi idea no era hacer la enésima muestra de Padín, sino la de exhibir lo que fue un sistema contracultural de artistas de todo el mundo, que intercambiaban experiencias y artefactos por afuera del circuito oficial del arte, con una fuerte huella política". El montaje realizado por Boglione integra ejemplos de poesía visual y obras de distintos artistas colgadas en dos de las paredes, registro en video de performances en una tercera pared y varias vitrinas con diversas publicaciones en el espacio central.
El curador traza, con una decisión quirúrgica, un decidido ejercicio de memoria artística del maestro y su entorno, privilegiando la idea de archivo, de panorámica de varias de sus diversas actividades experimentales, privilegiando -eso sí- los trabajos gráficos. "Es fundamental que el público pueda tener acceso a la obra y al archivo de Padín, porque reúne material muy difícil –y en algún caso diría imposible– de encontrar: como Padín se movió en un ámbito “under”, se trata a menudo de libros y revistas de bajísimo tiraje, que casi no tuvieron circulación. Lo mismo pasa con las obras de Arte Correo que, por su naturaleza, nacen como algo en definitiva semi-privado".







Memoria experimental: breve entrevista con Riccardo Boglione:

¿Por qué te ha interesado especialmente la obra de Clemente Padín?
Yo estudié, durante muchos años, el movimiento de la poesía visual, sobre todo lo que significó en Italia, donde fue sumamente importante para la renovación de las artes plásticas. Todavía estoy en eso: por ejemplo, ahora, con Georgina Torello, estamos terminando la primera parte de una serie de video-entrevistas a poetas visuales italianos de los 60, dedicada a Ugo Carrega, uno de los más destacados, que pronto presentaremos en Italia y que luego subiremos a Vimeo. Entonces, dentro de mis estudios me topé decenas de veces con el nombre de Padín, y cuando vine a vivir al Uruguay, ir a su casa para charlar con él fue, por supuesto, una de las primeras cosas que hice. De él lo que más sobresale, más allá de algunas piezas puntuales y de sus proyectos editoriales, es la coherencia que lo llevó a no salir nunca del ámbito experimental, en ninguna de sus múltiples actividades.

¿Cuáles de las obras de Padín expuestas en el Subte considerás esenciales para entenderlo a él como artista y al contexto de su obra?
Primero que nada, el contexto en que se movió Padín, por momentos, fue durísimo. Eso traté de relatarlo, a través de una pequeña intervención en el piso, ya que su archivo personal fue destruido dos veces durante la dictadura. Luego hay poemas visuales, obras y videos de sus performances que permiten asomarse a su larga trayectoria. Pero, para mí, lo más significativo ha sido su actividad editorial: me interesó fuertemente subrayar la centralidad de los libros y los periódicos que creó desde mediados de los 60 hasta mediados de los 80, porque son elementos imprescindibles para entender el recorrido de las artes visuales de Uruguay, y de afuera, y no sólo por su indudable valor literario y cognoscitivo.

¿De qué manera tu actividad como académico, como investigador especializado en arte experimental, se vincula con tu obra como artista?
No me consideraría un artista, más bien un escritor experimental: diría que gran parte de mi actividad, crítica y creativa, gira alrededor de la noción de vanguardia, algo que se volvió problemático en un mundo que parece haber absorbido no sólo todas las rupturas simbólicas, sino el mismo concepto de ruptura. Sin embargo, creo que sin la voluntad de salir de los esquemas y cuestionar continuamente y patentemente las tradiciones de las diferentes disciplinas, incluso la tradición vanguardista, sólo se produce mercadería, buena o mala, no importa, algo que hace guiñadas al espectador o al lector sin sacudirlo. En este sentido, la “literatura conceptual”, la que yo practico, me parece, en este momento, la forma más radical de escribir, por eso que tiene de enfrentar y poner en jaque, en los mejores casos, su mismo campo de acción.




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