tres veces fusión


La buena música se mueve, se traslada, atraviesa generaciones y a partir de ella se deslizan identidades artísticas que -en el caso de la escuela de la fusión montevideana, esa que viene de los 50 hasta acá, la que se mostró impura al cruzarse con el candombe, el beat, el funk, el jazz y hasta la milonga- periódicamente proponen novedades. En este último año se pudo saborear dos grandes discos, los de Jorge Galemire y el que se mandó Martín Buscaglia con el españolísimo Kiko Veneno.
Ahora es el turno de los hermanos Ibarburu y Francisco Fattoruso, la bienvenida puesta al día con material propio de músicos que suelen estar sosteniendo otros proyectos y que están -sin lugar a dudas- en la lista de los principales sesionistas de la región. También se puede anotar el caso de la sorpresa de un disco tan valiente y cristalino como Jazz Oriental, en el que la cantante Sol Bauzá explora un cancionero uruguayo en clave de jazz. Estos tres muy buenos artistas coinciden en presentar sus discos en esta última semana de noviembre de 2013: Music Adventure de Fattoruso el viernes 22 en El Galpón, Huella digital de los Ibarburu el 26 en la Zitarrosa y por último Jazz Oriental de Bauzá & La Banda Oriental el 27 también en la Zitarrosa.

Trío Ibarburu. Desde los tiempos de Larmossa Banda, allá por los primeros noventa, poco antes de que los llamara Jaime Roos para a ser la columna vertebral de su banda, que los hermanos Ibarburu no se mandaban un proyecto juntos. Huella digital concreta el sueño familiar, en un plan decididamente instrumental con protagonismo esencial del jazz y el candombe. Dice presente el distinguido linaje Ibarburu y lo que vienen aprendiendo en miles de horas juntos en escenarios, ensayos y estudios de grabación. Se metieron diez días en la casa de Dani López y no salieron hasta que estuviera todo terminado. “La sensación de despertarse, hacer un mate, y tener toda la bata microfoneada, y todo sonando, es algo que sin duda nos dio mas resto para investigar y probar cosas”, dice Nico Ibarburu, y cuenta que entre las composiciones que grabaron hay una música de su hermano Andrés que se llama “Recuerdos de la Atlántida”, que evoca unas zapadas increíbles que sucedieron en ese balneario cuando eran adolescentes. “El plan de grabación nos permitió conectar con esas primeras tocadas a trío, que fue como empezamos”, sintetiza el guitarrista. El momento lo viven con ganas de celebrar, y parte de esa emoción se vivirá en la Zitarrosa cuando Nicolás, Andrés y Martín presenten Huella digital.
Contra todos los cálculos y pronósticos siguen apareciendo muchas propuestas, y muchas muy interesantes que tienen que ver con la música instrumental, con el jazz. Para todo esto son muy importantes los festivales, como el de Perro Andaluz, el de Mercedes, la movida de Punta del Diablo... porque favorecen esa interaccion y retroalimentacion entre todos los diferentes proyectos. Por suerte, hoy en día, se puede decir que hay bastantes espacios para la música instrumental”, dice el guitarrista Nico Ibarburu.


Sol Bauzá & La Banda Oriental. Recién llegada de Nueva York, donde pasó un mes metida en clubes como el Blue Note y Birdland, y tuvo tiempo para cantar en bares de Brooklyn y Manhattan, Sol Bauzá apuesta su primera Sala Zitarrosa con la propuesta Jazz Oriental. El disco de Bauzá está ligado estrechamente a la historia personal de la cantante: “Es muy autobiográfico”, dice. “Me fui a cantar a las Islas Canarias en 2008, dejándolo todo. No me fue bien. Fui a dar a un archipiélago de donde expulsaban uruguayos en los años de la crisis de 2000, y retiraban permisos de residencia y trabajo”. En ese duro viaje, cuenta Bauzá que recurrió a un cancionero cien por ciento uruguayo. Fue lo que la salvó. Y a la vuelta lo tuvo más que claro: grabar esas canciones en este primer disco que le viene dando grandes satisfacciones. “La mayoría de estas canciones arrastran el espíritu del desarraigo amoroso o social, rebeldía cuestionadora, un cierto desasosiego existencial o espacial reflexivo respecto a la pertenencia, los desplazamientos, la identidad”, reflexiona la cantante.
En la foto de portada de Jazz oriental hay algo de accidental, de instante único, que expresa gráficamente la ventura que la llevó a dejar por un momento su habitual repertorio jazzero para jugarse por paisajes más cercanos. ¿Cómo fue la historia de esa foto? Ella cuenta que llegando a tocar al Museo del Vino, en agosto de 2011, cayó una bomba de agua. “Al bajar de mi coche, el Fiat rojo que se ve en la foto, se me salió un zapato, se me mojaron las partituras, crucé la cebra entre chillidos de frío y adrenalina. Y al ver el local desde afuera, lleno de un público seco y expectante, me serené, sentí esa tibieza familiar de la vuelta a casa. Por eso sonrío”. ¿Qué pasó de “accidental” con su repertorio? “Allá, tan lejos, fue que empecé a cantar temas de Mateo, que me hacían sentir en casa. Así me fui acercando a la música popular uruguaya con “Sansueña”, con los sesenta, con “El mundo es chico” de Pippo Spera y esas canciones que me hablaban de lo que me estaba pasando. Así nació este jazz oriental y rioplatense. Hacer este disco fue una manera de reconciliarme con mi tierra y mi historia”.
Bauzá terminó de armar el repertorio de Jazz Oriental eligiendo entre las canciones que más la conmovieran por su letra, su poesía. Buscó para la instrumentación tímbricas y coloraturas que dialogaran con esa cosa atenorada que tiene su voz, que se empasta más con la guitarra de cuerdas de nylon, o con el bajo. Le salió un muy buen disco, con momentos susurrados que recuerdan a Diane Denoir, con un jazz muy personal, seductor. Soy una apasionada de Diane”, cuenta. “Fue la ‘Mariane Faithfull’ uruguaya. Me enamoré de su canto sedoso fraseando sin vibrato ni fiatos, entre la bossanova y la chanson. Sus versiones de Mateo musicalizan mi vida”.


Francisco Fattoruso. El aire de aventura está presente en el nuevo disco de Francisco Fattoruso, a editarse por el sello Ayuí. Él mismo lo define como un viaje musical, que es también el viaje de su vida, entre estancias y radicaciones en el Río de la Plata, Brasil y Estados Unidos. “En el disco paso por varias de mis influencias y experiencias personales y musicales”, destaca el bajista. “Hay mucha música, especial para todo aquel que disfrute de la buena música... y se ven mis influencias de Brasil, en donde me crié, pero tambien influencias fuertes de gospel, funk, por supuesto que rock, aunque todo pasado por un poco de jazz”. El disco fue grabado entre el 2012 y 2013 en Atlanta, Montevideo y Buenos Aires, en un momento de cambios personales que lo vuelven más introspectivo que trabajos anteriores del músico. Para la noche de la presentación, en la Zitarrosa, cuenta con varios condimentos especiales, destacándose la presencia entre los invitados de Thomas Pridgen (Mars Volta), Hugo Fattoruso, Nico Arnicho y Chango Farías.



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