sicodelia reciclada



El cuarto disco de los británicos Kasabian los confirma como una de las grandes bandas de los últimos años. En Velociraptor!, los de Leicestershire abandonan cierta tentación electrónica por las mejores raíces del rock británico.


La última década musical, en la escena rock, se reduce a una y mil formas de reciclajes y viajes retro. Puede fijarse el punto de partida en la edición del debut de los neoyorquinos The Strokes, el ya clásico Is This It, que sacudió un mercado saturado de pop teen y hiphop, con una vanguardia electrónica que se volvía aparatosa después de los grandes hitos de Chemical Bros y Daft Punk, y un rock que se transformaba en fría ceremonia intelectual si se seguía la pedantería musical de los Radiohead.
Strokes trajo la frescura, una nueva vuelta al rock de guitarra, al más simplón y sensual. Pero trajo además la constatación de que lo retro, la actitud vintage, suponía bastante más que tomar caminos ya transitados y repetirlos con el máximo profesionalismo posible. No se trataba de ser original –tarea imposible por definición- sino de reformular, reinventar. Strokes es uno de los mejores ejemplos, por eso se han vuelto clásicos, y es por eso que de las decenas de grupos que ficharon para los grandes sellos –y también en los catálogos indies- son muy pocos los que permanecen y han logrado generar un sonido que si bien refiera a otros tiempos, provoque el rubor de lo nuevo, lo inesperado. No es este el espacio para listar los grupos que han logrado pasar ilesos, ni tampoco de reflexionar sobre la manera en que la nueva generación de rockeros (y poperos) está reescribiendo –a través de sus búsquedas de referentes y de canibalizar lo ya hecho- la historia del rock.
El cuarto disco de Kasabian, banda prototípica de este periodo, tiene el gran interés de cerrar de alguna manera el círculo de la última década. Es, antes que nada un gran disco, seguramente el mejor del año en la categoría rock, aunque la crítica especializada lo ha desplazado de las preferencias, por mainstream y porque han coincidido en aplaudir el último de Arctic Monkeys, el regreso de los Strokes y el debut de los Vaccines. Para una banda como los Kasabian, que reverenció a los Stones Roses en su primer disco y después desplazó su viaje al universo Noel Gallagher (acompañaron a Oasis en la gira 2004), la mezcla de sicodelia con hits electro-rock les proporcionó el estatus de banda retro con aires de novedad.
Velociraptor! es el disco de madurez, pero de una madurez en la que toman riesgos y deciden meterse con dos obras paradigmáticas del rock: el Sgt. Peppers de Beatles y el OK Computer de Radiohead. No se trata de reciclar oscuras bandas de la sicodelia sesentista o una perdida canción de un amigo de Lou Reed, el viaje del cantante Tom Meighan, el guitarrista Sergio Pizzorno, el bajista Chris Edwards y el batero Ian Matthews trata de sintetizar la libertad y fantasía melódica de los de Liverpool con el extremo épico y culto de Thom Yorke. En su nuevo disco se alejan de las máquinas y se acercan a las canciones. Lo hacen a la manera de Kasabian. Un gran disco, que demuestra que el retro sigue dando vueltas y encontrando caminos en la casi agotada ruta del rock. 


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