canciones piqueteras




El disco La lengua popular, firmado por Andrés Calamaro es uno de los mejores del año 2007. Un disfrute de rock mestizo, que supone un regreso del gran autor argentino a los tormentosos tiempos de los discos Honestidad brutal, El salmón y Deep Camboya.

"Me puedo equivocar". Lo canta AC. Así que en estas líneas prefiero hacer mío el verso de Andrés y lanzar un par de teorías, sin temor a equivocarme, para proponer una interpretación diferente a la que se viene dando en críticas y comentarios, sobre la importancia de un disco como La lengua popular. Un disco honesto, brutal, frontal, barrigón, dispuesto a correr el riesgo de sumar al rock elementos del imaginario terraja ('villero' sería más exacto, si contextualizamos en Argentina), y que no es más que la profundización -aunque muchos paradójicamente lo ven como ligero, naif, superficial- de las búsquedas de Calamaro en el territorio de la canción... popular.
Exceptuando a tres o cuatro canciones del estilo clásico calamaresco, de riff stone y fraseo de piano, que viene con éxito de Los Rodríguez hasta el presente, La lengua popular no es un disco feliz (no debe entenderse por 'feliz' utilizar el imaginario cumbiero, sino todo lo contrario; tampoco es 'feliz' porque corresponda a una muy buena situación afectiva en el presente de AC), ni tiene que ver con supuestas influencias de haber compartido escenario con La Bersuit, banda que también utiliza el imaginario villero en varias de sus canciones. El abordaje que hace Calamaro de lo popular -que incluye lo villero, pero también la rumba, el bolero, el tango, como viene haciendo desde mucho antes de la existencia del grupo de Gustavo Cordera- está hecho desde una actitud transcultural, sin ningún atisbo de ironía ni de plan oportunista. Lo siente. Le duele. Y eso se nota. Es tan cuartetero como Rodrigo, igual que puede ser más chabón que Attaque 77. Ya lo demostró. Y no ahora. Todo esto de La lengua popular estaba prefigurado (maqueteado, podría decirse) en otros momentos de su obra, aunque nunca, y ahí está la singularidad y el valor de este disco 2007, con la impudicia de lanzarlo en plan A, jugándose todas las cartas.
Para muchos, lo mejor de Calamaro estaba en los bordes de su obra, en las Grabaciones encontradas que publicó sin demasiado ruido, en los excesos de El salmón (donde entre 106 canciones vaya si tuvo tiempo de experimentar) y sobre todo en el desconocido Deep Camboya (secuela de El salmón que ni siquiera salió a la venta, y que optó por regalarlo en Internet cinco años antes que Radiohead!). Y es probable que sea muy cierto, porque en esas zonas de experimentación es donde aparece más vanguardista que tantos figurines.
AC podrá equivocarse. Lo ha hecho infinidad de veces, como los grandes. Pero este golpe directo al buen gusto, esta sacada de lengua, es uno de los puntos altos de su carrera. "Voy a tomar hasta los trenes que no van a venir", canta en un gran momento, y no se puede dejar constatar que no se cumplió aquello de "Esto es el final de mi carrera" que cantara en el último track de El salmón. Volvió, y por suerte.

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