la memoria, la niebla



un hombre pierde la memoria. así de simple. así de desesperante. desde las primeras páginas de esta novela de nombre tan críptico como acertado -pero para constatarlo deben leerse por lo menos 480 páginas de las 508 de la edición de lumen- el tema que instala umberto eco como central es precisamente el de la memoria, el de la recuperación de algunos de los niveles de la memoria personal de ese hombre que, al ser de alguna manera alter-ego del reconocido escritor, atrapa al lector en ese juego de posible autobiografía novelada.
yambo -así se llama en la novela ese posible eco con problemas de memoria- era un exitoso librero milanés, con una vida familiar más o menos equilibrada, hasta que le sucede el terrible imprevisto. decide, o más bien decide su familia por él, pasar unas vacaciones en solara -pueblo que eco construye y ubica a pocos kilómetros de su alessandria natal, en la zona más baja del piemonte, donde reina la niebla durante casi todo el año-, en el que yambo vivió un periodo de su infancia fácilmente enmarcable entre los años más duros de la segunda guerra, cuando las familias italianas escapaban de las grandes ciudades por temor a los bombardeos.
poco a poco, muy cansinamente, en el tramo intermedio de la novela, la memoria que reconstruye yambo es un tanto desesperante –no solo por lo que siente el protagonista, también pensando en los lectores ansiosos por mayores novedades. no son más que fragmentos de lo que va descubriendo en los desvanes de la casa de su abuelo en solara: cientos de páginas de libros, revistas, diarios y otros tantos objetos que eco repasa lentamente, reconstruyendo la simbología de una época, la de su propia infancia y aprendizaje. poco y nada sucede en la acción narrativa, mientras lo que va desapareciendo es todo rastro del presente de yambo, sus relaciones con su familia, la librería, etcétera, para irse adentrando en una marea de recuerdos al tiempo que se entroncan las lecturas –especialmente cuando llega el turno de los cuadernos escolares-, con los personajes de carne hueso de la época de la guerra... pero eso es lo que sucede en el vértigo de la parte final de la novela, y es preciso callar todo lo que imprevistamente acontece. porque, precisamente, es el momento en que eco teje la maravilla de su novela, y poco importa lo autobiográfico o los signos identitarios de la generación del autor, porque los juegos de la memoria que se arman y desarman para yambo sacuden a cualquier lector.
un hombre pierde la memoria, decíamos al principio. el asunto es que este argumento no es nada simple cuando el que está detrás de ese hombre es el intelectual piamontés, uno de los más brillantes escritores y pensadores europeos de la segunda mitad del siglo veinte. y es, precisamente con esta novela, la misteriosa llama de la reina loana, en la que se zambulle de lleno en una historia de su siglo, entre heroicos actos partisanos, historietas gringas mal traducidas al italiano y anarquistas locos dando clases de vida en un pequeño villorrio perdido en la niebla.

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