daft punk



"uno de los mejores clips de la historia. sencillamente, increíble”.


los deejays, sacerdotes de esos templos denominados discotecas, tienen desde hace por lo menos dos décadas un importante poder a la hora de imponer modelos o conductas estéticas en las corrientes musicales juveniles. no sólo influyen en el gusto de quienes asisten a las discos, también intervienen (de diferentes maneras) en la propia creación artística. desde los scratches habituales en el rap y el hip hop hasta la modalidad comercial del remix, se abre un abanico enorme de posibilidades en donde estos nuevos gurús marcan su única regla: que los bailarines no paren de bailar.
otro elemento que corre en paralelo al advenimiento de los deejays es el avance tecnológico; no se debe olvidar que ya a mediados de los setenta los primeros sintetizadores fueron el arma de grupos legendarios como los kraftwerk, alemanes y precursores de algún modo del sonido tecno. desde allí, pasando por devo (una versión irónica y radical) que tuvo su hora de gloria a comienzos de los ochenta, hasta llegar al “pum pum pum” con que se suele caricaturizar a los distintos géneros de la música dance (house, trance, jungle, industrial y un largo etcétera) hay un largo camino. obviamente no es agradable para un veterano del rock y del pop entrar hoy en día a una buena discoteca, desprevenido, y encontrarse con que la “moda” son bases percusivas machacantes, insoportables y ensordecedoras. y que no hay melodía; los más enojados dirán que tampoco hay música. lo cierto es que es difícil separar entre tantas corrientes, tantos deejays y tantos modelos que se han disparado en los veloces años 90.
desde la siempre imperial Inglaterra, el jungle ha abierto un camino, al igual que el trip hop, en el que las bases rítmicas en loops se ven acompañadas por un cóctel de distorsiones que pueden incluir inteligentes sampleos, elementos del rock o melodías de cualquier tipo. en los últimos años grupos como the prodigy y chemical brothers han impuesto un sonido que no sólo es digerible en discotecas y en raves, sino que también se deja escuchar como cualquier disco de la cultura del pop. no debemos tampoco olvidar los desvaríos más radicales, que se dieron especialmente con grupos norteamericanos como ministry y nine inch nails a principios de esta década, donde la tecnología y lo industrial se colisionaba con el hard produciendo una mezcla por lo menos apocalíptica. (claro que ministry no es para raves, sino para espíritus bastante menos fiesteros).
pero ahora es francia que da la nota, a partir de la moda de las raves y de la creciente importancia de famosos deejays que han logrado hacer exportable un grupo parisino llamado daft punk. vale anotar que es muy poco común que Francia exporte un grupo musical, en un mundo global regido por multinacionales que concentran la producción musical en estados unidos e inglaterra. El anterior a daft punk fue mano negra.
el dúo integrado por thomas bangalter y guy-manuel de homen, encabeza la actual movida tecno francesa. desde los primeros demos que fueron bienvenidos por los deejays parisinos, estos chicos no han parado de crecer en popularidad, incluyendo varias menciones en los premios MTV europeos. la clave de su éxito, curiosamente, radica en que son celosamente conservadores. vale apreciar el clip de around the world (una filmación en blanco y negro de una coreografía tipo metrópolis) para encontrar en ellos la obsesión de tentar un puente entre el bombardeo sonoro de los noventa y la conceptualidad de los kraftwerk. ellos cuentan con la posibilidad de samplear, de veinte años más de tecnología, y consiguen reverenciar la frialdad pura de sus antecesores alemanes para concebir un disco en donde no parece haber ni un sólo resquicio humano. el único guiño es la foto interior del librillo, que muestra la pared de una habitación de un adolescente de la década pasada, decorada con la habitual parafernalia del gusto promedio que suele estar entre james brown y los rolling stones. esa pared parece decir que los hijos del rock y el funk hoy están en otra, bailando en raves y consumiendo litros de agua mineral para soportar la noche.
claro que el presente homework, a la postre el debut discográfico de los daft punk, es más propicio para bailar que para escuchar tranquilo en casa, aunque la hipnosis que produce –en un plan austero de sonidos y con algunos crescendos muy bien logrados- es mucho más directa que la frontalidad que promueven los industriales norteamericanos o los jungle británicos. Y los deejays no suelen equivocarse... Eso sí, todos aburren por igual para oídos habituados a melodías pop.

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