la vanguardia es un virus

Los libros de conversaciones no son comunes. Están en un punto medio, aunque no equidistante, entre entrevista testimonial y biografía. Hay dos libros que andan en la vuelta, que si bien casi no se intersectan dialogan en cuanto a ofrecer miradas transversales sobre Virus, un fenómeno musical de la escena argentina de los ochenta que no ha sido entendido como se debe y cuya obra (y performance) es una de las más originales y abiertamente cuestionadora y política del rock sudamericano.
No es momento de hablar de discos como Wadu-wadu y Recrudece, del recurso de la diversión para atacar desde la canción pop a las botas militares. De pequeñas maravillas como "Agujero interior" y sobre todo "El banquete", una obra maestra de humor negro referida al desastre de Malvinas. Sin hablar de los bordes andróginos, de una imagen provocadora, y sobre todo de una veintena de canciones que se mantienen intactas en su excelencia, la mayoría de ellas firmadas por Federico Moura y Roberto Jacoby y que después de tantos años finalmente son apreciadas tanto o más que las de Charly García o Spinetta.
De las claves acerca de la importancia de Virus se puede indagar -por ejemplo- en el libro Virus, firmado por Marcelo Moura, integrante fundador del grupo platense y encargado de mantener la acción musical después de la muerte de Federico. Es un libro de memoria personal, camuflado en cierta intención editorial de 'biografía'. Es un monólogo, confesional, que se centra en la aventura de los Moura y va a fondo en dejar ciertas cosas claras del evidente compromiso político de una familia afectada por el secuestro y desaparición de Jorge, el hermano mayor, militante montonero que participó en la acción guerrillera de Monte Chingolo. Y de cómo esa ausencia marcó a la máquina creativa que armaron luego Federico, Julio y él con algunos amigos de La Plata. Pero al que apenas se menciona es a ese amigo de Moura, el tal Jacoby, que viene a ser un sapo de otro pozo en la movida juvenil de los 80. Y, más allá de la intencionalidad o pertinencia de la omisión de Moura, es imposible entender correctamente a Virus sin saber quién es Roberto Jacoby.
Al cambiar la página 'cultural' de Música a Artes Visuales, se descubre que posiblemente la verdadera estrella sea Jacoby y que Virus pase a ser apenas una anécdota pop de un artista conceptual. Figura de los agitados sesenta porteños, participante de happenings y acciones en el Di Tella y otros espacios, mantuvo un bajo perfil pero nunca dejó de jugar y moverse en los bordes del arte contemporáneo. Jacoby no necesita presentaciones. De hecho, tiene en su prontuario una retrospectiva de su obra armada por el Reina Sofía madrileño o haber desatado una tormenta política en una reciente Bienal de San Pablo. De Jacoby, o sobre Jacoby, se publicó un libro de conversaciones con el filósofo José Fernández Vega. No es tampoco una biografía, y se convierte -como el de Moura- en un riquísimo monólogo que, entre otras cosas, reserva algunas páginas a Virus (materia que por cierto desconoce su dialogante académico).
Los libros de Jacoby y Moura no se intersectan. Pero no importa. Se refieren, con sinceridad, a saludables extravíos de la vanguardia en el campo estético. Y, lo más importante, marcan puntos de contingencia entre lo que pasaba antes y lo que pasó después de la dictadura en Argentina.

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 01/18))

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