telas de marzo


La directora del Museo Blanes, Cristina Bausero, invitó a Alejandra González Soca para realizar un proyecto en marzo de 2018. Es un mes con una alta carga de significado y esto lo tuvieron más que claro la directora y la artista. Es un mes donde se enfatiza la problematización de los temas vinculados a la mujer, sus espacios, necesidades y búsquedas. Es un mes que llama, en definitiva, a la acción. El proyecto se llama Territorio infiltrado y derivó en intervención, en asunto colectivo, en pulsión performática y expositiva donde -como bien dice la artista- "se procesan ideas que se vinculan a temas que están en la atmósfera, algunos dichos, otros tapados".
Entre los antecedentes de González Soca cuentan obras como Asfixia (seleccionada en el 48° Premio Municipal de Artes Visuales), en la que mostró una serie de vestidos de novia, fabricados y empaquetados en China, intervenidos con compost orgánico, semillas y brotes. La imagen, potente y acaso perturbadora, provocaba por la explícita asfixia del packaging, por la dualidad hiperconsumo-descomposición. También por su condición de obra en proceso. El trabajo sobre la "asfixia" está presente en Transfiguraciones fronterizas (obra que realizó en el Museo Qorikancha, de Cusco), y otros temas como el "ocultamiento" (o disfraz), aparecen en Tránsito (II Bienal Internacional de Arte Textil Contemporáneo) y La guerra como souvenir (muestra en Museo Histórico Cabildo).
Territorio infiltrado se inaugura el 1 de marzo en el Blanes. Pero cobra especial relevancia el momento del montaje, para el que González Soca convocó a una acción colectiva, durante 4 días, de 40 personas que colaboraron a través de la costura y el bordado. "Desde esta invitación específica, realizada desde mi lugar de hacer arte, entrego parte de la instalación que ya tiene una forma, una historia y un diálogo conmigo, para que viva a través de un colectivo de personas, otras y otros", cuenta la artista. "No es una entrega fácil; implica incertidumbre, temor, expectativas, emociones encontradas, afecto y mucha adrenalina".

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¿Cómo fuiste llegando al proyecto Territorio infiltrado? ¿Qué te motivó y que te resuena en el concepto de "infiltración"?
Alejandra González Soca: En este proyecto específicamente conviven la idea de sofocamiento con la acción de infiltración. Esta se vincula a la posibilidad de construir y revelar espacios, generando una porosidad en la trama desde una acción colectiva que va más allá de la intervención matérica. Hay acá un poner el cuerpo, y en este caso varios cuerpos en movimiento, para introducir contenidos. Toda la instalación tiene corrientes de infiltración, en tanto involucro piezas del acervo escultórico del museo, pero al mismo tiempo incorporo piezas mías: hay por ejemplo un velo que ocupa y cubre, pero que es atravesado por otras tramas. Hay también una autoría que se multiplica a través de las colaboraciones, no solo de la acción, sino también del trabajo. Yo me ubico en el difuso rol de “curartista”, término que utiliza Luisho Díaz, que trabajó los textos y una asesoría curatorial junto con Verónica Panella. De la misma forma, todos los aspectos del proceso de construcción implicaron diálogos de ida y vuelta que, considero, han hecho crecer la potencia de “lo no visto” y que espero se perciba en la experiencia de la obra.
¿Qué sensaciones te fueron llegando en lo previo, al acercarte al museo, al entrar en contacto con las obras escultóricas a intervenir?
A.G.S.: Un museo es tal en tanto tenga colección, lo que de por sí implica un archivo de la memoria. La discusión, comenzada ya hace más de veinticinco años, se instala en la posible ambivalencia que implica representar esas huellas del pasado histórico-cultural y a la vez activar una relación significativa con el presente; condición que en la actualidad forma parte de los programas y guiones de numerosas propuestas institucionales. En este sentido, la intención es poner en tensión y diálogo las nociones de imagen, síntoma, espectro y acervo desde la perspectiva y las estrategias del arte contemporáneo. La idea de una construcción dinámica entre las piezas del pasado y su proyección hacia la realidad actual estaría implícita dentro del enunciado general de la propuesta. El proceso implicó varias visitas a ese inconsciente del museo, que es precisamente el espacio, debajo de él, donde se encuentra el acervo. En el caso de la estatuaria es imponente la sensación de presencia que se siente en esa semipenumbra. Los diálogos entre esos cuerpos en el espacio y la sensación de inmersión me fueron llevando a desplegar el boceto de la instalación. Las piezas que iban a emerger fueron seleccionadas en varias etapas. Después de la concepción inicial, la forma y el poner en movimiento todo el sistema para que salieran fue parte del itinerario del proyecto. También aparece lo físico como una necesidad, para materializar esa representación inicial y la flexibilidad tanto de la institución como mía para ver lo que el espacio y la idea pedían.
¿Qué expectativas tenés del trabajo colectivo en el montaje, en la acción que llamas "Coser/bordar"? ¿Qué te decidió a hacerlo?
A.G.S.: Tengo muchas expectativas. Por un lado me moviliza, tanto por la respuesta positiva de las y los participantes, como por el hecho de entrega que presupone este acto. La instalación antes de la acción está contenida y las piezas se mantienen en un pulcro soporte blanquecino manteniendo su aura casi espectral. La acción, espero, les insuflará vida, materialidad, textura y color; y el hecho de ser compartida, coralidad y comunión. Desde hace años vengo convocando a la comunidad, ya sea a que me presten sus vestidos rituales, o los legados de sus “ancestras”, a que rieguen mis topografías alteradas. Esto es un camino que recorro hace tiempo y en el cual estoy subiendo las apuestas.
Hace algunos años, también desde el trabajo textil, Florencia Flánagan convocó a un trabajo colectivo para la obra Tejer el manto...
A.G.S.: Conozco el trabajo de Florencia Flánagan, por supuesto. El suyo fue un trabajo de proceso de varios años y con varios grupos, de una gran profundidad y sutileza. Es una artista con la que siento gran afinidad y con la que podemos hablar, intercambiar y discutir desde un lugar abierto y enriquecedor. De hecho, es un placer que Florencia fuera una de las primeras en responder a la invitación a la acción.
Se inaugura el 1 de marzo... ¿cuánto pesa el contexto temporal de inaugurar en este mes?
A.G.S.: El mes de marzo hace foco y potencia acciones que retoman el trabajo que hace años, día a día, se viene haciendo. Este es un espacio de encuentro que aspira a abrir la posibilidad de explorar formas de construcciones del tejido relacional -que nos compromete a todas y todos- como espacio de sostén y crecimiento, desbordando los límites de la individualidad sin por eso borrarla, permitiendo integrar saberes, historias mínimas e íntimas, no desde un deber ser sino desde un querer hacer, consciente, sensible y activo.

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Lo que se muestra,
lo que se oculta
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La intención de la acción Territorio infiltrado se centra en abrir una reflexión sobre ciertos mecanismos de sofocamiento solapado que accionan formatos rígidos de ocultamiento, tanto externos como internos. Hay una búsqueda en todo el proyecto de poner en marcha cuestionamientos en torno a cómo se pueden articular estrategias de infiltración que propicien subversiones de un cierto estado de situación, perforando la trama de los supuestos conocidos y absolutos, a la vez que se propicien miradas y reconstrucciones desde la alteridad". (Alejandra González Soca)


((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 03/18))



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