la voz de clara

Cuando el escritor Carlos María Domínguez investiga sobre la vida de Roberto de la Carreras, el dandy montevideano del 900, para la escritura de El bastardo, se encuentra con el personaje de su madre Clara, a la que le dedica buena parte de la novela. La historia de Clarita, la niña obligada a casarse con un millonario y de la que años más tarde sus transgresiones amorosas -entre otras el romance con Ernesto de las Carreras- la llevaron a ser perseguida y encerrada en un altillo, declarada 'incapaz' por su propia familia, es bastante más que una historia dentro de otra historia. Fue por eso que Domínguez decidió escribir un monólogo que decidieron llevar a escena la actriz Denise Daragnès, con el apoyo en dirección de Cecilia Baranda.
El montaje de este episodio de abuso y violencia ocurrido a finales del siglo XIX, en una familia del patriciado montevideano, no es un simple ejercicio de reconstrucción histórica. Esto lo tienen más que claro actriz y directora cuando se les pregunta sobre cuánto dice de la sociedad uruguaya del siglo XIX, y también de la actual, el texto de La incapaz. "La sociedad uruguaya actual cambió en la postura, pero no tanto en la esencia", señala Cecilia Baranda. "Los abusos siguen existiendo y lo sufren en su mayoría niños y mujeres, por lo que al transitar por el texto tan bien escrito por Carlos María Domínguez nos encontramos con situaciones y frases que se escuchan en el ahora y no solo en el Uruguay".
Para entender las conductas humanas de una sociedad, es bueno (y por cierto imprescindible y necesario) mirar hacia atrás. Esa es una de las certezas que maneja la directora de La incapaz al momento de diseñar el montaje escénico. Y pasa a contar el contexto en que vivió el personaje: "Los García de Zúñiga eran una familia ganadera de mucho dinero. A los diez años su madre la peina, la llena de colorete, le dice que cuando tenga su primera menstruación se va a casar. Clara dice en la obra: “Mamá, yo no quiero irme a la cama de ese hombre sin mis muñecas”. Y desde ese momento comienza su peripecia, el abuso, los golpes, los hijos, los abortos. La huida de ella, la muerte de sus hermanos por la fiebre amarilla... Por intereses económicos y en venganza por haber transgredido, le sacan los hijos, ayudados por los políticos de turno, la declaran incapaz y la encierran. Entre su exmarido y sus yernos dilapidan la fortuna y todos los “capaces” de la historia se enriquecieron: abogados, doctores, políticos".

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¿Cuánta es la importancia de llevar a escena la historia de Clara García de Zúñiga?
Denise Daragnès:
Creo que hay un gran imaginario sobre la figura de Clara. ¿Quién fue y cómo fue? ¿Estaba loca o la volvieron loca? Contar esta historia es contar un pedacito de nuestra historia como comunidad, y que todos necesitamos releer. También está muy bueno eso de reconocer otras mujeres en Clara, y reconocer las personas y lugares que la rodearon; es un puente con el público.
Cecilia Baranda: Es como dice Denise: hay muchas Claras anónimas de apellidos, mujeres comunes que también vivieron esas experiencias. Es para ellas que contamos la historia, ya que la de ellas aún no está escrita.
D.D.: En la obra se plantean muchos temas, como el límite entre la locura y la cordura, el abuso de todo tipo, lo que significa la sexualidad para una mujer, la maternidad, el aborto, el matrimonio como valor social, las presiones familiares y sociales.

¿Cómo es la Clara que reconstruye Domínguez en su texto y qué decisiones tomaron ustedes en la construcción del personaje y en el montaje del espectáculo?
C.B.:
La poesía e imágenes, la claridad del texto y sus acotaciones fueron guiándonos. La obra se ubica en el encierro de Clara en el altillo y en soledad, entre recuerdos y delirios va develando su vida y preparándose para un juicio que fue una burla como su incesante pedido de justicia. Nos acompañan en el proyecto excelentes diseñadores como Paula Villalba en escenografía y vestuario y Martín Blanchet en iluminación quienes comprendieron los conceptos de despojamiento, encierro y soledad.
D.D.: La primera impresión que tuve del personaje de Clara, en este texto, fue la de una mujer transgresora. Y luego fui descubriendo que fue transgresora porque, a su vez, fue una víctima. En el texto de Domínguez hay muchas referencias históricas, de las que nosotras no estábamos seguras de mencionar. Sin embargo, con el tiempo de los ensayos nos dimos cuenta que eran importantes y que no le quitaban vuelo a la interpretación, y que reafirmaban la verdad de Clara.

¿Qué tiene de especial esta obra para el trabajo actoral?
D.D.:
Hace algún tiempo que quería desafiarme en un unipersonal, así que cuando Cecilia me propuso este texto reafirmé el desafío. Una se siente un tanto sola en esta experiencia, pero eso mismo le viene muy bien al personaje. Para mí siempre es importante encontrar la verdad en la interpretación de cualquier personaje. Y en este, particularmente, me inquieta acercarme a la verdad de quién fue Clara y cómo nos cuenta su historia rodeada de fantasmas y recuerdos que quiere olvidar...
C.B.: En un unipersonal se es agonista y antagonista de sí mismo. El autor la ubica encerrada y en soledad. Es importante aferrarse a las imágenes interiores que despiertan recuerdos. En la vida cotidiana, cada uno de nosotros tiene en su pensamiento, un monólogo interior y hay hechos, fotos, olores, que nos despiertan recuerdos, sensaciones, dolores y alegrías. Tanto desde la actuación como de la dirección es un desafío mayor, ya que es un ejercicio actoral que necesita de mucha concentración y el trabajar con mucha precisión los distintos momentos y estados por los que pasa el personaje. 

¿Qué implica para ustedes llevar a escena la historia de Clara García de Zúñiga?
D.D.:
Para ambas representa un reto, especialmente por tratarse de una mujer que existió y que fue despojada de todas maneras. Es bastante creíble que la sociedad uruguaya del siglo XIX se comportara así frente a esta mujer, pero aún hoy, una mujer está siempre más alerta que un hombre, porque es menos respetada.

Incapaz... ¡qué fuerte que resuena la violencia patriarcal en ese adjetivo!
C.B.: El Hospital Vilardebó estaba lleno de ellas: mujeres sanas, que lo único que querían era estudiar y desarrollarse. Las declaraban “incapaces”. Si pensamos en el término en la actualidad es terrible, porque a todo lo que se salga de lo acostumbrado, sea el nivel cultural que sea, se le sigue llamando incapaz. Es “incapaz” o “raro”, por ejemplo, si tiene una mente privilegiada o se es distinto. El adjetivo incapaz es ofensivo y violento.
D.D.: Sí, incapaz, como la declara la justicia a iniciativa de su propia familia. Pero esta Clara que se ve acá también es incapaz de articular palabras por momentos, o de recordar hechos dolorosos. Es así como nos preguntamos: ¿quiénes son los capaces de esta historia?

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