amor, mezcal y carretera


Hay un disco que empieza de noche y termina con las luces de un nuevo día, en la carretera, en una melodía perfecta para abandonar la ciudad y cumplir el sueño eterno de un viaje en familia y con amigos. Suena un farfisa, a lo Brian Wilson. La vida sonríe. Pero antes de esa canción, habrá otros momentos, mucho menos festivos, en un recorrido de noche de rock, con pesadillas, frikis, mezcal, cantinas, desamor (que siempre fue más o menos lo mismo que amor) y sobre todo mucho swing y poesía de la que se escribe y se saborea, cuando se está en movimiento, cuando se está en el camino.
El disco se llama Encrucijado. El que compone y canta es Yamandú Gallo (Y.Gallo es su firma artística) y tiene dos colaboradores de lujo que tocaron literalmente todo y de todo: Martín Buscaglia y Diego Bartaburu. Los tres son cófrades de La Hermandad del Mezcal y la única referencia sónica anterior había sido la grabación de "Hoy no ha sido un buen día", canción del primer disco solista de Y.Gallo, con la colaboración de Buscaglia. Pero en Encrucijado la apuesta se potencia: van por una fiesta sonora, de rock sureño, de blues, de percusiones y bajos vaporosos, todo tipo de ruidos, capas y muchas cuerdas folk

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Y.Gallo: "Martín y yo somos muy inquietos. De la amistad entre ambos nació la complicidad y el cope de hacer algo juntos. Y nos fuimos dando manija. Era obvio que algún día íbamos a grabar un disco. Cuando quisimos acordar estábamos embarcados en esta nave, y si alguien se haría cargo de la línea de fuego de las baterías, ese tenía que ser Diego, que también es amigo y toca como los dioses. En el disco hay mucho palazo, hachazo, mala semilla, dedos y uñas, todo tocado por cualquiera de los tres... Tocamos hasta el timbre. Hay además invitados muy especiales, como Laura Charlone, que canta, como un ángel, un fado hermoso".

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Lado A: Encrucijado tiene dos estados emocionales, dos luces muy distintas, dos caras, como los discos de vinilos. Empieza, como ya se dijo, en la noche más oscura. La voz rasposa. El texto respira cinefilia. Los Hermanos Coen. "No hay lugar en este mundo/ para los débiles como vos/ mejor será que te encuentre/ el ángel exterminador" ('Sin lugar para los débiles'). Es una canción que se escapó del Rain Dogs de Tom Waits. Tiene esa aspereza, varias capas de percusión, la oscuridad más densa.
Sigue 'Criatura', una guitarra que empieza más fresca, rascada, pero enseguida vuelve el aire Waits, con una batería que incita a andar, a vagabundear, a contar buenas historias. Todo mezclado en una atmósfera mex, de balada, con bajos ochenteros. La historia que se cuenta lleva un coro siniestro. El relator aconseja que "la gente no es amigable/ con quienes son diferentes/ Ya no pierdas más el tiempo/ en esta ciudad infame/ que cargará a tu cuenta/ todas sus atrocidades" ('Criatura'). No es fácil sobrevivir. No es fácil adaptarse al día. La noche suele decir la verdad. Y el rock, se sabe, se juega en el desierto, así que en el track siguiente aparecen en escena los hermanos del mezcal y se arma la fiesta, el bacanal: "Una ronda para brindar/ una ronda para seguir" ('Gusano amigo'). Porque cuando no se sabe ni qué día es, hay que abrazarse a una emoción, a los hermanos del mezcal y liberar al gusano amigo. De eso canta Y.Gallo. Es rock potente y clásico, sin distorsiones. Actitud y energía. Lo básico. Lo más impuro.
Se escuchan risas. La canción que sigue sale de la guitarra, respira amor resacoso, de cantina. "Niña, cuidado, te puedes quemar" ('Muñeco de cartón'). La voz de Y.Gallo transita territorios cercanos a los de las mejores canciones de Javier Corcobado, el maldito español, más que a Nacho Vegas. Hay poesía. De la buena. Y la guitarra está acompañda de capas, de sonoridades, de rincones, de sampleos de westerns. "No creo que me encuentres al amanecer/ buscame cuando seas una mujer/ No tengo acero en el corazón/ no seré tu muñeco de cartón".
Silencio. Largo. ¿Vendrá algo diferente?

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Y.Gallo: "Siento que las canciones de Encrucijado habitan territorios vastos e impredecibles, más análogos y artesanales, más folk y relajados, más variopintos. Siento que con Martín y Diego valoramos la libertad, y eso es imprescindible para escribir, cantar, bailar, llorar y reírse a carcajadas. Trabajamos juntos, hombro con hombro, casi todo el disco. Hubo jarras de té y deliciosos destilados e infusiones. Todo fue muy íntimo, arropado, guardado con celo, como si en el fondo supiéramos que estábamos dando vida a algo especial, algo único e irrepetible. El disco fue creyendo en nosotros y nosotros en él, y así todos pudimos andar".


Martín Buscaglia: "Si bien no somos un dúo, y Encrucijado es un disco de Y.Gallo, es cierto que lo construimos juntos, exprimiendo las posibilidades estenopeicas de la Casa del Transformador. Recuerdo las varias inmersiones que hicimos en la obra de Lee Hazlewood, de Bo Diddley, un hipotético Nashville dub... Y me viene a la cabeza ahora Kathleen, la mujer de Tom Waits, factotum de su etapa más experimental y hermosa, que se da y acentúa al mismo tiempo, que deja la mala vida y se va a vivir al campo a criar a sus hijos en un ambiente familiar. Creo que esa combinación de conocer el valor de la noche pero también el de la desprestigiada mañana, es parte de lo que nos une y de lo que aflora con Yama en su disco".

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Lado B: Se fue la noche. Es el día. Y también es duro, áspero. Hay que seguir cantando. Lo que se escucha es más bien un fragmento de canción, un coro ('Dámelo'), homenaje a las primeras grabaciones del blues americano. Los sonidos, atrás de las voces, son de hachas cortando madera, campanas y palas acarreando pedregullo. Y lo que sigue tiene más luz aún, porque el bajo de Buscaglia se funkea y el mic distorsiona una rumba brumosa, de plegarias, por un amor no correspondido. Es la voz de Y.Gallo, ya se dijo, distorsionada: "O será que tú siempre quieres más" ('Paloma negra').
Hay cruce de caminos entre la noche y la mañana, en tiempo de reggae y guitarras a lo Bo Diddley. "Podés dar la vuelta/ la suerte o la casualidad/ la suma de todos los lados". Es la encrucijada. Y la salida es, como siempre, el amor. El disco se va poniendo más amable, luminoso, por eso Y.Gallo se saca toda la ropa y canta, con la guitarra sola, con la voz sola, el verso que dice "voy a amarte hasta quedar inconsciente" ('Interpretame vos'). Después de la tormenta, el amor. Depués del viento, también el amor. Suena, abajo, un armonio. Suenan cuerdas. La balada se completa. Y el que se retira es Y.Gallo, dejando paso a la voz de Laura Charlone, en el fado 'Hasta el verano'. Otra voz; otra lengua. El amor correspondido. Como un sueño de otro disco. Como un sueño que atraviesa el disco. Como la voz de un ángel.
Y el loop, porque después viene 'Tacuarembó', en ese final que es comienzo, que es el viaje en la carretera, de un disco para escuchar andando y que termina luminoso, sabiendo que al atardecer vuelve la noche, la zona peligrosa, la aspereza, la encrucijada.

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Y.Gallo: "Ojalá algo de toda la alegría y el orgullo que me da este disco pueda percibirse en la escucha. Al menos un ápice, en el oído o el corazón de alguien. Ojalá todos atraviesen la encrucijada y salgan de ella con una guitarra, un tambor, una pluma, un pincel o un formón en la mano".

Martín Buscaglia: "Y.Gallo es un gran compositor y gran cantor, Aúna barrio y elegancia canyengue de terciopelo subterráneo. Sus letras tienen algo entre diabólico y entrañable; una cualidad de fuerza de la naturaleza. Son canciones que parecen extraídas con un cincel de una roca, que estaba ahí desde el principio de los tiempos. Y es portador del swing rockero, que es algo raro de ver. Generalmente los parámetros en que se mide ese género ensalzan otras virtudes. El mojo en su acepción blusera es hoy una especie protegida".

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