la excitante aventura de la maternidad

Las experiencias fuertes, las esenciales, se viven en soledad. Aunque haya mucha gente alrededor. Aunque estén los más cercanos, ayudando, siendo incluso parte de la misma experiencia. Hay cosas que tiene que resolver uno mismo, acertando, equivocándose, simplemente viviendo. Lo dice Ana Katz cuando se pone a hablar, con entusiasmo e inocultable, emoción sobre la película que ha dirigido sobre la maternidad. Y no le falta razón. De eso se trata Mi amiga del parque. Una rápida descripción de lo que pasa en la película, de lo que se entiende en una mirada superficial, lleva al error. No es la historia de una mujer sola, la atribulada Liz, tratando de llevar adelante, y como puede los primeros meses de ser madre. Es otra cosa. Más compleja. Más a la deriva, como la vida misma. Y en esto, el tono de la película es implacable, con un aire imprevisto de road movie, de aventura, de estar al borde, con sensaciones que están ahí, presentes, mientras transcurren los primeros meses de una de las experiencias más maravillosas de la vida. Hay, además, en la elección del parque como escenario, como territorio fronterizo, el primer acierto de una película que conmueve y que -como pasa con las mejores- las fichas empiezan a caer después de verla, cuando se encadena con dilemas y experiencias propias del espectador.
"Hay una imagen, la primera que recuerdo de mi propia experiencia como madre, que tiene que ver con esos paseos al mediodía, invernales, en los que me encontraba en el parque con otras madres y algunos padres que también paseaban a sus hijos", dice Ana Katz y pasa a relatar que por fuera de ese espacio público, siempre un poco vacío, se sentía el ruido sordo de la ciudad, allá lejos, con todo el mundo trabajando, con el sistema productivo en funcionamiento. "Todos nosotros, pensaba yo, parecíamos caídos del sistema, pero también formábamos una parte importante de la sociedad aunque nos sintiéramos afuera".

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¿Esa sensación de sentirse afuera fue la que te llevó a pensar en hacer una película como Mi amiga del parque?
Sí, porque algo de esa primera imagen, de esa primera idea, tiene en la experiencia de la maternidad una circunstancia central. Es una sensación intensa que se repite en otros cambios profundos y esenciales, de esos que también se viven en soledad, pero no por no tener a nadie cerca, sino porque hay ciertos momentos de la vida que exigen al máximo la vivencia individual.
¿Qué otras cosas te interesaba contar sobre la experiencia de la maternidad? Hay, por ejemplo, en el enfoque de la "vivencia en soledad", una mirada decididamente femenina...
Lo que más me interesaba era tocar y pensar este tema desde un punto de vista femenino y eso implica salirse de ciertos cánones narrativos que, como digo a veces, incluyen a un auto que se transforma en un robot como algo normal... A mí me suena totalmente descabellado cuando veo en las películas algo así, y sin embargo este tema, del que suelen preguntarme cómo se me ocurrió tratar un tema tan peculiar, yo lo siento viejo como el mundo. La crianza, la familia, los hijos que llegan, son temas muy cercanos que simplemente suelen tratarse puertas adentro. Y este suspenso doméstico, o thriller doméstico, surge de los estados de alerta normales de cualquier casa, en cualquier situación de cotidianeidad. Entonces, a veces siento que en la narrativa cinematográfica, el punto de vista femenino todavía se entiende como confuso, como peculiar, cuando en verdad es simplemente femenino, y quizás más complejo.
¿Cómo fuiste construyendo tu personaje, el de Rosa, la "amiga del parque", que junto con su hermana Renata aportan complejidad, extrañeza y deriva a la historia que se cuenta? ¿Qué importancia tiene en la historia?
Rosa es una mujer muy especial, que vive una vida distinta a la de Liz, la protagonista, que pertenece a una clase media más burguesa, y al tener un bebé se rodeó de libros, cursos, de talleres, de gente que la ayuda con la maternidad. El caso de Rosa y Renata, las hermanas R, es diferente. Ellas van haciendo un poco ese "vamos viendo", que es una especie de ley de la gente que no tiene esa contención. Y a la vez, el hecho de no tener esa contención, las hace a veces sentir la experiencia un poquito más libres. De alguna manera, Mi amiga del parque es en ese sentido un juego de espejos, en el que Liz, en esta nueva vida, se enfrenta a distintas mujeres que son posibles versiones de sí misma, y en ese sentido encuentra en Rosa y en Renata la posibilidad de una versión más aventurera, más compleja y menos parecida a los manuales y a las otras madres más tradicionales que conoce en el parque. El hecho de que la película termine con Liz saliendo a la ruta, junto a las hermanas R, que parecían más peligrosas de lo que eran, compartiendo un auto, es un poco lo que a mí me interesaba contar. Rosa y Renata son personajes que revelan una llave de libertad para el personaje de Liz.
¿Por qué elegiste filmar las escenas de parque en Montevideo, en locaciones del Parque Rodó y del Jardín Botánico? ¿Qué texturas te ofrecieron a nivel de fotografía y de ambiente?
En relación al Parque Rodó, es un parque que desde siempre fue bastante referencial para esta película, porque todavía conserva algo de la naturaleza en un estado menos intervenido. No porque no sea un parque de paisaje muy diseñado, que lo es desde su misma creación, sino porque no tiene tanta presencia visual, como se da en el caso de parques de Buenos Aires, de rejas y otros muchísimos signos que en los últimos años han vuelto a los parques más intervenidos que naturales. Tiene además árboles muy añejos, y tiene todavía cierta cosa de una verdad menos controlada, más expuesta... Los parques en Montevideo fue lo primero que hicimos, y resultaron una especie de propulsor de tono que después tiñó a toda la película. La fotografía y la atmósfera que aportan los parques, el Rodó y el Botánico, es muy especial, y hubiese sido bastante complejo lograr algo similar en Buenos Aires.
Hay muchos cruces en tu vida con Montevideo, tanto en lo personal como en lo profesional. Daniel Hendler, además de ser tu pareja, suele aparecer en tus películas. Inés Bortagaray en el rol de coguionista en Mi amiga del parque y en Una novia errante. ¿Cómo se fue dando esa historia tuya con Uruguay y qué ventajas o no tiene el hecho de trabajar con personas tan cercanas en lo afectivo?
El punto de comunión, con personas muy cercanas, muchas veces también sucede en el arte. Es para mí un placer trabajar con una amiga como Inés o, en el caso de Daniel, con quien vamos haciendo en el cine un camino muy hermoso y muy lindo, más allá de lo que compartimos como pareja. Se fue dando, en la marcha, esto de trabajar con un mismo grupo de personas, en el que hay varios uruguayos y argentinos, como la actriz Julieta Zylberberg, protagonista de Mi amiga del parque. Y se van sumando otras personas, porque con el tiempo van apareciendo nuevos elencos de cine, nuevas obras de teatro, personas que conozco tanto acá como en otros países, como me pasó en aquel Festival de Toulousse, en Francia, cuando conocí a Daniel, a Juan Pablo Rebella, a Pablo Stoll, y después enseguida a Federico Veiroj, a Inés Bortagaray, a Gonzalo Delgado y a Maximiliano Silveira, que hace la música en esta película. Así pasa también con otros viajes y así uno se va uniendo y generando amistad con personas con las que se comparte este oficio y una sensibilidad similar.
En los dos trabajos de guión en colaboración con Bortagaray, en Una novia errante y en Mi amiga del parque, hay un tono común de deriva en los personajes y en la historia que se cuenta, que parece moverse más en el territorio del error, del accidente, que en encontrar soluciones de sentido común o tradicionales...Es cierto lo que decis, y tanto a Inés como a mí nos interesan mucho esos momentos de duda o de crisis, porque abren en los personajes la posibilidad de búsqueda, de que aparezca lo nuevo, aquello que uno no conoce. En general, cuando las personas viven un momento de seguridad, utilizan los recursos que tienen a mano, que uno sabe que son funcionales, para hacer andar las cosas. En cambio, cuando las personas se confunden, se pierden, se sienten conflictuadas, aparecen también aquellas nuevas posibilidades que hacen que se vean más humanas y donde salen a la luz los conflictos que compartimos la mayor parte de las personas, que tienen que ver con el amor y con los miedos, con las preguntas. En ese sentido, Mi amiga del parque es una película que tiene más preguntas que respuestas, porque creo que la crianza de los hijos es un tema que merece esta y muchísimas películas más. Es un tema viejo como el mundo, pero no hace tanto que empezamos a pensar cuál es el lugar de las mujeres en relación a la crianza, sin tenerlo en cuenta desde el mandato sociocultural, o socioeconómico, o religioso, sino en relación a la experiencia de esa mujer frente a esa nueva vida que le toca vivir. Por otra parte, en Una novia errante, me acuerdo que utilizamos una imagen literaria de Salinger que plantea la idea de una mosca enchufada a sí misma. La adaptamos al personaje, como una mujer enchufada a sí misma en relación a una deriva amorosa, de un momento abismado de temor ante una próxima ruptura. Las de las dos películas son vivencias muy intensas, contadas desde un punto de vista femenino, y nos gusta que sea así, porque de alguna manera nos comprometemos con la idea de no solucionar los guiones con estructuras clásicas, que tal vez respondan a un relato un poco más oficial y masculino, sino de sostener esas zonas complejas y contradictorias que creo que describen lo que es una mujer.
¿Qué te ha llamado más la atención de la reacción de diferentes públicos respecto a Mi amiga del parque?
Mi amiga del parque me devuelve una cantidad muy conmovedora de reacciones. Es una película que resultó polémica. Porque implica mirar hacia adentro, en zonas de mucho amor pero de mucha complejidad, que tienen que ver con la crianza. Y eso no es muy publicitario. Aborda otras zonas de lo que significa la maternidad, genera mucha emoción. Tuvimos la suerte de participar en varios debates posteriores, viajando con la película, y me llama la atención cómo siempre aparece, en charlas y en comentarios, la experiencia personal de espectadores. Me cuentan cosas, se abren a compartir experiencias que por lo general se reservan para la intimidad, y que tienen que ver con eso, con los hijos, que creo que es la maravilla más grande que existe en este mundo.

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