el ritual de un trovador



El ritual del Darno, además de ser un gran trovador, era el de jugar con las palabras. Así, en medio de un agitado cierre cuando trabajábamos juntos en Posdata, le dejé un printer con unas veinte preguntas para que él las contestara (al modo de un deber escolar) para el otro día. Él intentó negarse a esta “fría” entrevista mediada por procesadores de texto, impresoras y sin conversación, pero finalmente aceptó el reto. Como suele suceder, los papeles terminaron en la papelera cuando una distendida charla en el eterno Submarino de Cuareim y Nueva York obligó a sacar la bic para anotar sus “decires”... de allá por el año 2000...

epvursimvove, 25 años después será un show a su estilo, mitad pervirtiendo viejas y nuevas versiones de sus clásicos (incluyendo alguna que otra canción del Sansueña recién reeditado semanas atrás en cd por el sello Sondor para placer de los fanáticos) y mitad buscando nuevos caminos. Y será, también, el cierre de temporada del ciclo Los Notables que la IMM ha programado desde hace varios meses en el Teatro Solís. “No te olvides que los músicos trabajamos con notas –dice un Darno irónico cuando la publicidad municipal lo hace reflejarse en esa palabra-. Por otra parte, es la denominación de un ciclo; de modo que el tiempo de sentirse notable será esta vez”. Lo interesante sería comprobar la certeza de si él siempre fue una rara especie de notable-escapista. “Claro, es escapar formalmente, como corresponde a un no-table en inglés, como es mi caso: ‘un sin mesa’. En todo caso, sería escapar a la mesa de un boliche. Novedoso en mí, ¿no?”. Dejemos para otra charla entonces su juego preferido, el de autonombrarse como dark-no-chance en su slam personal.

Definiciones (im)precisas
Como entrevistador prefiero las preguntas tontas. ¿Cuál es tu definición de música?, le digo, y él se lanza en su habitual laberinto. Es su juego, y él sabe que habrá tiempo para blancos y negros más comprometedores. “Es indefinible –contesta casi sin pensar-. Se la lleva el viento y a veces, muy de vez en cuando, la trae. Es del aire y algunas veces del agua. Del aire que pisa la tierra, y del agua que da llamas”. ¿Vas armado o amado de canciones?, tiro la siguiente pregunta. “Ambas cosas. Una canción es un arma contra el silencio. Una canción es un arma contra el ruido. Supongo que quienes vamos armados de canciones seremos amados por alguna de ellas. Es un asunto estrictamente perteneciente a ellas; los que las componemos no tenemos autoridad sobre esas señoras”.
Cierta vez el Darno definió a su colega Fernando Cabrera como un “caballero medieval”. Él también lo es, a su manera. Y también un songwriter, como se autodefine, pero con un singular carisma religioso. “Es que la poesía y la religión pertenecen al territorio de la fe, a un mundo que siendo este, no es este”. ¿Y la seducción? “Es una cosa natural. Se la tiene, se la siente, se la padece. Simplemente eso”. Siempre hay una frase del Darno que golpea; por ejemplo, cuando la conversación se interrumpe por una llamada telefónica y él, luego de cortar la comunicación, me dice cómplice: “A veces me siento un esclavo de los deseos de los demás”. ¿Cómo es eso?, pregunto, temiendo que la entrevista se interne definitivamente en un laberinto. “Porque lo soy... Nunca, pero nunca, pude hacer las cosas como yo las quería. Acaso sea una disfrutable esclavitud. Tal vez si se me hubiera dado la posibilidad de que ‘los demás’ no intervinieran, hubiera sido todo un gran, pero un gran desastre”.

Blancos y negros
Eduardo Darnauchans admite que la experiencia más fuerte de su vida fue la de tocar antes que Dylan en setiembre de 1991 en el Cilindro Municipal. “Me acuerdo de esperar el momento comiendo pollo con bananas y bebiendo agua mineral”. Se ríe de esto último y define al viejo Bob y a Leonard Cohen como “dos magos a los que siempre hay que junarles la varita: un conejo rojo en la galera o una paloma que se vuelve cuervo”. Más allá de los maestros, actualmente Darnauchans no ha encontrado ninguna novedad en el mundo del rock y del pop. Sí en la música uruguaya, en la que destaca enfáticamente a Samantha Navarro.
Blancos y negros son opciones tajantes, y las palabras no sirven para escapar fácilmente. ¿Charly o Spinetta?, pregunto a quemarropa. “El flaco Spinetta es indudablemente el más grande creador desde los 60 para acá en Argentina –dice el Darno-. Charly es un excelente discípulo del flaco, y tiene la virtud de robar muy bien a los ingleses y a los americanos”. ¿Oasis o Beatles? “¿Cómo un hombre de mi edad puede anteponer nada a los Beatles? Crecí con ellos, aprendí... Oasis es una fotocopia de una fotocopia de una foto carné de los Beatles. Sería como comparar o elegir entre Mozart y las versiones que hacía Waldo de los Ríos”. ¿Un libro o una película? “Un libro... y si no hay más remedio que elegir, como me preguntás, me quedo con El idiota de Dostoievski”.

Territorios y ropa de viaje
Hay un territorio inolvidable en la obra del Darno y ese es Sansueña, aunque después haya grabado discos tan buenos como Zurcidor y El trigo de la luna. Para él, Sansueña es un “a-lugar”. Más precisamente “aquello que sin existir existe y tiene presencia en la sensibilidad. Tramito hace años un pasaporte de Estado Onírico de Sansueña –dice-. Tal vez algún día lo obtenga”.
Sin embargo, existen sitios más terrenales a los que hasta hace unos años él se resistía a conocer. Pocos conocen que Darnauchans siente pánico a la sola idea de abandonar Montevideo, y mucho peor si lo debe hacer en avión. Su primer viaje largo fue a México hace dos años y poco después a San Pablo, invitado en ambas ocasiones a cantar. “En México sentí agorafobia. En San Pablo una mezcla de dulzura con desesperación, igual que cuando de niño iba a Livramento”. ¿Cómo te imaginás Groenlandia? “Con menos frío que en 18 y Ejido un invierno de madrugada esperando un ómnibus”. ¿Existe un país Dostoievski? “Claro, lo llevo en mi valija, en mi entresijo, en cada esquina, en cada puente, en cada Petrogrado del mundo... por ejemplo, Tacuarembó”. No en vano, la única grabación en vivo de Darnauchans se titula Noches blancas.

Sueño rocker
Hay una deuda pendiente para el Darno, a pesar de haber grabado junto a La Trampa una versión excelente de la canción ‘Ídolos’ de Los Estómagos, precisamente su última grabación en estudio hasta la fecha. Esa deuda es con el rock, con el más clásico y con el más eléctrico, religión que siempre está en su valija junto a Dosto. “Cada vez que escucho uno genuino, es una cosa en la boca del estómago y un hormigueo en los labios y en las manos. Y la desesperanza, también, de saber que nunca podré ser un genuino rocker”.
Muchos son los que esperan un nuevo disco suyo y tendrán que esperar. Todavía no hay planes concretos. “No siempre la Caverna Lunar responde al ‘ábrete sésamo’” –responde el Darno al cuándo que exigen sin duda sus seguidores. ¿Grabarías algún disco de vuelta? “Todos. Nadie más que el que fabricó las cosas conoce los errores de las cosas. Y perdón por lo platónico.” Y se despide, apurado, porque lo esperan los músicos para ensayar, no sin antes decirme: “Terminá la nota poniendo que es imposible olvidar a Bob (Dylan) en todo el globo terráqueo”. Bye, bye. Hasta el miércoles.

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