utopía uruguaya


(entrevista con la trampa)

Los Traidores y La Trampa son dos bandas que destacan por preservar una férrea ética rockera, como buenos hijos de la todavía orgullosa clase media montevideana. Aún contraviniendo su propia cosmogonía iniciática, porque Los Traidores, ejemplo paradigmático, jamás traicionaron sus más caros ideales de un melancólico pospunk tercermundista. Algo muy similar ocurre en el caso de La Trampa, actualmente la banda uruguaya más popular. El dogma tramposo es paradójicamente el de la transparencia, el de una honestidad a prueba de estadios llenos y formulismos populistas. Las únicas reglas a seguir por el cuarteto integrado por Garo Arakelian, Alejandro Spuntone, Carlos Rafols y Alvaro Pintos son las de continuar fabricando canciones y reelaborar un utópico rock uruguayo que sabe a pos-grunge mezclado con viejas milongas de Dino y revisiones folclóricas. Poco parecen importarle las modas, y quizas por eso convocaron a Fernando Cabrera para que se encargara de la producción artística de Laberinto.
_En los últimos años se consolidó el rock como fenómeno popular en Uruguay. ¿Cómo perciben ustedes, que vienen tocando desde hace 15 años, esta nueva situación?_GA: El rock forma parte de la cultura popular: está en las remeras que se venden en la calle, en la gente que conoce las canciones de las principales bandas, pero todo eso no tiene que ver con una intención artística homogénea. La diferencia más grande con el rock uruguayo de la posdictadura, que conocimos como público y al comienzo de La Trampa, es que el de aquel momento era un rock generacional, en el que se manejaban códigos en común. Paradójicamente, entonces era mucho más claro lo que no se quería hacer que lo se tenía para proponer.
_Suele pasar con las generaciones parricidas..._GA: No queríamos ser canto popular, por ejemplo, pero en realidad manejábamos muy pocos elementos, porque era muy reducido el acceso que teníamos a la información. Hoy parecería que todos formamos parte de lo mismo, pero estrictamente no es así, aunque estemos todos bajo la misma parrilla de luces.
_¿Cuáles eran las referencias musicales que ustedes tenían?_CR: Cuando empezamos a tocar, no teníamos referencias en cuanto al rock uruguayo anterior. Los modelos de nuestra generación eran Cure, Clash, bandas metaleras, pero ninguna de Uruguay.
_AS: En Argentina, por ejemplo, el rock sobrevivió a la dictadura, tuvo una continuidad. Pero en Uruguay no fue así. Recién ahora las nuevas bandas tienen referencias locales.
_CR: Lo que es claro es que en La Trampa no nos importa para dónde sopla el viento. Ahora, por ejemplo, con el disco Laberinto estamos yendo al revés de lo que todo el mundo esperaba.
_Lejos de toda repetición de fórmulas..._GA: Claro, porque seguir una fórmula sería una solución muy fácil y demagógica. La banda para nosotros es un espacio en el que nos manejamos con extrema libertad. En ese sentido, no nos vemos obligados a hacer ningún tipo de concesiones para ser rockeros.
_Tal vez algunos esperaban que profundizaran cierto estilo de rock de estadio._AS: Como dijo Carlos, fuimos al revés. Es más, pensamos que si nos hubiéramos querido aprovechar de toda esta explosión popular del rock que se vive en Uruguay, y hacer un disco como Caída libre o Frente a frente, nos hubiera salido muy mal. Lo principal para nosotros fue sacar un producto que a nivel artístico nos dejara satisfechos. Y cuando lo grabamos, tuvimos la sensación de que estábamos haciendo el mejor disco en la carrera de la banda.
_AP: La sensación de hacer un disco nuevo con La Trampa es la de empezar todo de vuelta, de que no nos importa nada.
_GA: Si nosotros no hiciéramos eso, seríamos, según la definición de Lauro Ayestarán, una banda de folklore. Porque folklore es precisamente lo que mantiene sus reglas inamovibles para ser entendido por el total de una comunidad. Y no nos interesa ese camino. Nosotros vamos a cambiar en la medida que nos de nuestra capacidad artística. Siempre que podamos. Quizás tendríamos que haber hecho ejercicios de cambio muchísimo más intensos, pero la historia de La Trampa se corresponde con la de nuestras posibilidades.
_La elección de Fernando Cabrera como productor artístico parece resaltar la intención de búsqueda. ¿Fue así?_AS: Teníamos ganas de trabajar con un productor para tener una mirada externa a la banda. Por otro lado, no era el interés de la banda trabajar con un productor netamente de rock, sino con alguien que nos abriera a otros géneros. Por eso lo convocamos a él.
_GA: Fernando fue consciente desde un principio que nosotros manejábamos elementos muy reducidos, que teníamos muy pocas herramientas para poder variar lo que habíamos hecho históricamente como grupo. Y que la herramienta más fuerte con que contábamos era la intención.
_¿Qué piensan que le sedujo de trabajar con La Trampa?_AS: A él le gusta el riesgo. Lo que más lo sedujo, cuando dijo que sí, incluso antes de conocernos, fue precisamente el riesgo.
_¿Y algo que sientan que hayan aprendido de trabajar con él?_GA: Lo que Fernando siempre argumentaba era que no siguiéramos reglas, que fuéramos empíricos.
_AP: En el trabajo que hicimos con él hubo mucho de experimentación, de meternos a probar arreglos que la banda nunca antes se había arriesgado a tocar.
_AS: Por nuestros propios tabúes o porque simplemente no se nos habría ocurrido. Era lo que necesitábamos. Y además, se portó como uno más de la banda, se puso la camiseta.
_GA: Durante los tres meses que trabajamos con él volvimos a ser una banda adolescente.
_¿Existe un sonido de rock uruguayo, pese a la influencia cercana de una capital como Buenos Aires?_CR: Por supuesto, y eso se ve en que los que empiezan a tocar versionan temas de Buitres o de La Trampa. Y está bueno, porque habla de la búsqueda de una identidad, de un posible sonido uruguayo.
_GA: Pero también forman parte de la identidad uruguaya ciertos productos que tienen la intención explícita de ser consumidos en Buenos Aires, y que están pasados por el cernidor porteño... Hay un lenguaje de murga, por ejemplo, que es el resultado de pasar primero por Buenos Aires.
_AS: Más allá de que nosotros tenemos la intención de ir a Buenos Aires, queremos hacerlo siendo lo que somos, sin tener que reelaborar nuestra identidad musical.
_Lo que no se puede negar es que lo uruguayo está de moda. ¿Sienten a eso como un peligro?_GA: El problema con todo eso es que en Argentina tienen una visión romántica y a veces idílica de lo que es Uruguay. Y cuando un artista o una banda se sube a esa imagen, ahí está el peligro. No quiero entrar en valoraciones porque estaría hablando de colegas, pero nosotros preferimos no seguir ese camino.
_A ustedes los toca de cerca el fenómeno del rock chabón. Todo un tema..._GA: Nos roza, es indudable. Pero tratamos de no ser complacientes con el público. Porque pensamos que quien arenga al público como si se estuviera en una cancha, está complaciendo la necesidad de revolear una remera y no de una intención artística. No es esa la intención de la banda... Para nosotros, en ese sentido, toda esta situación es más peligrosa para el público que para nosotros.
_CR: Nosotros luchamos desde arriba del escenario contra la futbolización del rock. No nos interesa.
_GA: Tampoco nos interesa, como motor creativo, el mundo del delito ni el mundo de la merca. Porque lo que pasa con todo ese glamour de ser y sentirse marginal, es que se queda en la cáscara. Es posible entender la excitación superficial que provoca una distorsión, o un estribillo futbolero, pero cuando la remera del Che pasó a ser una cosa vacía, creemos que algo se terminó, que se pasó un límite. De hecho, con nosotros pasa un fenómeno curioso: somos la banda que vende más remeras en todo Uruguay, pero nosotros no nos dedicamos a la venta de remeras. No es responsabilidad nuestra que pasen ese tipo de cosas.
_De modo que perciben que ha habido grandes cambios en el público rockero rioplatense._GA: Por supuesto, se ha dado un cambio muy importante con la inclusión, dentro del público de rock, de muchísima gente que por diferentes razones no tiene una cultura rockera. No es la herencia lineal, el pasaje generacional del conocimiento de una cultura. Ha sido una cosa explosiva, que ha roto con lo previsible. Ese es el cambio más importante que ha tenido la escena uruguaya... Ante ese nuevo ‘bloque’ que tenemos enfrente, que es como menos permeable, lo que tenemos que hacer es lo que nos corresponde como artistas y como creadores, pero nunca ser complacientes... Ese es nuestro desafío.
_CR: Antes íbamos a tocar y nos sentíamos más cerca de la edad del público. Ahora, que tenemos cerca de 40 años, aparecen botijas de 14 que se quieren sacar una foto con nosotros.
_AP: Son los hijos y los sobrinos de los que nos seguían al principio, de los que iban a recitales a la salida de la dictadura.
_AS: Es un público diferente, que tiene una virtud y es que es más abierto a como éramos nosotros. No tienen cabeza de tribu, tipo soy punk o soy metalero. Escuchan lo que les gusta y te das cuenta que los mismos que van a ver a La Trampa van a recitales de La Vela o de Buitres.
_¿Cuál sienten que sigue siendo la razón de La Trampa?_GA: La misma del comienzo: que no queremos ni nos planteamos tener una banda de rock, queremos tener La Trampa.
_¿Y en cuanto a los valores?_GA: Nos sentimos parte de los valores de la clase media trabajadora, que tradicionalmente manejaba y aún sigue manejando muchísimos elementos con la intención de poder superarse, y estar permeable a los cambios.

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