ventanas no tan virtuales



las herramientas directamente relacionadas con la comunicación virtual, desde el clásico uso del correo electrónico hasta la más reciente subcultura de la mensajería instantánea, forman parte indiscutible del nudo de relaciones contemporáneas. es casi imposible escapar a la tentación de estar “conectado” con amigos, familiares, clientes e incluso deconocidos a través de un mouse y una pantalla, esa misma pantalla que en lenguaje de bill gates puede traducirse por el eufemismo “ventana”.
hace unos cuantos años que hollywood se anticipó al furor de la comunicación virtual con la comedia tienes un e-mail, que más allá de ser una tontísima historia tuvo la virtud de popularizar el uso del correo electrónico. el e-mail entró de lleno al cine, pero es en la literatura donde pueden encontrarse las experiencias más interesantes, en cuanto a abordajes de la nueva tecnología de comunicación desde el arte. es que el e-mail, en su forma y en la propia recreación de símbolos del tradicional correo postal, está más cerca de las cartas que se escribían nuestros abuelos y no es más que un atractivo retorno a la comunicación epistolar. el e-mail, servidores y conexiones mediante, no es leído instantáneamente, lo que en definitiva puede asociarse –en muchos casos- a esas botellas al mar que los románticos lanzaban en tiempos pasados. el e-mail es precisamente cosa del pasado, un pasado tan remoto que los adictos a la mensajería instantánea no pueden entender –en ocasiones- el hecho de la importancia de ciertas reglas de escritura y por qué no de protocolo cuando se decide enviar un correo electrónico.
andrés Neuman, joven novelista argentino nacido en 1977 y radicado en granada (españa), instala su novela la vida en las ventanas (segunda que publica después de la estupenda bariloche, que fuera editada por anagrama) en la carpeta “elementos enviados” de un programa típico de e-mail. cada capítulo de la novela es una carta que net le envía a una chica que lo ha dejado, en un tiempo y espacio sin precisar, en una suerte de estados de situación en el que él le cuenta a ella los días y meses pos separación. no hay respuestas de la ex, por lo que net pronto comprende que la utilidad de esos “mensajes al mar” es más personal y de introspección que otra cosa, así que sigue en el juego y va narrando detalles de su laberinto personal.
narrada con frescura y un ritmo narrativo ágil, el lector descubre el mundo y ambiente que rodea a net: el divorcio de sus padres, el salto a la independencia de su hermana menor, la decadencia de un gran amigo y sus esporádicas peripecias amorosas. un retrato de gente común (y no tanto), que si bien se estructura desde una igualmente consistente plataforma virtual, cuenta historias que suceden –por suerte- fuera de esos tenebrosos y aburridos suburbios del planeta llamados cybercafés, salas de chat o blogósferas.
por más datos sobre neuman, quien vive en granada y destaca como uno de los autores más interesantes de la nueva generación hispanoamericana, vale la pena quedarse con una frase que escribiera sobre su talento el chileno roberto bolaño: “la literatura del siglo veintiuno pertenecerá a neuman y a unos cuantos de sus hermanos de sangre”.

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