el origen y otros extravíos


En busca del relato propio. En busca de certezas seguramente inapresables. En busca de una experiencia artística y vial diferente. En busca del origen. En busca de elaborar el duelo de una muerte muy cercana y otros asuntos personales. Estas y otras búsquedas son las que se planteó la artista visual Jacqueline Lacasa para desarrollar una obra que se le fue convirtiendo en muchas otras cosas. Es una instalación, en definitiva, y tal es la descripción de lo que presenta en el Centro Cultural de España; pero Cómo las almas viajan a las estrellas implica también otros desvíos y derivaciones: cruces con las artes escénicas, ejercicios de autoficción, plataformas interdisciplinarias y vivencias tan extremas como un par de residencias en el desierto de Atacama y un doloroso viaje a Londres.
A pocos días de la inauguración en el CCE (en noviembre de 2017), la pregunta inevitable es cómo empezó todo, qué fue lo que movilizó a Lacasa a investigar sobre el origen. "Hay hechos que te conmueven irremediablemente", dice la artista, y antes de que continúe, de que arme y desarme el puzzle del viaje en el que estuvo metida en los últimos años, parece pertinente devolverle la misma pregunta que plantea en el título de la instalación. Es una buena opción para comenzar el juego y escuchar una historia en la que la vida, el teatro, la filosofía y la incertidumbre dejan paso a un saludable y necesario extravío artístico.

- ¿Cómo hacen las almas para viajar a las estrellas?- Las almas viajan como elásticos de vapor, creo. Todavía no lo puedo ver con claridad, pero hay un viaje o varios y esto es casi una certeza...

- Me gustaría saber cómo comenzó todo...- Se dieron varios factores que en su momento no podía ver con claridad, y tal vez ahora tampoco... Pero lo cierto es que las cosas que venía haciendo en arte necesitaban ir verdaderamente hacia otros lugares de investigación. Hay hechos que te conmueven irremediablemente, como te decía antes, y es ahí justamente en donde empieza la búsqueda. Luego, hacer una narrativa posible con las imágenes que te sobrevienen es incontrolable, pero que tengan cuerpo, que tomen una posición y que se dispongan a comunicar, eso ya es otra cosa.

- Ahí entra un dilema que te acerca de alguna manera a lo escénico.- Sí, porque el teatro y la dramaturgia me llevaron siempre a un lugar remoto y muy libre. Si bien no es el escenario en el que me muevo, hace ya unos años que empecé a extrapolar lo que veo desde el ojo de las artes visuales a escenas en movimiento. Ir al origen implicaba una situación de riesgo, porque leer y construir el lugar del mito como respaldo de tu vivencia contemporánea es un ejercicio desafiante. Así que en medio de la investigación que empecé a desarrollar me fui al observatorio Alma, en San Pedro de Atacama. Ese lugar es realmente increíble. El registro que se hace en ese laboratorio astronómico, impresiona. Conviven cinco países en un territorio que explora nuestro origen en el universo, y allí  se produce un estado de sublevación interesante, porque en definitiva es un grupo de científicos que opera hacia un trabajo de internalización de las reglas de juego que nos trascienden.

- ¿Y qué te pasó a vos, como artista, en esos días que estuviste en el observatorio Alma?- Cuando salís de la estación, con la asepsia y la parafernalia de su estructura edilicia y de ver un minúsculo observatorio con seis plasmas medianos, que registran el pasado de forma inmediata y a millones de años luz, quedás desarmado y entendés que no hay respuestas posibles... Así que sencillamente ante acontecimientos como el nacimiento y la muerte, el origen es una construcción necesaria. De algún modo, el derrotero de la investigación se basa en trabajar una poética de las sensaciones con una metodología precisa, que viene de la construcción de escenas. Estas escenas tienen que ver con la muerte de mi hermano, cuando él se fue por un continuus de negligencias médicas o porque le tocaba. La realidad es que el modelo médico hegemónico tiene una poética cruel, y cuando pasaban los días y las horas y la cosa se encaminaba hacia su viaje, empezaron a gestarse escenas y diálogos. Cuando alguien se está yendo hay un vínculo con el tiempo, con la luz con la oscuridad, que es conmovedor. Y allí uno se va encontrando con el otro, se va despidiendo y consigue encontrar elementos aliados: la escritura, el Eternauta, Heidi, Meteoro, Massive Attack, la sed de oxígeno, la morfina, en fin...

- La enfermedad de tu hermano te llevó a viajar a Londres... Un viaje que imagino que fue duro, doloroso.- Londres surge como una imagen premonitoria de despedida. Tirar rosas al Támesis, en memoria de mi hermano, por ejemplo, es una escena. Y cuando volví a Montevideo, empecé a dibujar con hilos sobre una colección de partituras para pianolas. En fin, la “partiture”, el lugar de escisión del tiempo y el espacio en el plano y la velocidad contemporánea, fueron el eje para empezar. Ahí entra la dramaturgia, que me provoca un cruce de imágenes y poéticas disruptivas, a partir de un seminario removedor de Sergio Blanco, que me llevó corriendo a Roma, pero después el viaje me llevó un poco más allá y terminé elaborando una narrativa visual sobre Las siete virtudes de Piero del Pallaiolo y Sandro Boticcelli en Florencia. Y en estas obras, que son de un poder iconográfico híper contemporáneo, seguí investigando en esto que estoy diseñando que son ensayos visuales. Consulté a Roberto Suarez, y con él se abrió un mundo de libertad e inteligencia. También Gabriel Calderón, con su escucha atenta, aparece en escena. En definitiva, descentrar las prácticas artísticas visuales es un requisito fundacional -diría- para pensar el hoy. Después tu trabajo puede ser compartido o valorado, pero eso ya es parte de la circulación de sentido de la obra, como pasó siempre.

¿Qué cosas significativas te ocurrieron en Atacama, en el desierto, en ese lugar que ya de por sí es extremo?El segundo viaje al desierto de Atacama fue otro desafío. Me invitaron a un proyecto fantástico de Dagmara Wyskiel, que terminó siendo curadora de la exposición que presento en el CCE. El proyecto es una serie de intervenciones en el muelle salitrero Melbourne Clark, por parte de artistas de todo el mundo que son seleccionados para llevar a cabo ese trabajo. Este último año justamente estuvo Fernando Foglino, con un proyecto maravilloso. Bueno, de allí se partió a Quillagua, el lugar más seco del mundo según la NASA. Las experiencias fueron una vez más un viaje en el tiempo, porque todo el desierto está lleno de rastros de memoria, de origen y de formas de resiliencia. Es un territorio extremo y uno coquetea histéricamente con eso y a la vez las cosas cobran otra dimensión. El mínimo caudal de agua esta contaminada y lo estará por décadas. Y también están los pueblos fantasmas, o estaciones de trenes que mantienen su fisonomía inglesa y que fueron campos de concentración del dictador Pinochet. Es un montaje secuenciado, imposible que no devenga el material. Por último, y no menor, se sentía un frío intenso en la madrugada de Atacama. En definitiva, un campo de interrogación.

- ¿Cómo fue el montaje de la instalación? ¿Qué elegiste mostrar?- El montaje está concebido como un conjunto de ensayos visuales, que se materializan en siete obras. La sensibilidad y texto con la que escribió sobre este diario de viaje Adolfo Sarmiento, los aportes de Patricia Bentancur y la vivencia en Quillagua con la invitación  de Dagmara Wyskiel, son parte de la forma en que construí una narrativa posible para mi obra. Las siete virtudes, por ejemplo se convierten en planos en los que dibujo con hilos de bordar en partituras antiguas y que tiene directa conexión con el desierto. También está la creación de un video (producido con el artista Alejandro Albertti, con quien trabajamos desde casi dos décadas) en el que elaboro directamente la idea de ensayo visual desde el diario de viaje y escribo un guion. Hay también el registro del viaje en dos fotos que juegan en el plano de la poética visual en la búsqueda del origen. Y finalmente la performance, que en este caso elabora un encuentro: Alma por Alma. En definitiva, esta muestra es para mis seres queridos, para disfrutar de la vida, para ver si puedo entender y acceder a nuevas vías como acto, como disrupción en el discurso de todos los días.

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 11/2017))

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