la ciudad se mueve

Un centenar de fotografías, tomadas en su mayoría entre 1923 y 1935, muchas de ellas aéreas, conforman el minucioso registro visual del libro La construcción de la Rambla Sur, investigación y emprendimiento editorial del Centro de Fotografía de Montevideo (CdeF). A partir de ellas puede entreverse la magnitud de la obra realizada en la primera mitad del siglo XX, que incluyó el desplazamiento de decenas de manzanas, la destrucción del bajo y la desaparición de dos playas, para la configuración de una rambla que llegara hasta el Parque Rodó y cambiara para siempre la relación de la ciudad con el río. CarasyCaretas entrevistó a Alexandra Novoa (integrante del equipo de investigación del CdeF), Laura Alemán (arquitecta y magister en ordenamiento territorial y desarrollo urbano) y Alfredo Ghierra (artista visual y responsable del proyecto de debate urbanístico Ghierra Intendente), con la idea de generar un intercambio de ideas sobre la importancia de este tipo de miradas, desde la fotografía y el urbanismo, para comprender y analizar los movimientos de nuestra ciudad.

¿Cuánta es la importancia de este tipo de investigaciones interdisciplinarias y en este caso el hecho de trabajar con el archivo fotográfico de la comunidad?
Alexandra Novoa: Es importante por razones vinculadas a la preservación de la memoria de nuestra ciudad, por el contacto directo con su historia -nuestra historia- y por la conciencia que adquirimos sobre el espacio que habitamos. Las fotografías históricas de los lugares que transitamos a diario y de donde vivimos -en este caso, las resguardadas en el Centro de Fotografía de Montevideo-, nos permiten conocer numerosos aspectos de la ciudad de tiempo atrás y las diferentes etapas que intervinieron en su proceso de configuración. En el plano urbanístico, nos acercan y ofrecen informaciones sobre las transformaciones que atravesó la capital hasta lucir tal como hoy la conocemos. Los edificios que dejaron de existir, la construcción de importantes obras, las calles que fueron eliminadas o ampliadas, la habilitación de espacios públicos, el surgimiento y crecimiento de los barrios, entre otros factores que continúan en permanente modificación. Nos permiten, además, apreciar las condiciones de vida de una parte de nuestra sociedad, sus apariencias, hábitos, costumbres y normas de convivencia. Posibilitan, asímismo, dimensionar la experiencia pasada para entender con mayor precisión nuestra actualidad y eventualmente evaluar qué perspectivas podrían ser las más adecuadas para nuestra ciudad a futuro.
¿De qué manera se percibe, desde el campo del urbanismo y de la arquitectura, lo imprescindible de reflexionar sobre este tipo de grandes obras urbanas?
Alfredo Ghierra: Es un pensamiento recurrente que tengo: imaginar la época en que Montevideo se planteaba proyectos de la escala de la Rambla Sur, o el Estadio, o el Palacio Legislativo, y pensar en el presente y tratar de entender los motivos por los cuales, hoy día, cualquiera de esos proyectos serían inviables, no solamente por temas de costos, sino y fundamentalmente por la imposibilidad de llegar a acuerdos capaces de darles vía libre. Nos perderíamos en marañas de leyes y comisiones superpuestas, en burocracias que tienen por tarea fundamental su propia existencia, chocaríamos contra intereses privados y corporaciones que intentarían por todos los medios sacar su tajada. Pero el motivo principal por el cual me temo que la sociedad montevideana no podría encarar en el presente lo que nuestros abuelos hicieron rápido y bien hace casi cien años es la total falta de autoconfianza y la parálisis mental que ni siquiera nos permite imaginarnos ser capaces de tales proezas. Y la agenda, claro está, se encuentra ocupada con otros temas. Ni que hablar del presupuesto de la ciudad, completamente al servicio del funcionamiento de la propia maquinaria municipal.
¿Cómo se concretó la obra de la Rambla Sur?
Laura Alemán: El proyecto de la Rambla Sur es una pieza clave en el arco iniciado con el llamado Concurso de las Avenidas, convocado en 1911 por el gobierno batllista: una serie de propuestas que muestra la creciente incursión estatal en los asuntos urbanos, bajo el pulso reformista. Pero a diferencia de lo ocurrido en los otros casos, la concreción es aquí completa y efectiva: en un gesto potente y arriesgado, el cinturón se impone y borra la arraigada huella de un peculiar sector urbano. Es una operación osada y violenta, inspirada en ese mismo afán de purga que el barón de Haussmann impone a la vieja trama parisina. Un acto de limpieza que conjura el vicio y el desvío; un gesto moderno deslumbrado por la idea de progreso, que procura enaltecer la ciudad y erradicar su zona más oscura. Con ella se disuelve el aire denso de los bares y el perfume intenso de los prostíbulos; por ella se pierde el encanto umbrío de lo sórdido y prohibido. Se borra “la úlcera infecta” que rechaza Emilio Frugoni, el “viejo barrio” que evoca Víctor Soliño.
Lo que es indicativo de que la obra de la Rambla Sur tuvo un alto grado de polémica en la época...
Laura Alemán: El reemplazo fue polémico, pero ha sido consagrado por el juicio inapelable del tiempo: la sustitución ha cancelado una historia pero ha dado a Montevideo su rostro más genuino. De algún modo, le ha otorgado lo que pedía. Ha creado un largo balcón hacia el río infinito. Y ha dotado a la ciudad de su más célebre espacio público: una cinta de luz que deslumbra por su calidad ambiental y su nobleza material.
Alexandra Novoa: En esta línea de revisar cómo incidieron las decisiones pasadas de cara al presente, pienso que dos de los mayores aciertos en la creación de la Rambla Sur fueron, en primer lugar, la apropiación de ese espacio de la costa y su uso como ámbito de recreación por parte de la población, que era a su vez uno de los objetivos del proyecto. También la definición de dar vuelta la ciudad hacia el mar, haciéndola, en palabras de la época, más “habitable” y favoreciendo su aspecto. Por su parte, la eliminación del Bajo efectivamente constituyó un impacto para la época. De allí el famoso tango de Collazo-Soliño, fechado en 1930, referido a ese sector sur de la costa de la Ciudad Vieja y Barrio Sur que fue tan afectado durante la construcción de la Rambla. En el afán por “civilizar” y ordenar la ciudad, se eliminaron calles y viviendas para darle paso a las obras, y los pobladores de esa zona debieron abandonarla para trasladarse a barrios periféricos.
Otro aspecto no menor fue la desaparición de dos playas, la de Patricio y la de Santa Ana...
Alfredo Ghierra: Mi abuela Ema siempre contaba que ella nació en un barrio de Montevideo que hoy ni siquiera existe: quedaba por donde hoy pasa la Rambla Sur, a la altura del Cementerio Central. Allí se habían instalado inmigrantes venidos de las Canarias y de Italia, como mis bisabuelos, y un buen día fueron desalojados para dejar pasar al portentoso proyecto de granito rosa que pasó por encima, no sólo de ese barrio sino también de dos ensenadas naturales y que arrasó con el bajo de Ciudad Vieja y otras muchas construcciones en su camino pétreo. Sin embargo, en sus cuentos de cómo había sido esa mudanza primaba, quién sabe si por la distancia temporal que la separaba de aquella vivencia, un enorme orgullo de haber sido testigo de semejante cambio. Habla de ese acuerdo en torno al progreso que existía en el Uruguay de los años 30.
Me toca ser, hoy día, testigo y denunciante de innumerables sustituciones y demoliciones que están cambiando el perfil de Montevideo. Me toca ser muy crítico con la mayoría de estas acciones. ¿Hubiera sido crítico de la Rambla Sur en el momento de su construcción? Creo que lo que pasó en aquel momento no tiene parangón con ningún cambio al que haya sido sometida Montevideo desde aquellos años, y por ende, si hoy se pensara en una obra de ese calibre, pero sobretodo, de esa calidad, no estaría despotricando como cuando por un bello palacete del 900 hoy nos devuelven un ejercicio de especulación inmobiliaria barata. Creo que estaría contento de la rambla Sur en los años treinta como estaría feliz hoy de ver un tren elevado sobre el cantero central de Avenida Italia, o un puente que uniera la Ciudad Vieja con el Cerro, o una vía rápida sobre el arco de agua de Pocitos para resolver el atasco de tránsito, o la transformación de la bahía en un espacio de la ciudad y no solamente del puerto.
¿Qué debates son necesarios, en el presente, sobre la rambla montevideana y sobre otros espacios públicos de la ciudad? Se está hablando, por ejemplo, de la instalación de la terminal de Buquebús, de subir en altura la rambla portuaria...
Laura Alemán: La ciudad es siempre espacio y ocasión de debate: la polis es el lugar colectivo del habla pero es también —ella misma— materia de discusión política, parte de sus contenidos. La rambla, por ejemplo, vale ante todo como espacio, y así debe ser entendida. No es un vacío a colmar, no es una base en espera de adornos ni aditivos: en tal sentido, cuestiono la creciente inserción en ella de elementos que no integran un proyecto unitario y que, por ende, la descalifican, como la prevista instalación de una estatua de la Virgen en el Buceo, o el curioso cartel que anuncia a Montevideo, pura redundancia en uno de los mejores puntos costeros. En esta misma línea, me preocupan las iniciativas de peso mencionadas en la pregunta. El proyecto para Buquebús es cuestionable por su inserción y —sobre todo— por su diseño edilicio; en principio, me parece un exabrupto. La propuesta de elevar la circulación en el área portuaria plantea una cuestión polémica y recurrente: la voracidad del puerto y su avance sobre la trama urbana, lo que invierte la jerarquía de la ciudad ante el puerto y pone en riesgo, entre otras cosas, las instalaciones de AFE.
Alfredo Ghierra: En mi opinión, las discusiones actuales sobre proyectos para la Rambla Sur son más que bienvenidas. Como tantos otros megaproyectos de antaño, nunca fueron concluidos en su totalidad... Piénsese, por ejemplo, que la baranda de la esa rambla, cuyos encajes en el granito pueden verse vacíos hasta el día de hoy, nunca fue colocada. Tampoco se terminaron los jardines de la acera norte. Merecerían una atención especial y como mínimo un buen concurso público donde podrían lucirse nuestros paisajistas y nuestros diseñadores industriales, entre otros. Por mi parte, apruebo la decisión de armar una terminal fluvio marítima en los terrenos de la antigua Compañía del Gas, siempre y cuando, por supuesto, se respete y se integre el demoradísimo y fundamental Museo del Tiempo, una inversión menor dentro de la estrategia general para la zona, pero con consecuencias gigantes en el campo del desarrollo del pensamiento científico de las nuevas generaciones. Pienso también en el desarrollo de un parque lineal de especies autóctonas e importadas de gran adaptación al Uruguay, como los pinos marítimos; en proyectos de iluminación basados en energías renovables; sendas para bicicletas entre túneles de árboles; el Gasómetro convertido en plaza circular para eventos musicales y esparcimiento general; canchas deportivas con equipamiento excelente; prohibición absoluta de cualquier tipo de cartel publicitario…
¿Qué otras grandes obras públicas se pueden pensar, para Montevideo, de cara al futuro?
Laura Alemán: Montevideo es una ciudad hermosa: tiene el encanto de lo pequeño, la fuerza del río, una suma inaudita de bellos edificios. Pero tiene también sus miserias urbanas: la fractura socio-espacial, la ineficiencia del transporte público, el eterno problema de los residuos. No sé si requiere obras faraónicas. Y aquí me distancio un poco de la pregunta. Ante todo, creo que Montevideo necesita reinventarse en lo que parece menor o invisible. Debe sanear sus arroyos, mejorar su nivel de limpieza, implementar un nuevo sistema de transporte público y desalentar el uso del auto. Y cuidar mucho más su patrimonio edilicio, a menudo presa del deterioro y la demolición indistinta. Se puede hacer mucho a partir de todo esto. Aún no tenemos los graves problemas de las grandes ciudades; estamos a tiempo de evitar sus errores y emular sus éxitos. Sobre esta base cabe apostar al gesto espectacular, la pieza de gran porte o el monumento. Porque la ciudad es también el fulgor de lo nuevo, el terco movimiento. Y aquí reclamo el recurso efectivo al mecanismo del concurso, que se ha visto desvirtuado.
Alfredo Ghierra: Soy más bien escéptico... La reciente discusión acerca del plan de obras municipales, para el quinquenio 2015-2020, mas allá de la discusión acerca de si son esas u otras las obras primordiales que la ciudad necesita, dejó en claro que el sistema político toma de rehén a la ciudad en pos de discusiones dignas de una campaña electoral y no del pragmatismo que se necesita para encarar los desafíos que enfrenta Montevideo. No es difícil ver que los únicos mega proyectos que la ciudad no tiene problemas en fomentar, en las últimas décadas, son centros comerciales privados: en eso están de acuerdo los gobiernos y la opinión pública. Parece ser que la modernidad uruguaya es sinónimo de mayor consumo. Vaya novedad.
Volviendo a la importancia de fotografiar la ciudad. ¿Cuánto son necesarios este tipo de relevamientos visuales para redimensionar -por ejemplo- las miradas sobre la ciudad y sus procesos en el tiempo?
Alexandra Novoa: Son más que necesarios para modificar nuestra visión sobre la ciudad, ya que en general naturalizamos la presencia de estructuras u obras que forman parte esencial de nuestra cotidianidad urbana, pero que no siempre estuvieron allí, sino que fueron parte de un proceso de concepción y de ejecución. Las fotografías de la Rambla Sur, sumadas a otros documentos como mapas y planos que identificamos en el Instituto de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, o prensa de la época, enseñan buena parte de ese proceso. Por ejemplo, cómo era ese espacio antes de la puesta en marcha de las obra, cómo cambió su empleo y cómo la ciudad se dio vuelta hacia el mar, transformando la impronta de la costa. Gracias al registro detallado que llevaron adelante los primeros fotógrafos municipales es que podemos conocer esos cambios en el tiempo. De ese modo que las fotografías son puentes que nos conectan con ese escenario pasado, en el que podemos reconocer la magnitud de ese emprendimiento, incluso en momentos en que Montevideo estaba presenciando la incorporación de grandes obras a su fisonomía.

((artículo publicado en revista CarasyCaretas, 05/2016))  

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